Filmadrid 2016: Crónica 4

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Empezando la segunda semana del festival.

La única proyección del lunes a la que este crítico pudo asistir a la de las 21:30. A esa hora comenzaba el pase de Roundabout in my head (2015), documental argelino que capta la vida que se desarrolla en un lugar tan acostumbrado a la muerte como es un matadero. Su autor, Hassen Ferhani, se interesa por las relaciones que se establecen entre las personas que conforman este particular universo, que el autor suspende en una burbuja de tiempo. El autor no abandona esta localización, pero a través de los personajes se descubre buena parte de las pulsiones que mueven a la sociedad argelina. El machismo y la segregación entre hombres y mujeres provocan que estas no aparezcan en pantalla, a pesar de ser un elemento recurrente en las conversaciones que se establecen entre los integrantes de este microcosmos. Junto a este asunto, una juventud sin futuro que se plantea seriamente el suicidio como salida, especialmente al comprobar que la Primavera Árabe, de la que Argelia no fue partícipe, ha dejado a los países implicados en las mismas o peores condiciones, por lo que plantearse una revolución similar en este país no es una opción que la ciudadanía contemple.

El autor retrata los ambientes en los que habitan sus personajes, y para ello usa planos fijos de composición frontal, que buscan la lejanía y la carencia de implicación. Un intento de alcanzar la objetividad y la captación espontánea de la realidad, lo que acerca este trabajo de composición fotográfica a la filmografía de Ülrich Seidl (En el sótano, 2014). A este recurso se le suma el del primer plano, con el que el director parece buscar un acercamiento a sus personajes, como si hubiera una separación entre el trabajador (plano general) y la persona que habita en su interior (primer plano). Sin embargo, esta separación dista de ser total, y el resultado global pone de manifiesto una cierta arbitrariedad en una puesta en escena por otro lado llamativa. De este irregular trabajo, en el que la forma no termina de decidir qué tipo de película quiere ser y el fondo no pasa del lugar común de mostrar lo jodida que está la situación en esta nación, lo más destacable resultan esos esporádicos destellos de autenticidad que estos personajes regalan al público, instantes de pura vida que traspasan el fotograma y encandilan con genuina naturalidad.

Mother

Mother

La sesión del sábado arrancó en el Cine Paz con la proyección de Mother (2016), película eslovena firmada por Vlado Skafar, quien estuvo presente en el coloquio posterior. Esta cinta de ritmo parsimonioso relata uno de los conflictos más universales del ser humano, como es el de las tensas relaciones que se establecen entre padres e hijos. La esquemática trama plantea un desencuentro entre una madre y su hija, que apenas coinciden en el espacio y nunca en el mismo plano. Obra de silencios que gritan realidades y de las palabras huecas que los rodean, el director esloveno cuece a fuego lento un planteamiento que sólo de esta manera puede dar los frutos anhelados. Madre e hija no cruzan una sola palabra en toda la cinta, y sin embargo Skafar transmite absolutamente todo acerca de esta relación. Para ello se vale de inteligentes planos simbólicos y oraciones de poética lapidaria impresas sobre el fotograma. El conjunto resulta algo más disperso de lo óptimo, pero nada de esto impide el sobrecogedor final de la película, en el que una clarividente puesta en escena transmite todo lo que esta historia necesita. Tras el desencuentro llega la crisis, y de ella nace una maniobra de acercamiento por parte de la hija, quien esta vez toma las riendas de la situación. El árbol –elemento simbólico de este relato–, que ha crecido bajo el cuidado de la madre, ha muerto, pero es ahora la hija la que toma el relevo. Quizás el árbol nunca se recupere, nunca vuelva a brotar, pero es la joven la que tiene en su mano que esto ocurra.

The Event

The Event

A la película eslovena le siguió un documental de financiación holandesa-belga pero autoría ucraniana. Sergei Loznitsa es el responsable de The event (2015), obra que relata cómo se vivió en Ucrania el intento de golpe de Estado que sufrió la URSS en 1991 y que dio paso a una progresiva reconversión hacia un sistema capitalista, con Boris Yeltsin a la cabeza. La película se construye exclusivamente a base de material de archivo; concretamente, filmaciones de los sucesos que tuvieron lugar en las calles del país. El director prescinde de contextualización y voz en off, y se sumerge en lo que motivó a la gente a salir a las calles a protestar, en el ambiente que se respiraba en esas fechas y en cómo las mareas de gente se fueron armando de manera improvisada, entre el desconcierto, la indignación y la rabia liberada tras innumerables años de represión. El autor dedica al gobierno central los fundidos a negro, que sirven para aplicar las elipsis espaciotemporales que el relato requiere. Junto a la pantalla oscura suena el ballet de El Lago de los Cisnes, una referencia a la maniobra de comunicación que el Estado llevó a cabo: ante la incertidumbre de tal situación, se optó por programar en bucle tal ballet en radio y televisión, siendo esta la información que todo el país recibía. Ballet y oscuridad. La inteligencia de Loznitsa para articular un discurso denso, que se aleja de la contextualización y presta toda su atención al retrato del movimiento ciudadano, sumado a los metafóricos fundidos a negro y a una selección de imágenes cargadas de simbolismo, hacen de esta una obra potente, rigurosa en su estudio periodístico y lúcida en su capacidad para plasmar los sentimientos del momento.

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