Filmadrid 2017: Crónica 8

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Penúltima crónica desde Filmadrid.

Uno de los eventos a destacar de esta edición de Filmadrid fue la proyección especial de Marisa en los bosques en Cineteca, ópera prima del dramaturgo Antonio Morales. Pese a haberse visto con anterioridad en el Festival de Sevilla y el D’A barcelonés, creemos que es un debut suficientemente interesante para seguir reivindicándolo si es necesario. Y es necesario. El film es un inmejorable tratado sobre la pérdida. O sobre cómo afrontar una pérdida es la única manera de encontrarse a uno mismo. O, más concretamente, de la importancia que tiene despedirse en condiciones de una persona a la que querías y a quien pudiste decir adiós. Es todo eso y es mucho más. Y, sin embargo, lo más estimulante de la cinta está en el cómo y no en el qué. No hablamos solo de su enérgica puesta en escena, de su valentía para filmar primeros planos y del estupendo vehículo transmisor de emociones que resulta ser la también debutante Patricia Jordá; lo hacemos también de un laborioso trabajo de construcción del personaje protagonista a través de su interacción con el resto y de las situaciones a las que debe hacer frente, así como de un continuo aire cómico y desenfadado que nunca resta seriedad al trasfondo dramático de la historia.

Finalmente, cuando no tenemos muy claro cuál es nuestro papel en el mundo, puede que lo más sensato sea perderse en un bosque y vivir nuestra propia realidad, aunque solo sea por un pequeño instante. En cualquier caso, queda la duda de qué podríamos haber visto si la película hubiera contado con más medios. Por poner un ejemplo, tras la decisión de filmar en Scope se intuye una forma de encuadrar muy interesante que nunca llega a explotar, relacionada con la entrada y salida de personajes en el cuadro y con unos planos secuencia que estaban en el guion pero no se llegaron a rodar.

Memórias de um estrangulador de Loiras

Si bien es cierto que el nivel de los invitados y de las proyecciones fue insuperable, lo que hace muy complicado quedarse con un solo evento, hay que admitir que una de las proyecciones especiales tuvo una importancia superior a la de cualquier otra sesión. En palabras del mismo Júlio Bressane, Memórias de um Estrangulador de Loiras es una película que únicamente habían visto cuatro personas. Tras haber sido perdida la copia original, hace relativamente poco que el cineasta recuperó una copia en no muy buenas condiciones que decidió restaurar digitalmente para su muestra. Si sus películas son por sí mismas verdaderas demostraciones de inteligencia, especialmente por su falta de límites imaginativos a la hora de pensar y trabajar la puesta en escena, sus palabras son aún más relevantes y rebosan sabiduría. Consciente de la pérdida de pureza entre la obra original y la que fue proyectada, y haciendo alusión al excelente trabajo de fotografía que llevó a cabo Laurie Gane en 1971, el brasileño apuntó que “ruinas como ésta (el trabajo restaurado) son la única manera de establecer vínculos y acercarnos al original”. Sería casi una falta de respeto ponerse a valorar ahora esta sensacional obra, cuya presencia en el festival tuvo un valor añadido.

António um dois três

La pasada sección oficial de Filmadrid fue clausurada por John From, el film de João Nicolau premiado por el Jurado de la Competición Oficial, encabezado por el crítico estadounidense Jonathan Rosenbaum. Este año, con la clara intención de establecer un enriquecedor e interesante diálogo, por cuestiones lingüisticas pero también por aquellas ligadas al poder de la imaginación y la creación, la encargada de clausurar la competición fue António um dois três, la ópera prima del hasta ahora cortometrajista Leonardo Mouramateus. Filmada en cuatro tercios y con una estructura tripartita que duplica e incluso triplica a sus personajes, esta coproducción brasileño-portuguesa se acerca a una generación de veinteañeros cuyos integrantes afrontan de muy diversa manera sus sueños ante la llegada de un futuro poco o nada esperanzador. Sin embargo, es el joven cineasta quien consigue dotar de vitalidad a una narración que, pese a acusar un bajón importante de nivel a la conclusión de su brillante y envolvente primera historia, mantiene en todo momento la capacidad de sorprender a través de su espontánea y cuidada puesta en escena y de la finura de unos diálogos y situaciones que solo podrían ser producto de la mente del más grande de los soñadores. En esta ocasión los premios no acompañaron, pero sí la respuesta de un público que agradeció la aparición de tan estimulante propuesta nueve días después del comienzo del festival. El debut de Leonardo Mouramateus logra, con sus bastantes más y sus pocos menos, poner en órbita la carrera de un cineasta que apenas acaba de alzar el vuelo.

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