Nocturna 2017: Crónica 1

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Volvemos a Nocturna.

Nueva dirección, nueva sede (echamos de menos el Palafox), pero un año más volvemos a Nocturna, volvemos a Cthulhu, para pasar unos días – menos que en ediciones anteriores – disfrutando del cine de género en un festival que este año cumple su primer lustro de vida. Un certamen que en esta edición ha decidido abrir con la entrega del premio Maestros del Fantástico a toda una leyenda del género tanto en cine como en la televisión de este país.

Poco se puede decir que no se haya dicho ya de Chicho Ibáñez Serrador quien, a sus 82 años y en un estado de salud muy delicado, hizo el grandísimo esfuerzo de estar allí esta noche para recibir el premio y la gran ovación que despertó en el público. Una mezcla de tristeza, ternura y, sobre todo, emoción nos embargó al comprobar que, tras un breve amago de no querer / poder hablar, Chicho se dirigió al público con su habitual humor y nos dedicó un emotivo discurso cargado de verdad sobre el miedo que viene precedido por el silencio. Un discurso que incomprensiblemente fue interrumpido cuando alguien le quitó el micrófono de las manos en el momento más vergonzoso de la noche, en el que el propio Chicho dirigiéndose de nuevo al público espetó un doloroso “me lo han quitado”. Muchos de los que estábamos allí, incluida una servidora, hubiéramos bajado a devolverle el micrófono para poder estar escuchándole toda la noche. Como unas palabras premonitorias, “pensad en el silencio y os llegará el miedo”, ese silencio impuesto de mala manera a Chicho Ibáñez Serrador en su momento de la noche se tornó escalofrío al temer estar ante una de las últimas veces en las que podamos escuchar sus grandes disertaciones. Larga vida a Narciso Ibáñez Serrador.

Precisamente de boca del propio Chicho, recogidas en el vídeo homenaje que el festival proyectó antes de la entrega del premio, escuchábamos una de las verdades fundamentales del cine de género: “el terror y el humor van del brazo muy a menudo”, y haciendo honores a esa premisa, la película que inauguró esta quinta edición de Nocturna fue la divertida a la par que terrorífica Happy Death Day. De esta revisitación macabra de la película de Harold Ramis Atrapado en el tiempo ya nos habló nuestro compañero Diego Bejarano en su crónica de Sitges, así que vamos a hablaros de las otras dos películas que hemos podido ver en la primera jornada de Nocturna 2017.

The heretics

Comenzamos por la primera incursión en la Sección Oficial Fantástico con The heretics, una producción canadiense que dirige un experto (o al menos prolífico) en el género de terror: Chad Archibald. Ya, a mí tampoco me suena. La cuestión es que The heretics comienza con una premisa bastante interesante, empezando donde la mayoría de cintas sobre sectas satánicas comienza su climax. En medio de un bosque una muchacha se encuentra tumbada y atada bajo la atenta mirada de un grupo de personas ataviadas con túnicas y con máscaras hechas con corteza de árboles. En un determinado momento, todos los miembros de la secta se suicidan degollándose y lanzando su sangre sobre la chica, que cuando despierta no tiene más que sortear el montón de cadáveres y volver a casa. Lo que parece ser una película sobre las consecuencias y el después de volver a una vida relativamente normal tras haber sido secuestrada por una secta, pronto pasa a ser un dejà vu para la protagonista al verse de nuevo capturada por un miembro de la misma que sobrevivió. A partir de aquí, todo el proceso de búsqueda por parte de sus allegados se convierte en un sinsentido en el que, para empezar, desde el momento 0 sin tener que ser muy listos ya sabemos qué está pasando y en el que tenemos que soportar la irritante sobreactuación de varios de los protagonistas y los giros de guión que se suceden sin parar. Hay algún momento de risa (totalmente involuntaria) pero The heretics no pasará a los anales de nuestro recordatorio de Nocturna. Eso sí, el tramo final crece sobremanera con respecto al resto de la cinta dejando la mejor escena de la película para justo antes de pasar a los créditos.

Darkness rising

Todo lo contrario le pasa a la siguiente película de la jornada: empieza muy bien y se va desinflando hasta convertirse en una parodia de sí misma que, al menos, nos sacó varias carcajadas (también involuntarias, sí). Ya sabéis los fieles a las crónicas de esta friki del Nocturna, que nuestra sección favorita del festival desde que empezó es Dark Vissions. Una sección que en sus dos primeras ediciones nos trajo joyas que no nos cansamos de recomendar pero que por desgracia ha ido decayendo en calidad y originalidad a lo largo de las ediciones. No nos rendimos y por supuesto hemos querido darle una nueva oportunidad desechando (no me lo perdonaré nunca) ver La Residencia del gran Chicho por entrar a ver Darkness rising. Al margen de haber tenido que ver la proyección sin subtítulos por un problema técnico, tampoco es que las partes que no entendiéramos del todo nos hayan importado mucho al final de la misma porque, ¿qué más da lo que explique una mala actriz poseída si lo que queremos es saber QUÉ DEMONIOS PASA CON EL PERRO? Una convincente, eso sí, Tara Holt interpreta a la protagonista de Darkness rising, una joven que vuelve a la casa en la que pasó su infancia, y en la que su madre mató a su hermano, para recordar viejos tiempos antes de que la derriben. Acompañada por su novio y por una amiga, Madison en realidad busca respuestas al terrible suceso que provocó su madre mientras en la casa empiezan a suceder cosas extrañas que hacen que los protagonistas acaben atrapados sin poder salir de ella. Como decía al principio, el interés del siempre manido pero entretenido recurso de la casa encantada, así como la sospecha de estar asistiendo a una realidad distorsionada, hacen que durante toda la primera parte del metraje nos encontremos ante un film en el que la tensión no deja respiro. Dicha distorsión es además incrementada por una banda sonora y unas imágenes deformadas hasta el límite que, cuando se traslada hacia los personajes en lugar de incrementar su deformación lo que consigue es ridiculizarla. Así, todo el desenlace no es más que una burda repetición de recursos (madre mía, el perro) y una explicación que casi hubiéramos preferido no entender.

Mañana más, y seguro que mejor, en Nocturna.

Fotografía de portada por cortesía de Nocturna.

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