Críticas: Verónica

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El miedo a vivir.

Hay un momento en la vida en el que, apenas sin ser conscientes de ello, el mundo, la vida tal y como se ha vivido cambia de repente. Un momento en el que parece que todos a tu alrededor han cambiado, han crecido de golpe o se han vuelto en tu contra. Un momento en el que has dejado de ser un/a niño/a pero ni por asomo eres una persona adulta. Es en ese preciso momento en el que la soledad aparece de manera repentina por primera vez en la mayoría de los casos, provocada por la incomprensión, por el desconcierto de los adolescentes hacia el mundo que se les abre de golpe, por el miedo a que lo desconocido no sea como imaginan o, incluso, por la falta absoluta de ese miedo que les impulsa a cometer actos irresponsables sin temor a las consecuencias.

Verónica, nombre nada casual para el personaje principal de la nueva película de Paco Plaza, se encuentra en ese preciso momento en el que su mundo está lleno de contradicciones: debe actuar como una adulta para ayudar a su madre con sus hermanos pero todavía no ha dejado de ser una niña que juega a experimentar con temas sobrenaturales, creyéndose suficiente mayor para eso pero no para dar un paso más en la edad del pavo como ya ha dado su mejor amiga al “caer” en la etapa chicos, fiestas, alcohol… Verónica está se siente sola y aterrada, deseando que la cuenta atrás con la que acaba Hechizo de los Héroes del Silencio, con la que se duerme cada noche, la saque de su habitación de una vez por todas y la lleve al espacio exterior, a una salida a su estado de adolescencia.

Paco Plaza y el guionista Fernando Navarro parten de la base de un caso real ocurrido en 1991 en el madrileño barrio de Vallecas, en el que una adolescente murió en extrañas circunstancias tras haber practicado el juego de la ouija con sus amigas, para llevarnos de vuelta a una época en la que se daban los últimos coletazos a la década de los 80 (una “nueva infancia” de la sociedad española) pero a la que poco le quedaba para pasar a la adultez más rancia con el “España va bien…(pero para los ricos)”. En este contexto, el director filma una historia de terror clásica en la que tienen cabida gran cantidad de recursos del género pero sin que por ello resulte manida o provoque más risas que miedo. Al contrario, la utilización de dichos recursos no hace sino enfatizar la angustia que su protagonista, toda una revelación la debutante Sandra Escacena, padece durante toda la cinta al sentirse atrapada dentro de un entorno que la oprime – un edificio que parece replegarse sobre sí mismo y que la cámara de Plaza recoge desde abajo haciéndolo parecer una cruz girada, un colegio de monjas cuya hermana más anciana parece, de entrada, sacada directamente de la peor de las pesadillas, y la presencia constante de espejos que reflejan, más bien distorsionan, la realidad de Verónica.

Plaza no deja nada al azar empezando por el nombre de la protagonista, como decíamos antes, que también da título a la película: Verónica, la mujer que se apiadó del sufrimiento de Cristo en el Via Crucis tendiéndole un velo en el que quedó marcado su rostro; Verónica, a quien se identifica también con la Hemorroísa, una mujer sanada de sus desarreglos menstruales por Cristo; Verónica, la chica que murió haciendo la ouija y a quien se invoca repitiendo su nombre tres veces frente a un espejo. Espejos, religión, menstruación… todo gira alrededor de una misma iconografía a la que representa, muy a su pesar, la protagonista del film.

Con Verónica, Paco Plaza da un paso más en su carrera como especialista del género acercándose esta vez más al terror psicológico disfrazado de terror sobrenatural, limitando el gore y el humor en una justa medida para no sobrepasar la sensación de perturbación que se traspasa de la protagonista al espectador. Lo hace, además, con una magnífica dirección de actores con la cual ninguno de sus protagonistas parece fuera de lugar – y todos sabemos lo difícil que resulta que los niños parezcan niños reales en pantalla -. Verónica se destaca así como una de las propuestas de terror patrio más estimulantes de los últimos años. De esas en las que, días después de haberla visto, todavía ronda en la cabeza para hacernos revivir las sensaciones y los miedos por los que todos hemos pasado en ese preciso momento de nuestras vidas en el que nos hacemos mayores sin quererlo. Porque, ¿qué son las películas de terror sino metáforas de nuestros propios miedos? ¿Qué son las canciones de Héroes del Silencio sino metáforas de las sensaciones que se producen en nuestro interior?

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