San Sebastián 2016: Vivir el festival

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Preparados, listos…a Donosti.

No sé si a los que nos gusta el cine se nos nota en la cara o algo así pero nada más llegar a Donosti la pregunta que te hacen, sin que tú hayas despegado la boca, es: “qué, al festival ¿no?”. Pues sí al festival, y de eso vamos a hablar, de lo que es el festival de San Sebastián y de cómo se vive.

En realidad el festival empieza antes de que se llegue a la ciudad. Primero con las especulaciones de qué se verá y qué no, luego con las noticias que la organización se encarga de ir dosificando, para desesperación de la gran  mayoría, y por fin con la publicación de los ansiados horarios.

Y ahí es donde empieza tu drama. Quieres ver 224 películas, que son las que se proyectarán en esta edición, en 9 días. Ya sabes que no puede ser pero te empeñas en conseguir la cuadratura del círculo hasta que por fin asumes que es imposible. A partir de ahí ya puedes empezar a elegir las cintas que tienes intención de ver y así confeccionar tu propio festival.

Por fin estás en Donosti y lo primero que haces es soltar la maleta y dirigirte al Kursaal a retirar tu acreditación (no sea que le salgan piernas y decida irse de pintxos sin ti) donde la organización es impecable y la amabilidad de la gente que te recibe es de agradecer. Todo son facilidades y no dejan gran cosa al azar.

Luego empieza el disfrute. Los principales sitios donde se proyectan las películas para la prensa son teatros, el Victoria Eugenia y el Principal, con lo que la sensación de volver a revivir tus años de cine en las grandes salas de toda la vida (en mi caso las de la Gran Vía de Madrid) es una auténtica maravilla. Es un fantástico viaje en el tiempo para ver CINE. Además también se proyectan películas en los cines Trueba, el Kursaal, los Príncipe, los Antiguo Berri, el Velódromo y Tabakalera.

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Otra de las sensaciones que se recuperan es la de hacer cola para ver una peli. Colas inmensas en las que disfrutas (sí haciendo cola aquí se disfruta) de la charla con los compañeros, y en las que se aprovecha para hablar de lo que vienes de ver, se escuchan comentarios de lo que van pareciendo las pelis que pasan por aquí y un sin fin de cosas más. Incluso, si vas al pase de prensa de las 7 de la tarde en el Príncipe, es fácil que puedas intercambiar opiniones con Pumares de cómo va la cosa esta del festival.

En estos días la ciudad se vuelca con toda esta locura cinéfila. La gente de aquí, vive el festival tanto como los visitantes que venimos a disfrutar de él estos días. Las sesiones para el público se llenan y en los bares y por las calles de lo que más se escucha hablar es de cine y de quién es el actor o director de turno que viene a presentar su película. Verdaderamente se respira cine.

Además todo esto ocurre con una gran naturalidad. Puedes estar comiendo sentado en una terraza tranquilamente y que pasen por delante de ti Alex de la Iglesia, la Maura, Almodóvar (ay, mi Pedro), y un sin fin de internacionales, que también se dejan ver por la ciudad para vivirla y disfrutar del Festival (esperamos tener suerte esta edición, y tropezarnos con la mísmisima Sigourney Weaver). Aquí en las proyecciones a las que asistes es fáci encontrarte como espectadores a actores, directores, productores y lo que haga falta. Yo todavía recuerdo con cariño a Annette Bening, encantadora y siempre sonriente, entre los espectadores de la 61 edición, disfrutando como una cinéfila más de alguna que otra peli que pudo encajar en su agenda. Incluso rizando el rizo puedes ver al mismísimo Carlos Boyero sentado en la sala.

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Desde luego es una experiencia altamente recomendable y que los amantes del cine deberían vivir al menos una vez en la vida. Yo voy por la tercera y os aseguro que merece la pena. Ah, y un último consejo. Si por algún motivo tenéis que abandonar la proyección en el Victoria Eugenia antes de tiempo, como por desgracia a veces la gente hace, tened mucho cuidado con el escalón que hay cerca de la salida…hemos asistido a caídas épicas.

De las pelis y los que nos trae esta edición, ya os hablo otro día.

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