Nocturna 2017: Crónica 2

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Sobrevivir a cualquier precio.

La jornada de hoy de Nocturna ha sido seria, muy seria. En ocasiones demasiado seria para lo que se esperaba. Tras las risas involuntarias y también pretendidas de la jornada anterior, para esta nos hemos encontrado con películas con un tratamiento del terror muy diferente y alejado en todo caso del humor, pero con un denominador común: la supervivencia a cambio de lo más preciado, la dignidad.

La tarde comenzaba con una película que ya pasó por varios festivales, llegando incluso a ganar el Gran Premio del Jurado en el SXSW, dirigida y protagonizada por la actriz Ana Asensio. Most beautiful island no es una película de terror al uso, ni tan siquiera un thriller o una historia de terror psicológico. Es el drama de una mujer que, escapando de un pasado trágico que nunca se llega a desvelar del todo, se encuentra malviviendo en Nueva York y tratando de sobrevivir sin ningún tipo de papeles o ayuda. No estamos viendo el Nueva York de Woody Allen; ni siquiera el de Scorsese. En Most beautiful island la Gran Manzana es un reducto de supervivientes dentro del cual, y pasando absolutamente inadvertidas, se mueven cientos de mujeres que prefieren aceptar cualquier tipo de trabajo, o de oscura propuesta, y quedarse en ese submundo hostil antes de volver al mundo de supuesto confort del que han salido.
Una magnífica ópera prima que deja un regusto amargo pero que promete un gran futuro dentro de la dirección para una mujer tan valiente como su personaje en la ficción. Le seguiremos la pista a Ana Asensio.

Cut Shoot Kill

También comenzando en un Nueva York más bohemio empieza la segunda película del día, Cut Shoot Kill. Prometía bastante el largometraje de Michael Walker con su premisa de contar un slasher dentro del rodaje de otro slasher de bajo presupuesto, con una factura de lo más indie y ahondando dentro de una industria que, por muy bajo que esté en el escalafón del mundillo cinematográfico, no deja de tener algún que otro tipo de corruptela y acoso (más de actualidad, imposible). La historia se centra en el personaje de Serena, una actriz en pleno despunte que es contratada para hacer una película de terror de bajo presupuesto con la que ella demostraría su versatilidad y el director de la misma se beneficiaría de tener de protagonista a una estrella en ciernes. Sin embargo, el equipo de la película lleva años realizando slashers de una manera muy poco ortodoxa pero extremadamente realista ante la cual Serena debe plantearse su propia supervivencia.

Decíamos “prometía” porque Cut Shoot Kill tenía todas las papeletas para ser una película potente dentro del festival: cine dentro del cine, slasher por partida doble, una serie de personajes carismáticos y un aroma a cine independiente de culto muy interesante. ¿Qué falla entonces en la película? Lo que hace que una película sea una buena película y llegue a convertirse en una gran película: un buen guion. El de la que nos ocupa es torpe, tan innecesariamente alargado que llega a aburrir y, lo peor de todo, con una absoluta falta de humor (recordemos las palabras de Chicho “el terror y el humor van del brazo”), lo cual en una historia de estas características es totalmente necesario.

Gotas

Para acabar la noche hemos visto una cosa absurda, con un humor rancio (que esta vez sí podía haber hecho gala de su ausencia) y tremendamente machista a la que prefiero no dedicar más palabras. En su lugar os voy a hablar de los tres cortos que hemos visto hoy y que juntos tienen más cine que un solo segundo de aquella.

Antes de Most beautiful island hemos visto Robot & Scarecrow, un corto de Kibwe Tavares que sin palabras narra la corta historia de amor entre un robot y un espantapájaros en el marco de un festival de música. Ella, robot, estrella de la música que necesita sentirse libre por un rato y disfrutar como lo hacen sus fans debajo del escenario. Él, espantapájaros, deseoso de compañía y con ganas de vivir. Ambos se encuentran y se complementan en una película que combina la poesía visual, la música, la animación y las técnicas de CGI para situarnos dentro de un mundo casi irreal en el que, por un corto espacio de tiempo, dos almas diferentes se convierten en una sola por amor.

El segundo de los cortos ha sido diametralmente opuesto pero, por ahora, el que más nos ha gustado de todos los que hemos visto. Situado en las nevadas montañas de lo que parece ser la Anatolia, con una fotografía espectacular reflejo mismo de la frialdad de la historia, una serie de personas se reúnen en un palacete aparentemente abandonado para asistir a una macabra sesión de fotos. No os contamos más porque si tenéis oportunidad merece la pena ver Siyah çember (o Black Ring) de Hasan Can Dagli. También sin utilizar palabras, a través de las imágenes se transpira la necesidad de los más desfavorecidos dispuestos a aceptar cualquier tipo de “caridad” de los más poderosos que les haga sentir un poco de calidez mientras observan el frío que aumenta afuera desde las ventanas. Una calidez ficticia y fugaz para deleite de corazones tan helados como el paisaje exterior.

Terminamos con la presencia ineludible de nuestro queridísimo Sergio Morcillo que, desde que se estrenara en la primera edición de Nocturna con M is for Metamorphose, no ha faltado ni un solo año a la cita con el festival, llegando incluso a rodar los clips promocionales del mismo en 2015. Teníamos ganas de ver Gotas y no nos ha defraudado. Sergio abandona aquí el terror más gore para centrarse en un terror, más que psicológico, real. Los miedos internos de una joven que debe enfrentarse a ellos para que el dolor se vaya y pueda vivir tranquila, unos miedos que no provienen de monstruos ficticios o sobrenaturales sino de engendros que viven y respiran a nuestro lado cada día, así como del propio miedo a crecer. Con Gotas estamos ante la demostración del crecimiento artístico de Sergio Morcillo como director y de un equipo que, como bien dijeron en la presentación, imprime un amor y una dedicación a un trabajo tan arduo como el de sacar una pequeña producción adelante y sea capaz de transmitirlo en imágenes.

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