Filmadrid 2017: Crónica 3

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Tercer día en Filmadrid.

“Es una obra de ficción. Cualquier parecido con la realidad es intencionado”. Con esta frase comienza The Children Are Not Afraid of Death, The Children Are Afraid of Ghosts, un documental sobre un trágico suceso en un remoto pueblo de China llamado Guizhou, en el que cuatro hermanos y hermanas decidieron suicidarse colectivamente ingiriendo pesticida. Este verídico acontecimiento conmocionó profundamente al documentalista Rong Guang Rong, que lo emplea de base en un recorrido introspectivo a su propia infancia. Plantea una narración ligada al miedo cerval de los niños, a leyendas sobre espíritus malvados que se introducen en sus pesadillas. Es aquí donde los propios hijos del director representan el apoyo para no sucumbir en un mundo onírico de sombras.

Comenzando en la nocturnidad de los aledaños de Guizhou, Guang Rong se adentra en este pueblo para intentar desentrañar los detalles del truculento incidente. Este arcano lugar se nos presenta como algo impredecible e inseguro, poblado de bestias salvajes. Aunque lo cierto es que nunca llega a tener una relevancia mayor, pues el director somete a su película a las mismas cuestiones durante todo el metraje. Una reiteración constante en la que muestra su enfática indignación sobre la irresponsabilidad de los padres y la indiferencia de un pueblo frente a la desgracia de los menores. Pero la realidad es que Rong Guang Rong demuestra no tener demasiados recursos. Sus imágenes no tienen ningún valor narrativo pues rara vez están en resonancia con la temática. Y cuando se da el caso –a través de las actividades lúdicas de los niños para mostrar su realidad distorsionada–, el enfoque va variando, demostrando una alarmante falta de ideas.

Fish & Cat

El plano secuencia es una de las técnicas cinematográficas que más se han visto damnificadas a lo largo de los últimos años. Cada vez son menos los ejemplos en los que surge por una necesidad narrativa (Ojos de serpiente, de Brian de Palma, que se usa para representar las distintas perspectivas de los personajes en un intento de asesinato), y más común recurrir a él simplemente para epatar (Birdman, de Alejandro González Iñárritu, o Hijos de los hombres, de Alfonso Cuarón). Y Fish & Cat –que se basa, como bien indica el texto con el que abre la película, en un hecho real de un restaurante iraní que servía carne humana a sus clientes) podría entrar perfectamente dentro del primer grupo.

El plano secuencia de 134 minutos se apoya en una estructura y una propuesta formal análoga a Elephant, de Gus Van Sant: travellings de seguimiento a distintos personajes involucrados en un concurso de vuelo de cometas, que se celebra en un lago colindante al restaurante. Al prescindir del montaje, los desdoblamientos narrativos convierten a este slasher atípico en una continuada elipsis; es decir, vamos pasando de un protagonista a otro a través de la propia reiteración de los acontecimientos. Teniendo en cuenta que se nutre de los códigos del subgénero de asesinos en serie, el fuera de campo adquiere una grandísima significación. Pero la ópera prima de Shahram Mokri no es una simple virguería técnica; también plantea un conflicto generacional a través de la banalidad en la juventud. Quizá generalizado, seguramente superficial; pero decididamente impávido al dotar a su trabajo con algo más que una simple –pero milimétrica y compleja– planificación escénica de más de dos horas de duración.

Daydreams

Daydreams, ópera prima de Caroline Deruas, posee esa ambición desmedida e impetuosa de querer abarcar demasiado. Esa saturación de referencias mal entendidas de aquellos cineastas que parecen haber influido fuertemente a la directora. La falta de personalidad al querer componer una película con elementos y decisiones formales que evocan a estos directores, pero sin demostrar necesidad narrativa; es decir, todo termina resultando arbitrario. Demuestra una clarísima vocación hacia lo onírico, hacia un mundo fantasmagórico en el que confluyen espíritus de figuras históricas y estatuas vivientes en una trama sobre la dualidad del ser que remite a Brian de Palma. Construye un escenario intangible que evoca la sexualidad de las películas de Jean-Claude Brisseau. Fundidos a rojo que aluden a Gritos y susurros, de Ingmar Bergman… Pero desgraciadamente tengo que señalar el fracaso de Deruas. Su inseguridad se refleja en el montaje, en el subrayado argumental, en la falta de profundidad, en los diálogos que convierten el film en una oscilación de géneros no pretendida… En síntesis, una cinta fallida pero en la que creo que quizá deberíamos valorar el intento de la joven directora.

 

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