Críticas: No respires

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Stephen Lang stars in Screen Gems' horror-thriller DON'T BREATHE.

¿Quién anda ahí?

Que el género de terror se aleja cada vez más de los lugares comunes de las posesiones, fantasmas, seres sobrenaturales y sustos varios dirigidos por el aumento inesperado del volumen musical, es un hecho que desde hace unos años ha provocado que prácticamente cada año tengamos en las pantallas una o varias películas que “ascienden” de la categoría siempre minoritaria del terror puro y duro y experimentan con la mezcla de géneros y la narrativa audiovisual. Si el año pasado llegaban a las carteleras propuestas tan interesantes como It Follows o Babadook, este año hemos tenido ejemplos como Calle Cloverfield, 10, Green Room o la que nos ocupa en estos momentos: No respires.

Todas ellas tienen en común esa mezcla de géneros de la que hablaba, esa fina línea que separa el terror del thriller psicológico y sociológico, y la concepción de historias en las que, aun valiéndose de aspectos sobrenaturales en alguna de ellas, cualquier espectador puede sentir un miedo real. No vamos a entrar en deliberaciones de si los fantasmas, los demonios o los reptilianos existen y nos dan un susto de muerte, que obviamente habría que tener mucha sangre fría para no sufrirlo, pero el terror real proviene de situaciones que puedan sucederle a cualquier persona. ¿Y qué hay más terrorífico que ver tu espacio invadido por extraños?

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La premisa de No respires es tan simple como la de unos ladrones que deciden entrar en la casa de un hombre ciego para robarle. Tan fácil como eso. Pero la casa en cuestión no tiene nada que ver con las que están acostumbrados a robar. No existen espacios abiertos ni grandes estancias en las que puedan revolver para encontrar dinero. Se trata de un inmueble laberíntico y desvencijado en el que, para ponernos en situación adelantándonos que las cosas no van a ser tan fáciles como los protagonistas piensan, el director Fede Álvarez recorre parte de la casa invadida con un espectacular plano secuencia con el que se va deteniendo en los objetos que más tarde formarán parte del infierno en el que se verán inmersos. Puede parecer a priori una decisión errónea que desvele sin pudor aspectos clave de la trama, pero nada más lejos. La jugada de Álvarez es la de confundirnos, hacernos esperar situaciones que no se presentan mientras somete a sus protagonistas a un juego del ratón y el gato en el que cada movimiento, cada respiración puede acabar con sus vidas.

La tensión que invade la casa gracias a la atmósfera que se crea con la fotografía asfixiante de Pedro Luque, a los primeros planos y sobre todo a la inquietante presencia de Stephen Lang, ahoga sin piedad a sus ocupantes al mismo tiempo que al espectador, que sufre con ellos esa misma angustia. Tampoco es casualidad que, de nuevo, la ciudad de Detroit sea la elegida para situar la acción de No respires. Esa decadencia tan abrumadora que presenta un entorno que antaño fue la cuna del crecimiento industrial norteamericano, la convierte en el escenario perfecto para contar historias en las que sus protagonistas llenan el hastío permanente de sus vidas tratando de sobrevivir de la única manera que pueden. La falta de oportunidades para los jóvenes, la nostalgia de la pérdida para los mayores que se aferran a una vida que tuvieron y que ya no volverá, y la conformidad de quienes no ven más allá de lo que la bancarrota ha dejado, le sirven a Álvarez para definir a sus personajes. Al mismo tiempo, las ruinas de la ciudad y los barrios residenciales completamente abandonados crean esa sensación de indefensión aun fuera de la casa.

Dylan Minnette stars in Screen Gems' horror-thriller DON'T BREATHE.

Aun sin personajes psicópatas o asesinos en serie, No respires acaba siendo un slasher y como tal no está exento de algún giro inesperado que no termina de encajar en el desarrollo de la historia. Pero en definitiva se trata de un film que renueva tanto la concepción del slasher como del home invasion, y que ofrece además un guion con el que prácticamente todas las situaciones que se presentan tienen una justificación con la que además se plantea un conflicto moral en el que es difícil delimitar por cual de los personajes sentir plena empatía.

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