Americana Film Fest 2017

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AMERICANA reel 2017

Repasamos lo que ha dado de sí el Americana 2017.

Un año más -y con este ya van cuatro-, vuelve a Barcelona el Festival de Cine Independiente Norteamericano. Vuelve el Americana. Durante cuatro días (uno más de lo que venía siendo habitual), los modestos cines Girona se convierten en la sede de este acogedor Festival, que acerca a nuestras pantallas las mejores -y más recientes- películas del panorama independiente de Estados Unidos y Canadá. Una edición, la de este 2017, marcada entre otras cosas por la recién estrenada presidencia de Donald Trump, un contexto que permite plantear la siguiente duda: ¿afectará la política a la producción cinematográfica? Y de ser así, ¿de qué manera?

En relación a esta cuestión, parece que el Americana tiene bastante claro el lugar destinado al presidente estadounidense, y no hay más que ver el brillante anuncio con el que se promociona este año el Festival. Proyectado antes de cada sesión, el video tiene como protagonista a un personaje anónimo que sintetiza todos los valores del pensamiento Trump. El hombre, sentado en una mecedora en su casa, asiste a uno de los discursos televisados del presidente (por entonces candidato). Al concluir el parlamento, el señor en cuestión apaga la televisión, se levanta de su asiento, entonces las luces de la sala comienzan a variar su intensidad y, como por arte de magia, el personaje desaparece. “That’s why we love cinema”. Por eso amamos el cine. Con esa frase concluye el anuncio y se da paso a cada una de las películas: haciendo desaparecer en ese gesto al mismo Donald Trump, desterrando su imagen y su discurso a cualquier otra parte, lejos, muy lejos de la sala de cine. Así, con la magia de las películas, empieza el Americana 2017.

Goat

Goat


Día 1. Jueves 2 de marzo.

De ritos iniciales y nuevos comienzos. Goat (Andrew Neel) y The 4th (Andre Hyland).

El pistoletazo de salida lo había dado un día antes Donald Cried (Kristopher Avedisian), que este humilde testigo recuperará más adelante, pero las proyecciones de hoy, jueves 2 de marzo, suponían entrar en materia y empezar a desplegar el mapa del Americana. Las dos primeras proyecciones: Goat (Andrew Neel), un drama basado en hechos reales sobre el brutal rito de iniciación en una fraternidad estadounidense, y The 4th (Andre Hyland), una comedia low-cost que retrata la odisea urbana de un tipo el día de la independencia estadounidense. Definitivamente, no podría haber habido mejor forma de empezar el Festival. Y el crítico aquí presente se frota las manos (ya sea por el frío barcelonés o por la excitación), cuando se topa con dos películas tan distintas, y a la vez tan cercanas, que no solo representan dos maneras de entender el cine independiente y de acercarse a la realidad, sino que también -en consonancia con mi aventura por el Americana- se trata de dos películas que hablan de nuevos comienzos.

El nuevo comienzo en Goat (Andrew Neel) se produce por duplicado: primero con esa segunda oportunidad que le da la vida a su protagonista, Brad (Ben Schnetzer), después de sobrevivir a la brutal paliza de unos desconocidos que se aprovechan de su buena voluntad, y segundo con ese prolongado rito de iniciación en la fraternidad a la que pertenece su hermano, Brett (Nick Jonas). La película de Neel, producida entre otros por el omnipresente James Franco (que también tiene su minuto de gloria), comienza subrayando su condición de obra inspirada en hechos reales, pero la sucesión de las salvajes novatadas termina por volver increíble una película en la que el drama explota en frío. Al final, el retrato que podría servir para desentrañar los complejos mecanismos de las fraternidades universitarias y la sociedad estadounidense, se queda en una recopilación de fiestas y agresiones.

The 4th

The 4th

En un registro completamente opuesto se plantea The 4th (Andre Hyland), una comedia low cost escrita, dirigida y protagonizada por Andre Hyland. Despeinado, entre risas y armado con una guitarra, el propio Hyland (en lo que parecía el salón de su casa) saludaba desde la pantalla al público de la sala y agradecía al Festival el estreno en nuestro país. En un tono bromista, que ya parecía anticipar el que tendría la película, Hyland advertía del modelo de largometraje que presentaba: low cost, de diálogos improvisados, rodado en ratos libres, hecho entre amigos… Y, efectivamente, así es The 4th: una comedia de bajo presupuesto en la que la baja factura técnica juega totalmente a favor del discurso ligero -y casi documental- de la odisea urbana de Jamie (Andre Hyland). Una película al margen de la industria que, no en vano, transcurre en Los Ángeles en una única jornada: un 4 de julio, día de la independencia norteamericana. Toda la aventura de Jamie, que no tiene otro fin que organizar una pequeña barbacoa entre amigos en su casa, transcurre entre un paréntesis: comienza con un plano secuencia que, desde el mismo eje, sigue el recorrido de Jamie hasta su casa, y concluye con otro plano secuencia que, en rima con el anterior, acompaña al protagonista en su salida del domicilio. Una sencillez y economía (no solo narrativa) que, sumadas al género, sitúan a la película de Hyland en el extremo contrario al de la gravedad de Goat (Andrew Neel): dos maneras diametralmente opuestas de entender el cine independiente norteamericano y, al fin y al cabo, dos maneras bien distintas de acercarse a la realidad, o al menos a “una” realidad. Una desde el corsé de la cita histórica, la otra desde el relato libre.


Día 2. Viernes 3 de marzo.

Recorridos y trayectorias. James White (Josh Mond), Donald Cried (Kristopher Avedisian) y Certain Women (Kelly Reichardt).

El drama atraviesa como una cuchilla las tres películas de esta segunda jornada del Americana. Pero James White (Josh Mond), Donald Cried (Kristopher Avedisian) y Certain Women (Kelly Reichardt), no solo comparten una carga sentimental intensa, sino también el depósito de todo este peso discursivo en sus personajes protagonistas, y el viaje como motivo recurrente.

En el triángulo entre su casa, la farmacia y el hospital es donde se desarrolla la odisea personal de James White. El errático personaje, interpretado por un potentísimo Christopher Abbott, intenta encauzar su vida mientras cuida de su madre enferma, después de la muerte de su padre. La película de Josh Mond explora el sufrimiento y la tragedia desde el espacio de lo íntimo, tensando una atmósfera en clave oscura que oprime cada vez más a su protagonista. James White se rebela con violencia contra las convenciones sociales, contra el establishment y contra el exhibicionismo sentimental, y su viaje no solo se desarrolla en un vagabundeo por el plano físico de la ciudad, sino que también lo hace a través del paseo igualmente errático por sus emociones.

Donald cried

Donald cried

De la misma forma que en James White, de nuevo la muerte marca el punto de partida de la siguiente película: Donald Cried (Kristopher Avedisian). En este caso, el fallecimiento de la abuela de Peter Latang (Jesse Wakeman) motiva el retorno del personaje al pueblo de su infancia. En este viaje de vuelta, que invoca a la vez una necesidad de enfrentar el pasado, Peter Latang se encuentra con uno de sus amigos de juventud: Donald, un paleto excéntrico y entrañable interpretado por el mismo director y guionista de la película, Kristopher Avedisian. Sin embargo, a diferencia de James White, Donald Cried se acerca al drama en forma de comedia, a ratos brillante, a ratos absurda, pero que siempre mantiene un sabor agridulce. Resuena entonces la frase que la madre de James White había pronunciado en la sesión anterior: la vida no son solo momentos muy tristes o muy felices, también es todo lo que hay en el espacio intermedio. Donald Cried no es solamente una comedia o un drama, sino también todo el espacio que hay entre ambos.

Y, finalmente, el turno de una de las películas más esperadas del festival: Certain Women(Kelly Reichardt). La película de Reichardt, un retrato de mujeres dividido en tres historias, viaja en sí misma a través de sus historias desde el centro de un pueblecito estadounidense hasta la periferia del mismo. Un recorrido que, en el último relato, se recupera en el sentido inverso, tratando a la vez de dar una unidad a la cinta que, por otra parte, tampoco la necesita. Los tres episodios en los que está dividida la cinta (inspirada en los relatos de Maile Meloy), permiten a Reichardt situar a sus protagonistas femeninas en diferentes contextos, todas ellas sublimes en sus interpretaciones. Pero si hay una idea que realmente persiste en esta película es la potencia del paisaje, que funciona como espacio en el que se proyectan las emociones. Esta idea, que otorga a la película un cierto carácter contemplativo, quizás, cristaliza en el que probablemente será uno de los planos más bonitos del Americana 2017: el de Gina (Michelle Williams) viajando en coche, con el paisaje que se va reflejando en la ventanilla, impreso en su rostro.


Día 3. Sábado 4 de marzo.

La gestión del drama. Life, Animated (Roger Ross Williams), Creative Control (Benjamin Dickinson), Christine (Antonio Campos) y Joshy (Jeff Baena).

Desde dónde (o cómo) abordar la cuestión dramática en el cine independiente norteamericano. Esta es la cuestión que afecta hoy a las cuatro películas de la parrilla de hoy, que suponen cuatro formas de enfrentar el trauma desde diferentes perspectivas. Life, Animated (Roger Ross Williams) lo hace desde el género documental, siguiendo el recorrido vital de un joven al que las películas de Disney le ayudaron a afrontar su autismo. Creative Control (Benjamin Dickinson), en cambio, plantea un universo distópico -muy en la línea de la serie Black Mirror-, en el que se desarrollan los problemas que las nuevas tecnologías generan en las relaciones humanas. Christine (Antonio Campos), se acerca al drama desde el biopic histórico de la presentadora televisiva, a través de un sofisticado ejercicio narrativo en el que la tragedia se va gestando lentamente, como una olla a presión. Y, finalmente, Joshy (Jeff Baena) aborda el trauma desde la comedia, situando el acontecimiento dramático como punto de partida y desarrollando un viaje que no tiene por objetivo otro que el de su superación.

Life, animated

Life, animated

Empezando por Life, Animated (Roger Ross Williams), resulta cuanto menos curioso cómo el documental -que se construye precisamente sobre el imaginario de Disney- asimila el discurso hegemónico del estudio de animación. Life, Animated no solo se adueña de las películas Disney, sino que construye un relato de superación que interpela abiertamente a las emociones del público, como si fuera una película más del estudio. Que sus directores decidan obviar el resto del espectro de cine animado como, por ejemplo, el producido por Fox (recordar el VHS de Ice Age que asoma en la colección de su protagonista), solamente pone de relieve la necesidad de redondear un discurso que quema todas las naves en favor de conquistar la empatía del espectador. Y vaya si lo consigue. Sin entrar en juicios de valor, el documental de Roger Ross Williams, nominado al Oscar, es tan dulce, emotivo y manipulador como el modelo cinematográfico que lo dinamiza.

Y de la trampa emotiva, a la trampa intelectual: Creative Control (Benjamin Dickinson) podría ser la versión paródica de cualquier episodio de la serie de Black Mirror, de no ser porque parece una película tan pagada de sí misma. En blanco y negro, resulta cuanto menos irónico el cinismo con el que Dickinson arremete contra los publicistas y la sociedad de consumo para haber filmado una película que parece un anuncio de colonia. Estilizada, superficial y protagonizada por un grupo de snobs, todo el debate que plantea Creative Control sobre la perversión del uso de las nuevas tecnologías (unas gafas cuyo funcionamiento no queda del todo claro), se resume en una crítica tecnofóbica que poco tiene que ver con los dilemas éticos o morales complejos.

Una forma distinta de abordar el drama, no exenta de polémica, es la que plantea Christine (Antonio Campos). El biopic sobre la presentadora de televisión Christine Chubbuck, a la que interpreta una inconmensurable Rebecca Hall, se va cargando lentamente de una tensión que termina por desbordar la historia, aunque a Campos parece no temblarle el pulso. Contrasta la poco reconocida interpretación de Rebecca Hall con el tono frío, e incluso por momentos cínico, que parece adoptar la película de Campos, quien no encuentra muchos reparos ni problematiza demasiado a la hora de poner en escena unas de esas imágenes que el tiempo o la historia han preferido no mostrar.

Joshy

Joshy

Y finalmente, Joshy (Jeff Baena), que sitúa el trauma como punto de partida de su relato: después de que la relación sentimental de Josh (Thomas Middleditch) termine de forma abrupta, él y sus amigos deciden mantener la reserva de la casa que habían alquilado para celebrar su despedida de soltero y continuar con su plan previsto, ahora reconvertido en una quedada para apoyar a su amigo. Baena desarrolla sobre este contexto una comedia principalmente verbal, en la que los personajes dinamizan constantemente la narración a través de sus entradas y salidas, un devenir que a veces resulta un poco forzado, pero que no impide a la película encontrar algún que otro destello de humor.


Día 4. Domingo 5 de marzo.

Sobre apariencias y apariciones. My Entire High School Sinking Into The Sea (Dash Shaw), Kicks (Justin Tipping), Kate Plays Christine (Robert Greene) y Another Evil (Carson D. Mell).

La última jornada del Americana. También recibiendo al público desde la pantalla, un tímido Dash Shaw, director de My Entire High School Sinking Into The Sea, que agradecía humildemente la inclusión de su película en el Festival y la presentaba como un blockbuster de animación épico. La definición parecía una locura, pero nada más alejado de la realidad. La delirante versión de El señor de las moscas (William Golding) planteada por Shaw traslada la historia a un catastrófico instituto estadounidense que, incapaz de soportar más peso y construido en un terreno comprometido, se desprende de la tierra firme y comienza a hundirse en el mar. Es entonces cuando el grupo protagonista comienza su frenética huida del edificio, en una aventura de animación para adultos llena de muerte, destrucción y humor ácido. Nada escapa de la comedia irreverente y la crítica mordaz de Shaw: ni el sistema educativo, ni la propia película, que se autodefine como pretenciosa, desorbitada, increíble… Todo eso y mucho más, My Entire High School Sinking Into The Sea se atreve con todo, incluso con la experimentación formal, con unas secuencias realmente alucinadas, no aptas para personas con epilepsia fotosensible, como advertía un cartel antes de la proyección.

My entire high school sinking into the sea

My entire high school sinking into the sea

Del viaje del héroe de My Entire High School al viaje del héroe de Kicks (Justin Tipping). El equivalente de Moonlight (Barry Jenkins) en el Americana, si Moonlight estuviera dividida en capítulos con títulos de canciones de raperos, si su estructura temporal se condensara en un único relato, correspondiente a la infancia de su protagonista, y si éste, además, tuviera visiones de un astronauta y buscara recuperar sus zapatillas de unos peligrosos pandilleros. Por lo demás, idénticas. Y con Mahershalla Ali presente en ambas. En cualquier caso, la película de Tipping (hay que recordar que es su debut en el largometraje) puede resultar sobrepasada por el esteticismo o por la sensación de estar asistiendo a un videoclip protagonizado por raperos afroamericanos, pero relata con buen pulso una historia que despliega los motivos de la venganza y la violencia hasta el extremo. Una violencia a veces sin consecuencias, que desajusta el presunto tono realista o dramático del conjunto.

Kate Plays Christine (Robert Greene) retoma el relato de Christine Chubbuck allá donde lo había dejado la ficción de Christine (Antonio Campos). Y lo hace, en forma de documental, precisamente para problematizar sobre la posibilidad de representar y poner en escena la historia de la periodista. Esta problemática, sobre la que gira el documental, hace que la película de Greene se desvíe del relato histórico para centrarse en el dilema ético y moral al que se enfrenta la actriz Kate Lyn Sheil, encargada de representar a una periodista a la que ni el público ni ella misma terminan nunca de identificar con la Christine real. Kate Plays Christine no es un documental de la reportera televisiva, sino un ensayo sobre el trabajo del actor y los límites de la representación. Antes de su proyección, desde la pantalla, el director de la película, Robert Greene, también presentaba el filme y advertía al público para que no marchara hasta los créditos, porque había una sorpresa. Efectivamente, los últimos minutos de Kate Plays Christine sintetizan y consolidan la interesante réplica de Greene a la Christine de Antonio Campos.

Another evil

Another evil

Y del documental sobre una desaparición, sobre un fantasma, a una película sobre fantasmas y apariciones: Another Evil (Carson D. Mell) era la apuesta de terror de esta edición del Americana. Una película reducida al espacio de una casa, en la que la familia que habita en ella experimenta un encuentro paranormal (nunca un espíritu había sido tan corpóreo) y deciden contratar a un exorcista bastante peculiar después de que el primero consultado (un hippie totalmente opuesto) les dijera que los espíritus que habitaban en su casa no eran malignos, sino benignos. La cosa se complica cuando este profesional de lo paranormal comienza a instalarse en la casa y, con él, la locura. La película de Carson D. Mell, más allá de lo limitado de su puesta en escena, podría ser vista como un retrato de cómo el mal a veces se camufla bajo la forma de discurso dominante, pero tal vez eso sería otorgar demasiado peso a una película que por momentos roza el absurdo, que está obsesionada con los giros de guión y cuyo mayor logro, en teoría, es hacer patente que los monstruos y los fantasmas también pueden buenos. ¿Nadie ha visto Casper?

Sea como fuere, así concluye el Americana 2017, dejando tras de sí un buen puñado de buenas películas a las que lo mejor que les deseo es que lleguen de una forma u otra a nuestras taquillas. Me despido, así, de un Festival tan maravilloso, agradeciendo a todo el equipo que lo hace posible, y con la esperanza de poder seguir disfrutándolo por muchos años más. Y para despedirme, mi palmarés alternativo, ¡y que viva el Americana!

Palmarés personal, independiente e intransferible:

> Mejor Secuencia Psicotrópica: El viaje alucinógeno de My Entire High School Sinking Into The Sea (Dash Shaw).

> Mejor Comedia No Pretendida: Another Evil (Carson D. Mell), por flirtear entre lo ridículo y lo incómodo.

> Mejor Intervención Gratuita: La aparición estelar de James Franco en Goat (Andrew Neel).

> Mejor Guión Original: Andre Hyland por The 4th (Andre Hyland).

> Mejor Actor: Daniel Radcliffe por hacerse el no-tan-muerto en Swiss Army Man (Daniel Kwan y Daniel Scheinert).

> Mejor Actriz: Rebecca Hall por Christine (Antonio Campos) ex aequo Kristen Stewart, por verla comer como nadie en Certain Women (Kelly Reichardt).

> Mejor Fotografía: Christopher Blauvelt por sus retratos del paisaje (y del alma) en Certain Women (Kelly Reichardt)

> Mejor Película: La La Land (Emma Stone). Certain Women (Kelly Reichardt) con mención especial a My Entire High School Sinking Into The Sea (Dash Shaw).

Certain women

Certain women

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