Festival de Cine Alemán: Crónica 3

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Dos buenas sorpresas en el tercer día del Festival.

La primera película de la que os hablaremos hoy es Yo y Kaminski (Ich und Kaminski, 2015) de Wolfgang Becker, que nos ha ganado por varios motivos que se resumen en: buena historia, buenos personajes, un reparto magnífico y un humor del bueno. Con estos ingredientes es difícil fallar.

La película está protagonizada por Daniel Brühl y Jesper Christensen que conforman un tándem perfectamente engranado y cuya buena sintonía traspasa la pantalla. El primero ya trabajó con el director en Good bye, Lenin (2003) y en esta cinta borda el papel de Sebastian Zöllner, un periodista pomposo y engreído venido a menos, tanto en lo personal como en lo profesional, y que quiere ganar fama y dinero escribiendo la biografía de Manuel Kaminski, un pintor vanguardista y ciego, del que ya casi nadie se acuerda, interpretado por Jesper Christensen. A este último le recordamos de algunas películas de Lars Von Trier como Melancolía (2011) y Nymphomaniac (2013) o de la serie de televisión The Legacy (Arvingerne), serie que curiosamente también está relacionada con el mundo del arte.

Pero no solo son interesantes sus protagonistas sino todos los secundarios que los acompañan y arropan durante el viaje que inician los personajes centrales. A saber, Amira Casar, Denis Lavant, Jördis Triebel, Gerladine Chaplin, Brunno Cathomas…como veis con estos mimbres, era difícil que la cosa saliera mal.

La película está divida en 8 capítulos por los que va transitando la historia de los protagonistas. Sebastian embauca a Kaminski para realizar un viaje con la excusa de encontrar a su amor de juventud, que él creía muerta hace años, pero cuyas verdaderas intenciones son aprovecharse del pintor para escribir su biografía y desenmascarar lo que él considera un fraude. Todo esto da lugar a todo tipo de situaciones cómicas incluso desde antes de la partida (la escena de la cena en casa de Kaminski a la que asisten el propio pintor, su hija, unos amigos y Sebastian no tiene desperdicio) y nos muestran a un Brühl con una bis cómica brutal. Además de resultar el típico metepatas, tiene unas maravillosas ensoñaciones y es capaz de crear mentalmente sus propias conversaciones con la gente con la que interactúa.

Durante el viaje, las cosas van cambiando y Sebastian se encariña con Kaminski y lo que antes parecía tan importante, ahora resulta que no lo es tanto. Al viaje físico, su une el viaje de los personajes en su crecimiento personal, sobre todo el de Sebastian. En resumen es una gran comedia, que aunque en momentos puntuales pierde un poco de fuelle, es totalmente disfrutable.

En el coloquio posterior a la proyección (este sí lo pillamos), su director nos cuenta la manera tan curiosa en la que llega el proyecto a sus manos. La peli se basa es un libro de Daniel Kehlmann, con el que coinciden él y Daniel Brühl en los camerinos de un programa de televisión austriaco durante la promoción de su anterior film Good bye, Lenin. Kehlmann le regala un ejemplar de su libro y en ese momento con el jaleo de la promoción lo deja olvidado y lo retoma 10 años después, pensando que sería más fácil adaptar una novela (hasta entonces solo había trabajado con guiones originales) para terminar dándose cuenta de que estaba muy equivocado. Por el camino surgieron infinidad de dificultades, la mayor de ellas el abandono de la coproducción gala, que dejó parado el proyecto un año, pasando por la filmación y edición de todas las imágenes artísticas que podemos disfrutar en la peli.

No obstante, nos asegura que a pesar de todo disfrutó muchísimo del proceso de rodaje y se sintió muy afortunado por poder trabajar con unos actores tan maravillosos, aunque a veces sus papeles sean pequeños. Él destaca la escena en la que aparece Geraldine Chaplin, no solo por ella sino por los otros tres actores que la acompañan y la realización del casting de los actores franceses. A nosotros nos encanta el personaje interpretado por Denis Lavant que, como siempre, resultará inolvidable. También recuerda con mucho cariño el tener que inventarse toda la obra de un artista del siglo XX (sus dibujos y sus cuadros) y le resultó muy emocionante.

Una última cosa, os recomendamos estar muy atentos a los títulos de crédito finales, que son una auténtica gozada, y os retamos a que identifiquéis “quién es quién” o mejor dicho “qué es de quién”. Nosotros hemos hecho pleno, que conste.

En la casa de las telarañas

En la casa de las telarañas

Y de la comedia pasamos al drama de la mano de En la casa de las telarañas (Im Spinnwebhaus, 2015). La película está dirigida por la debutante Mara Eibl-Eibesfeldt y causó muy buen sensación en su paso por la Berlinale de 2015. Tenemos que decir que por aquí  también nos ha causado muy buena sensación, si además tenemos en cuenta que se trata del primer largo de su directora.

La historia nos resulta familiar ya que Hirokazu Kore-eda parte del mismo lugar en su film Nadie sabe (Dare mo shiranai, 2004). Se trata de conocer cómo afrontan unos niños el abandono por parte de sus padres y aunque el punto de partida es prácticamente idéntico las miradas de sus directores son bien distintas. Mientras el japonés se limita a observar qué sucede en esta situación sin intentar atenuar el golpe, la directora alemana tamiza la tragedia a través de una fábula infantil por lo que resulta menos áspera pero sin perder un ápice de fuerza y crudeza en la narración. La elección del blanco y negro es un gran acierto para esta mirada que quiere mostrarnos la directora.

La cinta comienza con una madre totalmente fuera de control que intenta tener una  convivencia normal con sus tres hijos. Al verse incapaz de sobrellevar su crianza, acude al padre de estos (están divorciados) diciéndole nada más verle “Quédatelos. Ya no los quiero”. Sin embargo, éste los rechaza aduciendo que no tiene tiempo para ellos porque tiene que trabajar mucho para sacarlos a todos adelante. Toda esta escenita es presenciada por los hijos, que están dentro del coche, y que parece que no se sorprenden demasiado aunque esto les afecta y hiere profundamente. A partir de ese momento la madre abandona la casa dejando a su hijo mayor, Jonas, al cargo de sus hermanos Nicki y Miechen, junto con una lista de instrucciones de lo que tienen que hacer y la advertencia de que no le cuenten nada a nadie para que no se los lleven los servicios sociales y terminen en un orfanato.

Una no puede dejar de preguntarse qué tipo de persona hace que un niño tenga que hacerse cargo de responsabilidades que no le corresponden  y no deja de preguntarse qué se le pasará por la cabeza y cómo debe sentirse para hacer algo así. Esas preguntas con contestadas pero no por ello deja de resultar totalmente impactante esta situación. A partir de aquí el periplo de los tres pequeños para intentar encajar esta horrible situación de abandono y que veamos cómo afronta el problema cada uno a su  manera. Afortunadamente, no todos los adultos abandonan a los niños (siendo este otro punto de ruptura con el film de Kore-eda en el que la presencia de los adultos y su interacción y preocupación por los niños es nula) ya que varias personas relacionadas con su entorno que empiezan a extrañarse por ciertos comportamientos que tienen los pequeños, intentan tomar cartas en el asunto. También cabe destacar la aparición de un extraño ángel de la guarda dentro de esta fábula, que vela por los niños cuando más lo necesitan.

Toda la historia está narrada con unas imágenes que la acompañan perfectamente e incluso la mejoran por momentos, hablando por ellas mismas, y una música que juega un papel muy importante, por lo que todo fluye con una naturalidad asombrosa y nos transporta y sumerge en esa “fábula” que vivimos con los niños. En resumen, una joyita descubierta gracias al Festival.

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