SEFF 2017: Crónica 4

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Fobias varias.

Sorprende la presencia de una película como Corazón puro en la Sección Oficial del Festival de Sevilla. Es probable que el debut del italiano Roberto De Paolis se encuentre en dicho marco por la sencilla razón de su inminente estreno en nuestro país, fijado el próximo 7 de diciembre. La cinta narra la relación que surge entre una joven que está a punto de hacer el voto de castidad y un hombre unos diez años mayor tan hostil como el ambiente en el que siempre se ha movido. Corazón puro es víctima de todos los males inherentes a la inexperiencia autoral, como no saber integrar satisfactoriamente los temas de los que quiere hablar o no ser capaz de encontrar el equilibrio entre forma y fondo entre el eje narrativo y las ideas que giran a su alrededor. La presencia en los créditos de hasta cinco guionistas puede ser la causante de las contradicciones que se generan entre una escena y otra en el libreto, transmitiendo la sensación de que la constante incidencia en cuestiones como el racismo y la religión no logra profundizar en ellas sino más bien todo lo contrario: de tanto subrayar determinados comportamientos e ideas se termina resintiendo incluso el propio centro del relato, puesto que la relación que mantienen los dos protagonistas no cuenta con un desarrollo a la altura y los arcos dramáticos de cada uno están muy lejos de llegar a ninguna parte si no es forzando su explosión. Pero aun así no debemos olvidarnos de un más que interesante tramo inicial, construido mediante gestos y no a través de la literalidad del guion.

The Constitution

La croata The Constitution, integrada en la sección de las películas prenominadas a los EFA, pretende hablar de las heridas que aún persisten entre los miembros de la antigua Yugoslavia tomando como base una pequeña comunidad de vecinos situada en algún lugar de Croacia. Concretamente se centra en la relación que surge entre dos de ellos: Vjeko, un profesor croata de 50 años que por el día cuida a su padre enfermo y por la noche se viste de mujer, y Ante, un policía serbio violento y homófobo con dislexia que tiene que aprenderse la constitución para mantener su puesto de funcionario. Con esta premisa entre manos, Vjeko recibe una paliza en la calle a manos de un grupo de jóvenes, que lo golpean al grito de “comunista y maricón”, siendo socorrido posteriormente por Maja —la mujer de Ante—, que le pide como favor por su ayuda que le dé unas clases a su marido para poder aprobar el examen que tiene en tan solo una semana. Así es como se desata, no sin cierta dosis de humor, una inevitable batalla vecinal motivada por el racismo de uno y la homofobia del otro. Sin dejar de lado lo interesante del punto de partida, al cineasta Rajko Grlic le pierden una mirada extremadamente violenta hacia sus personajes y la falta de rigor con que aborda las diversos temas que se contemplan en la narración. En el plano cinematográfico, su único detalle relevante es un sustancial cambio estético en las escenas en las que el protagonista se traviste —que, inteligentemente, aparece también cuando se abre emocionalmente—. No obstante, posee elementos más que suficientes para hacer las delicias de aquellos que disfruten riéndose de los problemas de unos y de la maldad de otros.

Les garçons sauvages

El debut en el largometraje del popular y aclamado cortometrajista Bertrand Mandico se postula como un fuerte candidato a alzarse con el simbólico galardón a la peor película del festival, y ya podemos dar por hecho su triunfo en términos de abominación. Les garçons sauvages narra la historia de un grupo de cinco jóvenes —interpretados por mujeres— que, a principios del siglo XX, después de violar y asesinar a su profesora, son castigados con un viaje a bordo de un barco comandado por El Capitán, que los lleva rumbo a una isla de abrupta y lujuriosa vegetación donde sufrirán una inminente y misteriosa transformación. En caso de que tengamos que creernos que Mandico se toma mínimamente en serio el discurso supuestamente feminista que plantea, cosa realmente complicada, sería conveniente hablar de lo problemático que resulta reducir la cuestión del género al aspecto sexual, subrayando constantemente la idea de que para ser mujer es necesario tener pechos y vagina —por mucho que su intención sea la contraria, habla del asunto transgénero eliminando los puntos fundamentales que definen la naturaleza del término—. El cineasta francés muestra una visión profundamente esencialista del género, potenciando así sus estereotipos en lugar de derribarlos. Les garçons sauvages solo podría recibir alguna valoración positiva atendiendo a una estética tan llamativa como arbitraria, pero la fuerza de alguna imagen aislada se neutraliza en cuanto el montaje tiene que asociarla con el resto y con la banda de sonido.

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