San Sebastián 2016: Crónica 1

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La fille de Brest

Primera crónica desde el 64SSIFF.

Pues aquí estoy dando el pistoletazo de salida a esta 64 edición del Festival de San Sebastián, que más que pistoletazo ha sido un poco gatillazo, la verdad.

Abría la jornada, inaugurando el festival La doctora de Brest (La fille de Brest) de la realizadora Emmanuelle Bercot, película que compite en Sección Oficial y que está basada en el libro “Mediator 150 mg.”, de Irène Frachon. La historia es real y el libro está escrito por la protagonista del asunto, la doctora Franchon que es neumóloga en el hospital de Brest y descubre la relación que existe entre el medicamento Mediator y las cardiopatías que produce en las personas que lo toman. El medicamento en cuestión se comercializa, en un principio, para tratar la diabetes pero se receta como saciante en casos de obesidad.

Lo que es una gran historia sobre el papel, la lucha de una doctora contra todo el sistema de farmacéuticas, apoyada por algunos colegas y su familia, y la puesta en jaque de los sistemas de alerta en el sistema sanitario francés respecto a los efectos secundarios de los medicamentos, no llega a buen puerto. Había material para hacer una peli redonda, no solo por el tema farmacéutico-sanitario sino por todo el tema humano que estas cosas siempre arrastran. La gente muere por fallos en el sistema, por la burocracia, por el ánimo de lucro de unos pocos (o muchos), porque no hay peor ciego que el que no quiere ver….por mil motivos que se podrían evitar. Y si consiguen sobrevivir, quedan con enfermedades crónicas y lo que eso conlleva. Pues con todas estas armas, Bercot no es capaz de dar con la tecla que despierte tu interés. No me resulta interesante como plantea la lucha de una persona, que en ciertos momentos parece enfermiza, contra todo y contra todos. Tampoco hace que me interese la batalla con la farmacéutica, que queda desdibujada. Y lo que es más grave, trata de soslayo lo que supone para las personas verse en una situación así. No profundiza lo bastante en la parte humana, salvo para dar algunas pinceladas emocionales aquí y allá,  y pasa de puntillas sobre el tema; para eso que ni lo hubiera planteado. Creo que si te planteas hacer una película de “calado social” (no me gusta la expresión pero ahora mismo no se me ocurre otra para hacerme entender) tienes que mojarte y tirarte al barro, no quedarte en la superficie. Y ese es el problema que yo le veo a la película, que se queda en la superficie. Eso sí, a destacar la buena interpretación que hace de la doctora Frachon, la actriz danesa Sidse Babett Knudsen que ya conocemos de la serie de televisión Borgen o de The duke of Burgundy (2014) , por citar dos trabajos suyos que me encantan, que nos deja varios momentos para recordar. De lo poco disfrutable de la cinta.

Toni Erdmann

Toni Erdmann

Lo que tiene empezar así el día es que desde ahí solo cabe mejorar. De hecho comentábamos en uno de los corrillos de charleta post película, que últimamente la película inaugural no nos parecía que estuviera a la altura de lo que creíamos que debía ser la primera proyección del Festival, pero bueno, ese es otro cantar.

Al rescate llegó la sección de Perlas que nos trajo la estupendísima Toni Erdman de la alemana Maren Ade, que sí ha sabido dar con la tecla (más bien con el piano entero) para hacerte disfrutar de una película que “engaña”. Me explico con lo de que engaña porque en realidad lo que hace es de una gran inteligencia. A través de la comedia, con momentos de auténtica carcajada delirante, es capaz de mostrarnos la crudeza de la relación entre un padre y su hija, la crudeza del mundo laboral para la mujer, la crudeza de cómo vivimos la vida, lo duro que resulta interpretar un papel para sentir que encajas, que no estás solo.

La protagonista es una ejecutiva alemana de cierto éxito afincada en Bucarest. La relación con su padre es difícil y la incomunicación entre ambos parece insalvable y la sientes a través de la pantalla, hasta que el padre encuentra la forma de intentar comunicarse con ella: a través del humor. Pero no un humor cualquier, le gasta bromas pesadas. Si tienes que comunicarte con tu hija gastándole bromas pesadas es que la cosa no anda muy bien, así que Winfried, el padre de la criatura, se inventa un personaje, Toni Erdman, que será el encargado de intentar salvar la relación paterno-filial.

A medida que Winfried va sometiendo a Ines a situaciones totalmente ridículas, dando pie a equívocos descacharrantes, ella va adquiriendo consciencia de que su propia vida es tan ridícula como esas situaciones; de que no es feliz; de que no sabe para qué vale la pena vivir. Al final Ines opta por seguirle la corriente a su padre y entra a formar parte del absurdo del mundo creado por Toni Erdman. Y es en ese mundo irreal y absurdo, donde empiezan a tener una relación. Empiezan poniéndose una careta para representar un papel y, cuando son capaces de quitársela, queda la verdadero, lo real. El gran bofetón nos llega cuando comprendemos que todos llevamos una careta, que formamos parte de un gran carnaval y que hay que tener mucho coraje para dejarse la cara al descubierto.

Porque lo que hace Made Aren va más allá de hacer un retrato desgarrador de la familia, hace un retrato desgarrador del mundo con una maestría y una inteligencia que hace que tú estés viviendo en ese carnaval, durante buena parte de la película, sin casi ser consciente de ello, como ocurre en la vida, y entre carcajada y carcajada, te cae el jarro de agua fría.

Es una obra más que notable, perfectamente compuesta y que te sacude con fuerza una vez que las risas se acaban.

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