Críticas: Loving

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LOVING - photo 4 Ben Rothstein © Big Beach, LLC

Mirada y compromiso.

Que una película basada en hechos reales no se encargue de dejar clara su naturaleza mediante el cartelito de rigor, es una anomalía, un acto de honestidad, y un evidente síntoma de que la mirada del cineasta en cuestión no es una cualquiera. Esta omisión, tan simple y fácil de llevar a cabo como significativa, conlleva también un ensalzamiento de los valores cinematográficos. Dejando a un lado la terminología, tan banal e insignificante en innumerables ocasiones, no es lo mismo hacer una película a partir de una historia real que hacerla para transmitir un mensaje, para plasmar en imágenes ese relato, para, en definitiva, convertirse en herramienta divulgadora de un documento histórico. Loving, el nuevo largometraje de Jeff Nichols, del cual llegó hace muy poco a nuestras salas -y podría decirse que de forma casi clandestina- Midnight Special, deja bien claro desde su trabajo de escritura que se mantiene al margen de los cánones tradicionalistas, esquivando por completo la manipulación emocional a la que se prestaba lo narrado: la lucha -nunca activa ni política- de un matrimonio interracial, él blanco (Joel Edgerton) y ella negra (Ruth Negga), por vivir en su tierra natal, de la cual son expulsados durante 25 años por la ilegalidad de su casamiento, contraído en la socialmente más avanzada ciudad de Washington. Se narra, en definitiva, la búsqueda de los derechos civiles que les debieron proteger, cuando su único “crimen” fue amarse y traer al mundo un niño mestizo.

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Si bien la denuncia social es inherente al relato, ésta jamás adquiere el peso necesario para anteponerse a las imágenes; la mirada de Nichols posibilita que la gravedad dramática no sea más que un subtexto hasta la conclusión, donde el trabajo realizado da sus frutos y permite visibilizar el cuadro completo, mucho más valioso de lo que uno podía imaginarse a lo largo del camino recorrido. La sutileza con la que está narrada cada escena de la película, identificable no sólo por la elección de los encuadres sino también por un guion que renuncia en todo momento a los golpes de efecto, únicamente se pierde cuando, a través de un montaje paralelo, el cineasta trata de reflejar la dificultad de adaptación a la gran ciudad y establecer sus enormes diferencias con el campo. Afortunadamente, la resolución de la secuencia reactiva automáticamente la sensibilidad que prevalece en cada recoveco de la cinta. Ni siquiera se busca la emotividad a través del amor existente entre la pareja protagonista -sentimiento que vertebra la narración-, pues Nichols opta por mantener una distancia prudencial entre los personajes y el espectador, que responde, en última instancia, al carácter en apariencia rudo pero finalmente introvertido del protagonista, magistralmente interpretado por Joel Edgerton.

Como en toda la filmografía del director de Take Shelter, el hombre -aquí también la mujer, aunque de forma diametralmente opuesta, quizás como resultado del mismo sistema patriarcal del que son/éramos/somos esclavos, bajo el amparo de la ley o fuera de él- se ve obligado a enfrentarse a una amenaza exterior, a la opresión del entorno -mientras en otros trabajos se trataba de una entidad abstracta o sobrenatural, aquí es material: la segregación racial en el estado de Virginia y sus consecuencias en forma de leyes injustas-. Esta distancia insalvable entre lo individual y lo colectivo, obvia sobre el papel pero indudablemente efectiva en la práctica, se representa muy inteligentemente a través de elementos puramente visuales: especialmente cuando la acción tiene lugar en exteriores, la entrada de Richard Loving en escena es registrada desde la distancia, el plano se mantiene estático y vemos cómo el personaje se acerca a la cámara, pasando así de encuadres donde no es más que una parte del paisaje, de la localización, a otros mucho más cerrados, en los que apreciamos la entereza de su rostro mediante primerísimos primeros planos, entrando de lleno en su psicología gracias a la imponente labor de un actor cuya evolución es asombrosa.

LOVING - photo 2 Ben Rothstein © Big Beach, LLC

La clave del éxito de Nichols en tan complicada empresa, por lo inflamable que era el material de partida y por las salidas convencionales del mismo, reside en el respeto que muestra por la historia y sus personajes. El trabajo con el punto de vista es ejemplar, permaneciendo prácticamente siempre a la altura de estos seres despolitizados (como la propia película, más preocupada de la ideología de la imagen que del sustrato activista y judicial de la narración) pero dispuestos a persistir en la lucha por lo que les pertenece. Este compromiso se hace patente con una decisión narrativa de peso: cuando los protagonistas optan por no asistir al juicio que determinará su futuro y la legalidad o ilegalidad de su situación, Nichols apenas se introduce en el juicio para registrar parte del suplico de los abogados -respetando así también su papel en la cinta-, dejando todo lo demás en off. Pese al pequeño cambio de registro tomado, el estilo del joven cineasta estadounidense sigue siendo perfectamente reconocible, y no sería ninguna locura plantear la posibilidad de que Loving sea, además de su película más madura, la más redonda de todas.

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