Críticas: Yo, Daniel Blake

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Crítica social, o simplemente crítica.

El decálogo del (mal) cine social:

1 – Genera indignación: estás haciendo cine social; ¡que la gente se indigne con las injusticias que retratas! Da igual el grado de manipulación, da igual lo gruesos que sean tus trazos. Aprovéchate del subrayado emocional y del lugar común: tú has venido a indignar.

2 – Permite el lavado de conciencia: eres una persona comprometida que hace cine de estudio; tu cine está orientado al público occidental de clase media. Permite que formen parte de tu narración. Dales dos horas de indignación para que sientan que están comprometidos y que luchan contra dichas injusticias.

3 – Crea personajes que aludan a la individualidad: Lo que muestras es muy indignante, pero mejor que le pase a una única persona. Que quien se rebele sea un individuo y no un colectivo. Está bien eso del lavado de conciencia, pero no le vayas a meter en la cabeza al público eso de que si se juntan pueden cambiar las cosas. Aquí hemos venido a llorar.

4 – Gánate la empatía del público: Es la segunda parte de la individualidad. Ante todo, que quede claro que el personaje principal es uno solo, para que el público lo acompañe en su recorrido y muera de amor por él. Llegarás lejos con la empatía.

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5 – Los personajes femeninos sufrirán violaciones o tendrán que recurrir a la prostitución: Es un hecho, ¿no? Así que no cambies lo que hay. Si en tu narración hay un personaje femenino, que sufra a través del sexo. Recuerda: LÁGRIMAS.

6 – Mete desahogos cómicos: No te olvides de que respondes ante un estudio. Por encima de todo, la película tiene que funcionar como producto comercial, y ya sabes lo que dicen las sagradas leyes del guion.

7 – Mete escenas cotidianas universales: Da igual que tu drama transcurra en Kazajstán; tú habla de hechos universales. Piensa que lo importante es el público de llegada, no las personas a las que has retratado en el origen, y ese público tiene que entender todo lo que expongas, no vaya a ser que se pierdan o tengan que hacer esfuerzos. De hecho, si no has vivido la injusticia o no conoces la sociedad que retratas, mejor. Tu audiencia te lo agradecerá. Ya vas captando la importancia de la empatía, ¿verdad?

8 – Déjale claro a tu público lo que tiene que pensar en cada escena: La vida es una mierda, ¿no? Pues vamos a demostrarlo. Que tus protagonistas sean cachitos de pan rodeados de lobos hambrientos. No muestres un ápice de bondad en los malos –exacto, son LOS MALOS–, pues te arriesgarás a que el público no tenga claro lo que tiene que pensar. Esto es fundamental.

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9 – Si tu personaje puede morir, mejor: Tu personaje va a pasarse toda la película luchando contra la injusticia que le ha tocado vivir. Si dicha situación es tan fuerte que acaba con él, mejor. No hay mayor sufrimiento que el de ver cómo esa persona, que se ha ganado toda la empatía del público, muere víctima de aquello que quieres denunciar. Que rulen los kleenex –espero que esto no se malinterprete–.

10 – Mete niños en la trama: los niños siempre funcionan. Si quieres hablar de personajes vulnerables, ¿qué hay más descorazonador que un niño que ha perdido su peluche o una niña que no tiene una manta con que taparse? Qué sabrá Hitchcock: tú rueda con niños.

 

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