Críticas: Jericó, el infinito vuelo de los días

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Mujeres en la Colombia profunda.

Chila, Luz, Fabiola, Ana Luisa, Elvira… tienen en común varias cosas: todas ellas son mujeres, de más de 70 años de edad, habitantes de un recóndito pueblo de Colombia llamado Jericó. Ellas protagonizan este documental que retrata la vida de 12 mujeres rurales en su vejez. La realizadora Catalina Mesa con esta película quería ‘‘hacer un homenaje a la sabiduría femenina’’. Mesa, inspirada por su tía abuela que también era de Jericó viajó al pueblo con el fin de rodar este documental y preservar la memoria y las historias de toda esta generación que según sus propias palabras representan, en su conjunto, el espíritu de una época.

Catalina Mesa narra de manera intimista el día a día de estas personas en sus hogares. Sus objetos más valiosos, sus labores, sus platos más preciados… El documental consigue mostrar lo extraordinario dentro de lo ordinario. Existe la belleza en todas esas rutinas. Al principio como una total desconocida acudía a sus viviendas y le pedía que le contaran alguna historia. O hacía preguntas sencillas como: ¿cómo cocinas ese dulce tan rico? ¿cuál es tu objeto más preciado? A partir de ahí se iniciaba un proceso, según la directora,‘’muy natural’’ de intercambio y de conversación. Ellas se narran a sí mismas a través del relato oral de su propia historia.

Uno de los puntos fuertes de Jericó, el infinito vuelo de los días es la dirección de fotografía (Catalina Mesa). Jericó es un pueblo siempre soleado con fachadas de colores puros y brillantes. Un pueblo de postal. Es fácil dejarse llevar por la plasticidad de las imágenes y la luz que entra a esas viviendas. La cámara, estática, se convierte en una mera espectadora de las anécdotas de vida que sus protagonistas van relatando. El espectador se transforma, por un momento, en nieto y escucha atento las historias de lucha, ternura, paz y trabajo que estas abuelas tienen que contarle. Existe algo universal en las palabras y los mensajes de todas estas mujeres. Algo que ha hecho conectar Jericó con audiencias de todo el mundo a su paso por festivales en Francia, Marruecos, Israel o Canadá.

La directora tenía la voluntad de crear una película que rompiera el estereotipo de una Colombia extremadamente violenta sumida en múltiples conflictos y, francamente, lo consigue. Jericó es un canto a la vida, a la diversidad y a la sabiduría y las enseñanzas de las personas mayores. Una de las críticas que Mesa escucha más a menudo es que su documental sólo ofrece una visión de la ‘‘vida color de rosa’’. Ella invita a todas esas personas que le lanzaron esa crítica a visionar las 80 horas de metraje que rodó en Jericó. Entonces se darán cuenta cómo todas estas mujeres son sumamente optimistas, llenas de vitalidad. Todas desde su propia experiencia vital, coinciden en un mensaje unánime de esperanza. Eso no quita que existan historias dolorosas, que no se hable de la muerte, del dolor o de la pérdida. En ningún momento se omite esa parte del relato es más, enriquece el relato y funcionan como contrapunto a los momentos de humor y alegría.

El retrato de cada mujer es muy breve (de hecho se cuentan 12 historias en 78 minutos de metraje) pero rico en detalles y, sobre todo, conectado con el resto de historias. La realizadora afina en el montaje buscando la cohesión de los distintos retratos entre sí. Con ese fin identifica motivos comunes transversales a todos ellos como pueden ser: las ventanas, las fachadas de colores, los objetos religiosos, el café o el maíz. La realizadora apuesta por el montaje en paralelo para desfragmentar las historias y ofrecerlas como una sola, como un retrato único de estas mujeres como colectivo. Quizá la secuencia con mayor poder simbólico es aquella que muestra a la maestra de escuela rural dentro del Centro de Historia de Jericó. Es un espacio de prestigio porque ahí residen los retratos de los personajes ilustres del pueblo. La gran mayoría son hombres. Esta secuencia enlaza con un primer plano de un retrato de una mujer. Está colgado en una casa particular, no en el Centro de Historia de Jericó. Y en ese punto es en el que el documental, a ojos de su creadora tiene toda su razón de ser. Ella con su documental quiere darle un espacio a la memoria a toda una generación de mujeres, que por mayores albergan una sabiduría infinita.

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