Atlantida Film Fest: Thank you for bombing y La extranjera

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Thank you for bombing

Extranjeros en el Atlantida Film Fest.

Thank you for bombing por Pablo Vázquez Pérez

Viena-Sarajevo-Kabul es un itinerario desde la paz hasta el infierno. Son paisajes devastados en guerra que los corresponsales extranjeros ven casi de la misma forma que los espectadores cuando miramos los informativos. En un gran plano general de un hotel afgano, se muestra que todas las terrazas están ocupadas por locutores de distintos canales y agencias informativas, de espaldas y con sus operadores de cámara enfrente, para grabar el video con el que darán su versión de los hechos acontecidos, quizás la misma en todos los casos.

Thank you for bombing es el tercer largometraje de Barbara Eder, realizadora austriaca de músculo narrativo norteamericano. El segundo de ficción que realiza y coescribe después de un documental y varias series televisivas. Su lenguaje audiovisual está influido por lo más acertado y también por lo más contaminante de ambos medios, aunque siempre llevado con solvencia y ritmo. Es un film construido en tres episodios con diferentes protagonistas. Un corresponsal europeo, en los sesenta y varios, al que quieren jubilar sus jefes. Una periodista norteamericana, muy ambiciosa, en la treintena, hostigada sin disimulo por ser mujer. Y en el tercer capítulo un irresponsable y cobarde  presentador, cuarentón, dispuesto a conseguir sus noticias de impacto sin importarle los fines.

La calidad de las historias decrece según avanza el metraje, siendo más breve y mejor la primera, que sucede en un aeropuerto vienés y supone todo un ejercicio de estilo sobre cómo utilizar un lugar tan amplio como claustrofóbico, con buenos toques de intriga y un poso evocador dramático sobre la guerra de los Balcanes. Las dos siguientes tienen algunas imágenes que critican con acierto el universo entre bambalinas de los noticiarios. Los tres episodios componen un producto comercial exportable al que le hubiera venido bien algo de la poesía de Antes de la lluvia.

La extranjera

La extranjera

La extranjera por Yago Paris

El apocalipsis está aconteciendo. Zombis colapsan las calles, cuerpos de caras difuminadas y aparatos electrónicos cosidos a las manos. Verano, calor perpetuo, insolación digital. Gentrificación, política económica cortoplacista y parches que simulan una solución al problema. El apocalipsis ha llegado a Barcelona y la decadencia del turismo de masas asola sus calles. La extranjera (2015), de Miguel Ángel Blanca, es una experiencia sensorial que nos traslada a una realidad muy actual mediante el uso de las herramientas que definen el ahora. En la era de la imagen digital, del pixel como unidad de masa, el director se aprovecha de las facilidades de la multiplataforma para elaborar un discurso sobre el enfoque actual del turismo, que ha saturado a la ciudad catalana y la ha sumido en un colapso.

Grabaciones de cámaras de seguridad, Google Maps, grabaciones improvisadas de lo que espontáneamente sucede en las calles, tanto de día como de noche, todas estas secuencias de realidad se complementan con una pequeña trama de ficción, que funciona como una suerte de metáfora de la propia Barcelona y el maltrato que está sufriendo por parte de quienes ostentan el poder. La ciudad, como su gente y quienes vienen de visita, son una mercancía que se mueve de un lado a otro para generar ingresos. Títeres como las mujeres de ese siniestro casting que aparecen de vez en cuando en pantalla, con las caras tan difuminadas como los turistas de Google Maps, igual de zombificadas, obedeciendo sin plantearse nada. Hordas de gente que camina, que sólo camina, que se mimetiza entre sí en el sentido de la pérdida de todo ápice de personalidad. El apocalipsis está aquí, está en Barcelona, y Miguel Ángel Blanca lo ha rodado con escasez de medios, las ideas bien claras y el virtuosismo propio de quien es capaz de hablar del ahora con las herramientas del ahora sin caer en el ridículo.

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