Nocturna 2016: Crónica final y palmarés

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El palmarés de la controversia… un año más.

Todo lo bueno se acaba. El sábado, tras una serie de ruedas de prensa por la mañana, José Luis Alemán y Luis M. Rosales procedieron a la lectura del palmarés en la Sala Ámbito Cultural del Corte Inglés de Callao. El jurado (compuesto por Jesús Ulled Nadal, Gerardo Herrero y Eduardo Casanova en la Sección Oficial Fantástico; Borja Crespo, Manuel Romo y Benja de la Rosa en la Sección Madness y Alicia Montesquiu y John Tones en la Sección Dark Visions) ha otorgado los siguientes galardones:

– SECCIÓN OFICIAL:

PREMIO NOCTURNA PAUL NASCHY MEJOR PELÍCULA: Polder (Julian M. Grünthal y Samuel Schwarz)

PREMIO NOCTURNA MEJOR DIRECTOR: Julian M. Grünthal y Samuel Schwarz, por Polder.

PREMIO NOCTURNA MEJOR GUION: Polder (Julian M. Grünthal y Samuel Schwarz)

PREMIO NOCTURNA MEJORES FX: Polder (Julian M. Grünthal y Samuel Schwarz)

PREMIO NOCTURNA MEJOR ACTRIZ: (ex aequo) Nina Fog (por Polder) y Zoe Bell (por Camino)

PREMIO NOCTURNA VINCENT PRICE MEJOR ACTOR: Christoph Bach (por Polder)

– DARK VISIONS:

PREMIO NOCTURNA MEJOR PELÍCULA: Patient (Jason Sheedy)

– MADNESS:

PREMIO NOCTURNA-BUZZ MEJOR PELÍCULA: Patchwork (Tyler MacIntyre)

MENCIÓN ESPECIAL JURADO NOCTURNA-BUZZ: I had a Bloody Good Time at House Harker (Clayton Cogswell), por su apología de la serie B y recuperar el espíritu de la Troma.

La controversia está servida. A pesar de que no existe palmarés que contente de forma unánime a todo el mundo, pues cada uno tiene sus propias favoritas, en esta ocasión ha habido dos motivos que han acentuado la polémica. El primero, que una sola película ha acaparado todos los premios de la Sección Oficial; el segundo, que dicha película ha sido una de las más ferozmente vituperadas por crítica y público. Sobre esto último poco hay que decir; el jurado tiene su propio criterio y nadie puede exigirle que se adecue al gusto de la mayoría. Vaya por delante que Polder es la película que más me ha irritado de la Sección Oficial, pero entiendo que su propuesta, arriesgada y extrema, es susceptible de fascinar a otro tipo de espectador. Sinceramente, prefiero que gane una película valiente, que esté dispuesta a polarizar la opinión de la crítica a cambio de mantenerse fiel a la propuesta de su autor, a que lo haga una película descafeinada con más intención de gustar universalmente que de resultar estimulante o innovadora (como ocurrió con The invitation [Karyn Kusama, 2015] en la pasada edición del Festival de Sitges). Probablemente, Polder no sea la mejor película de la Sección Oficial, pero es una justa vencedora. Más discutible, sin embargo, es el hecho de que haya aglutinado todos los premios. Puedo entender que le den el de Mejor Película y que, por coherencia, le concedan también el de Mejor Director. El premio a Mejores FX tal vez sea el único indiscutible, pues en ese campo destaca ampliamente por encima del resto. Pero con el premio a Mejor Guion ya hay más razones para alarmarse, especialmente si tenemos en cuenta que compite contra Summer Camp, película de guion virtuoso e innovador, en cierto sentido modélico, escrito por un auténtico profesional de la escritura como es Alberto Marini. Finalmente, donde podemos hablar de claro despropósito es en los premios interpretativos: Zoe Bell no tendría que compartir el premio con Nina Fog de ninguna de las maneras, mientras que el trabajo de Christoph Bach pasa completamente desapercibido en su película. Un reparto de premios más equitativo habría sido, en fin, bastante más lógico.

Sobre los premios concedidos en las otras categorías, solo podemos apreciar la Mención Especial a I had a Bloody Good Time at House Harker (Clayton Cogswell, 2016), que fue una de las películas que más hizo disfrutar al auditorio durante su proyección; de hecho, recibió también el Premio del Público, algo completamente esperable. Esto confirma la tendencia de los espectadores a premiar películas cómicas en los festivales especializados en cine fantástico, tal vez porque la gente valora que le hagan reír por encima de otras virtudes. Si dirigimos nuestra mirada al Festival de Sitges, por ejemplo, veremos que las dos últimas ganadoras del Premio del Público también son comedias de terror: I Am a Hero (Shinsuke Sato, 2015) y Lo que hacemos en las sombras (Waititi & Clement, 2014).

Escalofrío

Escalofrío

Siguiendo con la crónica de lo ocurrido el sábado, poco después del anuncio del palmarés empezó la tanda de proyecciones en los cines Palafox. La primera película que vimos fue un clásico del cine underground español: Escalofrío (Carlos Puerto, 1978), clasificada en su estreno como película “S” (categoría utilizada para películas con alto contenido de violencia o, más comúnmente, erótico). Realizada en un contexto sociocultural especialmente condicionante (los primeros años del postfranquismo, en los que reinaba el ansia por asaltar todos los tabúes prohibidos durante la dictadura), la película se resiente por una realización excesivamente amateur, más interesada en diseminar una abusiva colección de desnudos (propia del peor destape) a lo largo del metraje que en dotar de coherencia y entidad la narración sobre sectas satánicas que sirve de sustento. Aun entendiendo que es una película históricamente significativa en el panorama del cine fantástico español, lo cual explica el culto que hay a su alrededor, la impresión de que se trata de una versión castiza y paupérrima de La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968) es inevitable. La actriz protagonista del film, Sandra Alberti, estuvo con nosotros presentando tanto la película como un documental que se acaba de rodar sobre la misma llamado Satan’s Blood: Recuerdos de Escalofrío (Luis Esquinas Chanes, 2016), en el que aparecen entrevistados los principales artífices de la obra. Entre los asistentes a la proyección pudimos ver, por cierto, a una leyenda viva del cine patrio: Jordi Grau, director de la magnífica No profanar el sueño de los muertos (1974).

Burke and Hare

Burke and Hare

La siguiente película vino precedida de la sesión de firmas de John Landis, tan esperada por todos sus admiradores. La mayoría de los asistentes llevaba una copia de Un hombre lobo americano en Londres (1981) o The Blues Brothers (1980), pero no faltó quien llevaba un viejo VHS del que probablemente sea el mejor videoclip de la historia (el Thriller de Michael Jackson) o rarezas como su primera y delirante película, El monstruo de las bananas (1973). A continuación, también en la Sesión Classics del festival, se proyectó la que hasta la fecha es la última película del cineasta: Burke and Hare (2010), comedia negra situada a principios del siglo XIX y basada en la famosa historia real de dos ladrones de cuerpos que se convirtieron en asesinos para lucrarse con la venta de los cadáveres a un doctor de la Escuela de Medicina de Edimburgo, quien los necesitaba para diseccionarlos en sus clases de anatomía. Protagonizada por  Simon Pegg y Andy Serkis, y con la aparición estelar de Tim Curry y Christopher Lee, Burke and Hare goza de una espléndida ambientación, tal vez el principal atractivo de la película, y resulta agradable de ver por su tono desenfadado y sus puntuales aciertos cómicos.

Al caer la noche, llegó el acto de clausura, momento largamente esperado por todos los asistentes. Y es que el broche final del festival estuvo protagonizado por la premier internacional de la película de terror más esperada del año: Expediente Warren: El caso Enfield (James Wan, 2016), secuela de la exitosa (aunque no suficientemente elogiada) Expediente Warren: The Conjuring (James Wan, 2013). Lamentablemente, un embargo de prensa de la Warner nos impide hablar de la película hasta el día 8 de junio, pero podemos adelantar que fue un éxito rotundo y que cumplió todas nuestras expectativas.

Y así llegamos al final de la cobertura del Nocturna 2016, festival que nos ha dejado un sinfín de momentos gloriosos para el recuerdo. ¿Qué podemos decir como conclusión? Si bien es cierto que el nivel medio de las películas que participan en competición es mejorable, esto no deja de ser un reflejo representativo de la calidad que ofrece la producción de cine fantástico a nivel mundial. Y, con todo, son muchas las joyas semiocultas que siguen apareciendo en el programa un día tras otro para alegrar a los más fieles seguidores del género. En lo que respecta a la organización del festival, creo que podemos resumir su trabajo en una sola frase: no se puede hacer más con menos. Los recursos económicos, como ya dijimos en la primera crónica, son muy limitados, y aun así Luis M. Rosales y su equipo consiguen, a base de esfuerzo y pasión por el fantástico, hacer del festival un estandarte de alcance internacional. El disfrute de todos los asistentes y el clima de complicidad y fraternidad que se crea alrededor de las proyecciones es la mayor satisfacción posible. Esperamos que haya muchas ediciones más. Nos vemos en Nocturna 2017.

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