Filmadrid 2017: Crónica 2

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Primer encuentro con Lav Diaz en este Filmadrid 2017.

Finales de los 90, Filipinas. Horacia lleva treinta años en prisión por un crimen que no cometió. Durante su extensa estancia ejerce las funciones del que fue su trabajo antse de ingresar en la cárcel: la docencia. Mientras les enseña a sus compañeras presas los distintos tiempos verbales, nos damos cuenta de que no saben aplicar el futuro a una frase y, dentro del contexto sociopolítico de una Filipinas corrupta y asolada por oleadas masivas de secuestros, los personajes de The Woman Who Left ven cómo se les es arrebatado su propio futuro. Tras su salida en libertad, Horacia se encuentra en un mundo que no le es correspondido. Además, su hijo se encuentra en paradero desconocido y comprende que su ex novio es el verdadero culpable de la condena que ha cumplido. Es aquí donde comienza un juego de máscaras dicotómico entre el día y la noche, entre la dualidad del personaje de Horacia, ahora renombrada Renata, que se extiende hasta casi el final de la película.

A pesar de lo estimulante que pueda resultar la puesta en escena de Lav Diaz, su larga duración – casi cuatro horas, aunque mucho menor que otras obras del director como A Lullaby to The Sorrowful Mistery de ocho horas y que también se podrá ver en esta edición de Filmadrid – siempre es un reto. Quizá en esta ocasión algunos de los planos parecen nacer de una necesidad estética más que de una narrativa. Y no siempre respeta su propuesta formal, ya que incluye unos escasos tres minutos de cámara en mano que no parecen tener mayor relevancia. Pero su trazo preciosista aparece reflejado especialmente en esas secuencias de noche, recreando un escenario de claroscuros, inseguro y salvaje, en el que Horacia/Renata se convierte en una suerte de guardiana para velar por las almas nocturnas.

En su final, lírico y trágico, volvemos al concepto de futuro que se mencionaba en los primeros minutos del film. Un seguimiento a través de una hilera de carteles por el suelo en una ciudad silente y lluviosa. El final del trayecto es un movimiento elíptico sobre los cimientos de esa búsqueda que inició Horacia. la venganza y el hijo perdido terminan confluyendo – y desapareciendo – en el fuera de foco de uno de los planos de su tercer acto. En su conclusión, Renata resultó ser el álter ego que canalizaba el odio y el ansia de venganza de Horacia. Cuando la máscara se rompe, surge la tragedia.

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