San Sebastián 2016: Crónica 7

Escrito por

Twitter icon

El porvenir

Genialidades y mediocridades en el Zinemaldia.

En un París agitado por las protestas sociales, Nathalie, una profesora de filosofía, tiene que reinventar su vida a raíz de una serie de acontecimientos que se van sucediendo en cascada. Esta es la premisa de El Porvenir (L´avenir), de Mia Hansen-Løve, que ha conseguido este año el Oso de Plata a la mejor directora en la Berlinale por este trabajo. Además de dirigir también es la responsable del magnífico guion.

Nathalie, interpretada magistralmente por Isabelle Huppert, que sabe darle al personaje una profundidad y un recorrido maravillosos, es una mujer casada, con dos hijos y una madre que la tiene sometida a través de sus chantajes emocionales. Su vida es como la de cualquiera. Va a impartir sus clases, tiene publicado un manual de filosofía y una colección propia, dentro de la editorial, para tratar temas relacionados con esta, con su marido está muy cómoda (sí, he utilizado intencionadamente esa palabra), le gusta su trabajo, sus alumnos  y ex alumnos la respetan, y tiene una buena relación con sus hijos. La que le da más guerra es su madre. Ella se ocupa de todas estas facetas y se la ve feliz.

Además, ha decidido no dejarse presionar por las protestas sociales, que en el instituto se traducen en huelgas de estudiantes y piquetes a la entrada del mismo, y reclama el derecho de cada uno a manifestarse o no hacerlo. A decidir libremente. A vivir su libertad como mejor le parezca. Y eso es lo que le va a tocar hacer a ella a medida que avance la historia.

Según nos adentramos en la película, Nathalie, va perdiendo casi todas esas cosas de las que se ocupaba y por las que se preocupaba. Y a pesar de que las situaciones son inesperadas, ella va reaccionando una y otra vez con una calma y un aplomo que te dejan pasmado. No hace dramas de lo que le va pasando, ella se limita a ir solucionando todo lo que le sucede con mucha practicidad. Se va dejando llevar por los acontecimientos calmadamente, sin estridencias.

En un momento determinado de todo este maremágnum se da cuenta de lo que le pasa: se siente liberada, como si le hubieran quitado un peso de encima. Después de muchos años de vivir preocupada por mil cosas, ahora se siente libre y tiene que decidir qué hacer con esa libertad. Y lo hace.

En una de sus clases de filosofía habla de la sustitución del placer carnal por el imaginario, de que la esperanza de ser feliz hace que sigas adelante. No os voy a desvelar si ella opta por este camino o por otro porque aquí lo importante es que ella adquiere la consciencia de que tiene toda la capacidad de decisión y la libertad para llevar a cabo lo que sea que decida hacer. Una lección de filosofía y vida que Mia Hansen-Løve nos transmite a través de toda la película de manera magistral.

La película se cierra con Unchained melody, en la versión de The Fleetwoods.

“Lonely rivers flow to the sea, to the sea

To the open arms the sea yeah

Lonely river sigh wait for me ,wait for me

I’ll be comin’ home wait for me.”

Jesús

Jesús

Ni tan bien ni tan mal sino todo lo contrario, me ha parecido Jesús, del chileno Fernando Guzzoni, quien regresa al Festival tras ganar el Premio Kutxa-Nuevos Directores en 2012 con su primer largometraje de ficción, Carne de Perro, compite en esta edición en la Sección Oficial por hacerse con la Concha de Oro y, sinceramente, creo que pocas posibilidades tiene (ahora va y gana, y a mí  me da algo. Ya os comenté en las previas del Festival que esto de los premios es peliagudo). ¿Sabéis esas películas que las ves y cuando terminan piensas “vale, pues ya la he visto”? Pues eso exactamente es lo que me ha pasado con Jesús.

El argumento, a priori, resultaba interesante. Un adolescente desorientado que tiene una relación extraña con su padre y que en una noche de desfase con sus colegas se ve envuelto en un incidente que hará que su entorno tenga que posicionarse en lo que respecta a sus relaciones interpersonales. El problema es que la introducción de la historia, que debería ponerte en situación, resulta insulsa. Tú transitas por la historia como un fantasma, sin sentir ni padecer ni empatizar con el chaval. Así llegamos “al incidente”, que se produce por pura diversión, por puro descontrol en una noche de farra. Yo no percibo que haya un trasfondo de odio profundo, ni nada similar, simplemente sucede. Y cuando el protagonista es consciente de lo que ha ocurrido acude, primero a sus amigos y luego a su padre y así llegamos al desenlace. Los amigos, en los que él se apoya, no le responden como él esperaba que lo hicieran y al acudir al padre, este reacciona egoístamente.

A mí todo este viaje me deja igual que cuando lo empecé. Es una peli que no aburre pero no logra  hacer que me interese, que no profundiza en las relaciones que tiene el protagonista con su entorno, que no emociona, que no es visualmente potente, que no sorprende, que no te aporta nada. Pero ahí sigues viéndola. Todo se me hace superficial y puede que esa sea la intención del director; la de retratar la superficialidad de la vida, lo insulso de la existencia, el vacío de las relaciones. El problema es que lo hace tan desapasionadamente que no consigo conectar con su historia, que no la siento, que no me incomoda, y eso, en una peli como esta, para mí es fundamental. Si mi único pensamiento es “bueno, pues ya la he visto”, creo que algo falla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *