Festival de San Sebastián 2017: Nuev@s Director@s I

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Primera parte del análisis de la sección Nuev@s Director@s del 65SSIFF.

Paralelamente a las crónicas diarias del Festival de San Sebastián 2017 que está realizando Laura M. Solano, vamos a ir desgranando poco a poco otras dos secciones: Nuev@s Director@s y Horizontes Latinos. De la primera os empezamos a hablar con este artículo enteramente dedicado a las NuevAs DirectorAs.

La nueva ola de realizadoras apuesta por temas y problemáticas en torno a lo femenino en distintos contextos. En concreto sitúan la primera menstruación como un evento clave dentro de la progresión dramática de unas protagonistas adolescentes que empiezan a afrontar cambios físicos y mentales. Tamara en la chilena Princesita, la niña india en Village Rockstars y también Mia, la chica suiza de familia acomodada que protagoniza Blue my Mind. Un evento biológico natural y universal a todas nosotras que muchos dedos señalan como algo desagradable y perverso. En general, nuestras Nuevas Directoras tienen interés en temas tabú que lo que el cine construido por y para la mirada masculina había vetado hasta entonces: la primera regla, el despertar sexual, la búsqueda de la identidad propia o la emancipación de un acosador. Gracias Lisa, Rima y Marialy por querer contarlo. Allá vamos:

Princesita

Érase un mundo feliz en el que un grupo de hombres y mujeres viven en paz y armonía. En comunión con el bosque que habitan en la zona sur de Chile, adoran la naturaleza y la creación divina que es el universo. Todo sucede bajo las directrices del líder espiritual del grupo, Miguel. Él tiene un control absoluto de la vida de cada integrante de su clan. Pero un control amable, protector, desde la persuasión y la no violencia, al menos a los ojos de Tamara.

Tamara es una niña que ha crecido bajo los mandamientos de Miguel y de este grupo religioso. Una niña que Miguel considera su ‘’virgen”, la elegida para engendrar con él un niño lo suficientemente santo para ser su heredero, un santo para seguir su legado.

Tamara primero se siente alagada por tener el privilegio de ser fecundada por Miguel, pero tras su primera menstruación inicia un proceso de autoconciencia y se obsesiona con no poder cumplir las expectativas de Miguel. Algo dentro de ella le dice que aquello no está bien. Tiene miedo a dar luz a una niña en vez de a un niño, algo que disgustaría mucho a Miguel. Además ella prefiere tener un niño porque si no su hija se convertiría en “una niña dentro de otra niña”.

En este contexto tan inquietante la directora Marialy Rivas construye una contundente crítica al sistema patriarcal, a las religiones, a la opresión histórica de las mujeres y al abuso infantil. El resultado es una espectacular bomba de reivindicación feminista. Princesita transmite un mensaje universal accesible a todo tipo de espectadores, que inevitablemente se conmoverán en su butaca con la crudeza de la historia de Tamara.

Para dirigir Princesita, Rivas habló con varias víctimas de abusos sexuales, psicólogos… y quizá algo que le llamó la atención es que esas personas sólo recordaban fragmentos de esos abusos. Por eso decidió narrar la vida de Tamara en la secta como un sueño-pesadilla desfragmentado con una estética de videoclip embellecida, con los colores del entorno saturados, a cámara lenta… Incluso en la fase de etalonaje le dio una capa de dorado a todas esas secuencias tal y como se hacía en el arte religioso de 1.200 – ojo al dato-.

De hecho la génesis de esta historia fue una noticia real de tantas otras que se hicieron eco meses antes del apocalíptico 2012. Un grupo familiar sectario vivía a la espera del final del mundo y veneraban a una menor de edad por ser considerada la mujer que engendraría al salvador de la nueva era que, por supuesto, sería varón.

Village Rockstars

Esta historia nace cuando una madre viuda liberada del peso de la tradición tras la muerte de su marido decide criar a su hija en un espacio de libertad dentro de un pequeño pueblo rural de la India. Esta es la historia de la protagonista de Village Rockstars, una pequeña soñadora de 11 años. Y también la de la propia directora, la india Rima Das. Ella también se crió en aquel remoto pueblo, alejada de las comodidades de los núcleos urbanos. Y contra todo pronóstico logró mudarse a Bombay e iniciar su carrera audiovisual. Ahora su película ha llegado a grandes festivales europeos. ‘He podido rodar mi propia película e incluso estar aquí’- dice Rima Das presentando su film en el festival de San Sebastián.

Rodada durante tres años en su pueblo natal con muy bajo presupuesto la directora quedó prendada por un grupo de niños que a pesar de sus carencias materiales y su falta de formación tenían grandes aspiraciones en la vida. Esos son los mismos niños que protagonizan Village Rockstars. La película con un estilo documental bellamente depurado habla de esa niña que juega, trepa árboles, va a la escuela, saca a su cabra preferida a pastar y… quiere ser una guitarrista de rock. Pese a la creciente presión social de las mujeres del pueblo ella sigue juntándose con sus amigos – todos varones- y ensayando en el campo a voz en grito sus canciones de rock. Cuenta con su madre como principal aliada para luchar contra los límites impuestos por haber nacido mujer.

La directora compone una fascinante oda a su lugar de origen. Transmite de forma magistral la alegría, el ingenio y la ternura que desprenden estos pequeños. La vida en el pueblo está bellamente rodada: los paisajes, la luz, y las texturas consiguen crear imágenes vibrantes en la retina del espectador. Llenas de energía de cambio.

Blue my mind

Chica nueva en clase que intenta unirse al grupo de las chicas populares. Las cool, las que van al centro comercial a robar cosméticos, se drogan los fines de semana, y tienen sexo aquí y allá. Para ello tiene que demostrar que está a la altura de pertenecer al grupo y que puede involucrarse en los juegos más macabros y ser la más impulsiva de todas. Así comienza Blue My Mind.

Una vez dentro del grupo Mia enprende un viaje de iniciación a todos esos rituales de la vida adulta: sexo, alcohol, drogas, vivir al límite, boicotear a los adultos… Y entonces le viene su primera menstruación. Este punto supone el inicio de su transformación en un ser salvaje. Pero no sólo a nivel metafórico. Se convierte en otro ser literalmente. Le nacen protuberancias por el cuerpo y deja de reconocerse a sí misma. La directora Lisa Brühlmann toma la magistral decisión de recurrir al género fantástico para traducir en imágenes el proceso de cambio interno de esta niña. Lo fantástico-mitológico queda justificadamente integrado en el guion de la película en todo momento costumbrista. Es una estrategia similar a la reciente película Verónica, pero en este caso su director Paco Plaza recurre al género de terror.

A camino entre la presión del entorno, el cambio hormonal y la enfermedad mental la naturaleza de Mia se transforma en algo que ella no conocía. Y va in crescendo hasta que la película torna más y más y más oscura. Su actriz protagonista Luna Wedler envuelve en su espectacular interpretación de la tristeza, la soledad y la incomprensión absolutas. Blue my Mind no deja indiferente a nadie.

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