Festival de Sevilla 2016: Crónica 3: Solo el fin del mundo

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SÓLO EL FIN DEL MUNDO_1

Y Dolan llegó para llenarlo todo. (Puede contener spoilers)

Hoy solo tengo en la cabeza Solo el fin del mundo (Juste la fin du monde), de Xavier Dolan así que si me lo permitís, me entregaré a él y su peli en cuerpo y alma (o al menos voy a intentarlo).

Una voz en off sobre una imagen desenfocada, nos cuenta que, después de una ausencia de 12 años, Louis ha decidido volver. Regresa para anunciar su muerte.

Con esta declaración de intenciones, yo ya he abierto los ojos como platos y el corazón como una ventana para dejarme invadir por una orgía de sensaciones sensoriales y emocionales.

Suena Home is where it hurts de Camille, mientras se suceden imágenes de los preparativos de una comida familiar cualquiera, de un domingo cualquiera, en un pequeño pueblo cualquiera (la forma en que están filmadas las escenas de preparación de la comida me recuerdan irremediablemente a la preparación del gazpacho en Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), de Pedro Almodóvar), y  una madre termina de acicalarse para el regreso del hijo pródigo.

My home has no door

My home has no roof

My home has no windows

It ain’t water proof

Suena un reloj de cuco, deja de oírse la canción (aunque yo ya la tengo presente durante toda la película) y Louis (Gaspard Ulliel), llega a su casa, a su familia. En este encuentro hace acto de presencia la maravillosa banda sonora de Gabriel Yared, y comienzan las miradas, la incomodidad, las expectativas. Notas que hay dos personajes totalmente fuera de lugar y que parecen no pertenecer a esa familia. El propio Louis y Catherine (Marion Cotillard), la mujer de su hermano mayor Antoine (Vincent Cassel). La cámara va de uno a otro, mimándolos y mostrándote como ellos se sienten como extraterrestres. Como peces fuera del agua. Y ambos tienen razones para ello.

Desde el primer momento la rabia de Antoine se palpa, se corta, te traspasa. Es esa rabia que le ha acompañado durante 12 años y que deja escapar como cuchillos afilados a la menor oportunidad. Y esos cuchillos duelen. Sobre todo a su mujer, que aguanta, en estos primeros compases, con estoicidad e impotencia las arrancadas de su marido.

My home has no handles

My home has no keys

If you’re here to rob me

There’s nothing to steal

Xavier-Dolan-Solo-fin-mundo_PLYIMA20160509_0008_1

Empiezan los encuentros de Louis con cada uno de los miembros de su familia como si de estaciones de penitencia se tratasen, salpicados con escenas de la reunión familiar que no consiguen aliviarte el pesar que vas acumulando minuto a minuto.

Primero es el turno de su hermana pequeña, Suzanne (Léa Seydoux), que antes de empezar la conversación con su hermano, y ya con él en su habitación, decide quitarse el maquillaje y el vestido que llevaba puestos y vestirse como lo hace habitualmente. Se quita la máscara exterior para poder quitarse la máscara interior que la lleva atormentado durante años. Suzanne ha crecido sin su hermano pero a pesar ello, o precisamente por ello, le idolatra y le admira. Ha crecido con su recuerdo pero sin su presencia, lo que le produce un dolor enorme y hace que quiera recuperar el tiempo perdido. Ese tiempo que no se puede recuperar, por mucho que quieras, porque ya se ha ido. ¿Por qué has venido? ¿Vas a presentarnos a alguien? ¿Está embarazada?. He venido para veros, contesta él.

Home is not a harbour

Home home home

Is where it hurts

En la cocina, la madre de Louis, Martinne (Nathalie Baye) cuenta las mismas historias de siempre, lo que irrita a Antoine, quien grita y desprecia a su madre. Habla de cómo eran los domingos cuando Louis estaba con ellos, y antes de nacer Suzanne. Las excursiones, los viajes, las reuniones.

Louis empieza a flaquear física y mentalmente. Tiene miedo. Quiere decir lo que ha venido a decir e irse. Pero no va a resultar tan sencillo.

La breve conversación con su cuñada bascula entre un intento de empatía por parte de ella (ya que sabe muy bien lo que significa no sentirse enteramente de la familia), y  los reproches que le hace en nombre de su hermano y que también hace suyos. Louis sigue encajando golpes y escuchando de boca de las mujeres de la familia que lo que le dicen no son reproches. Sin embargo, yo no puedo evitar sentir que utilizan a Louis como el vertedero de sus frustraciones, miedos y rabias y que, por supuesto, son reproches. A estas alturas veo claro que van a utilizarle como si se tratara de un saco de boxeo que, a ojos de su familia, tiene que aguantar los merecidos golpes por sus años de ausencia.

My home has no heart

My home has no veins

If you try to break in

It bleeds with no stains

Su madre empieza pidiéndole perdón por lo abruptos y torpes que se mostrarán sus hermanos. Le recuerda que es el cabeza de familia, aunque no le corresponda por edad, y que debe animar a sus hermanos a que hagan cosas, a que salgan a ver mundo. No le entiende pero le quiere. ¿A qué has venido?, le pregunta. Él no contesta. Se funden en un largo abrazo. Ella habla del futuro y le dice que no es necesario hacer grandes declaraciones. Yo quiero creer que el sexto sentido de las madres se ha puesto en alerta y algo intuye. Y quiero creer que le está diciendo a su hijo: tranquilo, todo va a salir bien. No hace falta que me digas nada porque lo sé. Yo quiero creer que las madres lo saben todo y siempre protegerán a sus hijos. Aunque haga 12 años que no se ven.

Antoine se cierra completamente a su hermano. Le dice que no le interesan las cosas que quiere contarle, que no le conoce, que por eso no quiere compartir las cosas con él. Cree que ha venido para engatusarle pero le advierte de que no lo va a conseguir. Descarga su rabia una y otra vez y termina contándole que su novio de juventud murió de cáncer la semana pasada. Se lo dice con frialdad. Para herirle. Sin saber que lo que le ha dicho, alguien puede decírselo a él dentro de poco.

My brain has no corridors

My walls have no skin

You can lose your life here

Cause there’s no one in

SÓLO EL FIN DEL MUNDO_2

A estas alturas ya estamos tomando el postre. Son casi las 4 de la tarde. Louis empieza diciendo que volverá más a menudo y que escribirá más, que se arrepiente del tiempo que han perdido. Yo sé que está preparando el terreno para decir lo que ha venido a decir. Anima a sus hermanos, como le dijo su madre. Y anuncia que se tiene que ir…ahí es cuando su hermano estalla. En realidad es cuando todo estalla. Empieza el desconcierto, los gritos, los reproches, la locura, yo me ahogo, siento que no puedo más, que la situación se descontrola y ya no hay vuelta atrás, que lo que se diga herirá profunda y eternamente a quien lo oiga, que lo que no se diga quedará sin decirse irremediablemente, es el momento en el que las palabras duelen más que los golpes, y yo me ahogo, y tengo la sensación de que todo a mi alrededor se derrumba, y no sé si voy a poder soportarlo, lo gritos lo llenan todo y el desconcierto se apodera de mí, y estoy a punto de rendirme…

El reloj de cuco da las cuatro y cuatro veces sale el pájaro de madera por su ventanita, como si lo hiciera en honor de las cuatro grandes conversaciones mantenidas por Louis a lo largo del día. Un pájaro se cuela en la casa y vuela aturdido. Cae al suelo. Vuelven a dar las cuatro en el reloj de cuco. El pájaro cae sobre la alfombra. Apenas respira. Pero respira. No sé por cuanto tiempo pero ahora respira. Y yo lo hago con él.

Home is not a harbour

Home has not a hearse

Home is not a harvest

Home home home

Is where it hurts

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