Críticas: Star Trek. Más allá

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Star Trek. Más allá (Star Trek Beyond) (Chris Pine) - portada

¿La unión hace la fuerza?

Tal vez a muchos espectadores nos guste extrapolar los discursos o proposiciones de algunas películas a un entorno cercano y espectro sociopolítico, como si todo objeto tuviera que transcender más allá de su forma e interior. El libreto de Simon Pegg, Doug Jung, Roberto Orci, John D. Payne y Patrick McKay establece un interés por desarrollar los conflictos con los que toda raza ha de enfrentarse cuando la guerra llega a su fin y comienza el ansiado tiempo de paz. ¿Las especies pueden llegar a ser completamente pacíficas o están condenadas a la necesidad de ceder a su beligerancia como parte de su supervivencia? ¿Se puede vivir bajo ese cambio de perspectiva si éste se produce o las treguas son simplemente meros intervalos dentro de un ciclo en el que siempre surgirá la discordia? ¿Si creamos a una generación tras otra de soldados cómo podremos detenerlos para que no sigan haciendo aquello por lo que nacieron? La dicotomía es evidente: luchar para salvar vidas o para quitarlas. Sobre tal fundamento podemos intuir que toda sociedad ha de cambiar para evolucionar, mejorar para establecer y propagar esa nueva instaurada filosofía en todo el universo sufriendo muchas veces contratiempos. Obligatoriamente, es cuestión de tiempo levantarse a cada golpe recibido para seguir adelante con esa senda moral. El sentido de la Federación de Planetas Unidos desea enfocar una nueva era para la humanidad no exenta de inconvenientes, manzanas podridas y peligrosas trabas que pueden dinamitar todo lo conseguido. Pero los discursos metafísicos en el film de Justin Lin brillan evidentemente por su ausencia más allá de su mera proposición, relegando su pulpa más filosófica por y para Spock. Añadiendo esas pequeñas dosis el conflicto dialéctico entre héroes y villanos, existe también en el libreto un razonamiento sobre la unidad como nuevo fundamento de supervivencia. ¿La unidad nos hace más fuertes? En este punto se puede instaurar un mitin sobre las bondades del socialismo aunque la cinta del director de una de las grandes gemas de Community [Modern Warfare (1×23)] tampoco trata de articular un tratamiento político a sus tramas, simplemente construir un entretenido y funcional blockbuster sobre la camaradería que aporte otro tipo de condimentos a la nueva saga iniciada por Star Trek (2009). Y que nadie dude que las intenciones de Star Trek: Más allá no van ir más lejos de confeccionar ese funcional pasatiempo conocedor de no superar el nivel mostrado por J. J. Abrams en las dos cintas que han abierto la nueva vía para una saga.

Star Trek. Más allá (Star Trek Beyond) - Sofia Boutella, Simon Pegg (Jaylah, Scotty)

Quizás los fans de la serie clásica original (o de Star Trek: La nueva generación) echaban en falta el espíritu de la serie televisiva y las intenciones, tanto del libreto como de la dirección de Justin Lin, son retornar a esa frontera primigenia de los personajes creados por Gene Roddenberry. No obstante, las actuales sagas espaciales del séptimo arte tienen ya el sello e influjo de Abrams como ese nuevo Spielberg del cine comercial estadounidense. Se trata de entablar también, tanto en la apuesta visual como estética, un discurso sobre el tiempo y que lo vintage puede seguir a pleno rendimiento sin importar el paso y peso de los años. Interesa, por lo tanto, el acercamiento de la propuesta a un tono pretendido y emocional surgido por el adiós de Leonard Nimoy. En todo momento se nos recuerda que el Embajador Spock ha muerto, que su descendencia’ (focalizada en Zachary Quinto) tendrá que tomar los mandos de su recuerdo y viajar más allá de las fronteras de nostalgia. Lin es conocedor que la mejor manera de homenajear el icónico actor no es a través de sus aportaciones previas en la nueva saga sino conectar directamente con una imagen (que recordemos vale más que mil palabras) con ese espectáculo que en cierta medida revolucionó la historia de la televisión y la cultura popular desde entonces. Esa frontera emocional y aventurera es aquella a la que realmente se enfrentan el equipo creativo, artístico y técnico, sabiendo que están tratando de instaurar un nuevo objeto dentro de una franquicia de culto y, al mismo tiempo, conseguir que encaje en los mecanismos y engranajes de la gran industria. Star Trek: Más allá quiere ser en todo momento una película que sea capaz de combinar ese espíritu retro y de aventuras de la propia serie frente a los resortes en los que actualmente se mueve el mainstream. Hay ciertos elementos que nos remiten a otras exitosas proposiciones como por ejemplo Jaylah, un personaje que da la impresión de unir a Rey de Star Wars: El despertar de la Fuerza con Neytiri de Avatar. Incluso existen reminiscencias en Yorktown y todo el arco final de la película respecto a Xandar de Guardianes de la Galaxia. El director de algunas de las entregas de la saga Fast & Furious aprovecha también para rentabilizar su filmogrfía volcada al espectro de acción reciclando ciertas imperfecciones del cine bastardo de explotación (Torque: Rodando al límite) junto a una amalgama de lugares comunes dentro de la ciencia ficción. Ese sumatorio de partes ya conocidas y divisadas sirve para estructurar y construir una frontera fílmica finita y accesible con combates siderales, acción física, persecuciones e incluso un conato de una ‘monster movie’ dentro de una nave espacial. Pese a todo, la cinta de Lin no revela ser demasiado sólida en sus múltiples lagunas de guion (y algunos absurdos argumentales), permitiendo cierto destripe de la audiencia en algunas de sus descuidadas decisiones técnicas para una superproducción de 185 millones de dólares. Tal vez al film no le importe desatender su carcasa o ceder ante lo previsible que habita en todo gran y rimbombante clímax de unos fuegos de artificio, aunque realmente aquello que interesa es el desarrollo de los personajes y la impresión de dotar de sentido el libreto respecto a los conflictos y temas planteados.

Star Trek. Más allá (Star Trek Beyond) - Zachary Quinto (Spock)

De este modo, no importa la propia y elaborada secuencia cinemática repleta de tensión y golpes de efecto sino que los personajes se muevan respecto a ese discurso sobre la unidad y la transformación del villano como parte de un recurso tan consecuente en la producción audiovisual actual. Pero incluso sobre tal material, Star Trek: Más allá trata de establecer una parcela dramática para el tratamiento de la aceptación de Spock sobre la muerte de su ‘yo’ de un futuro alternativo, como si las muchas vidas vividas por el embajador (Leonard Nimoy) instituyeran un componente que se contrapone a la necesidad del antagonista de seguir existiendo como un vampiro que se alimenta de otros. El miedo a la muerte establece la propia supervivencia, nos recordaba Bones, y la transformación física de Idris Elba es parte también de ese sentido alegórico de la pérdida de la humanidad en nueva condición bélica y monstruosa. Su enjambre revela su punto débil respecto al leitmovit de la Federación (la unión hace la fuerza), resultando sugerente que el punto débil del villano sea establecido en las individualidades de su feroz ejército frente al sacrificio y cooperación de la tripulación de Kirk. ¿La música amansa a las fieras o, directamente, acaba con ellas? Aunque en una resolución un tanto irónica y con pulpa de Serie B (a lo Mars Attacks!) surge otro elemento atractivo como la perspectiva ante el tiempo. ¿O es que alguien se atreve a dudar que ‘Sabotage’ de Beastie Boys será considerado música clásica en 2263? No obstante, en ese acercamiento emocional surge el propio conflicto de la industria amparada en el arte de la replicación, siendo un tanto incoherente recrearse en el tema original de los neoyorquinos cuando lo consecuente hubiera sido una versión adaptada a los gustos de esta ‘nueva’ época. Es posible que la secuencia que mejor sintetice todos esos elementos contradictorios, que enfrentan a lo nuevo con lo viejo, sea la reconstrucción final del Enterprise. El cine, finalmente, es el elemento para conciliar el homenaje con la vía para traer de vuelta y resucitar a cualquier icono olvidado o maltratado por el tiempo. Y el tiempo nos castiga a todos, menos a los clásicos que podrán ser exhumados, puestos a punto y seguirán surcando los cielos… Y, en los márgenes de un inminente cincuenta aniversario de la franquicia, esa combinación de melancolía por la muerte del Embajador Spock (e implícitamente Anton Yelchin) se fusiona con la celebración de la vida en el cumpleaños de Capitán James T. Kirk (y de la propia saga). De nuevo, el choque entre la vida y la muerte, entre el legado y la extinción. A tal conflicto se suma el intento de plasmar una metáfora de adicción de esos personajes que conecte con la audiencia para seguir alzando la cabeza, buscando en esa resplandeciente e infinita oscuridad no muy lejana todo un espacio no explorado que también conforma la sala de cine. Y ya sabemos cómo funciona esto: hasta el infinito y más allá.

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