Sesión DOCMA: Materia prima y Otra isla

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Hablamos de la Sesión DOCMA dedicada a Cuba.

“Quien no tenga genes revolucionarios, quien no tenga sangre revolucionaria, quien no tenga una mente que se adapte a la idea de una revolución, quien no tenga un corazón que se adapte al esfuerzo y al heroismo de una revolución, no los queremos, no los necesitamos.”

Fidel Castro, 1 de mayo de 1980.

29 años después de este discurso, la celebración del 1º de mayo en la capital cubana tuvo doble motivación. Por un lado, la cita anual con el día de los trabajadores en la que las calles de La Habana se llenan de gente para conmemorar la lucha que los mismos llevan a cabo desde 1890 en la mayor parte del mundo. Por el otro, en 2009 se cumplían 50 años desde que triunfara la Revolución. Ese Primero de mayo le sirvió al cineasta Sergio Fernández Borrás para captar con su cámara el entusiasmo que, entre lo puramente festivo y la fidelidad revolucionaria, se exhibía por las calles de La Habana sin las palabras de Fidel de fondo a través de los altavoces por primera vez desde 1960. Materia prima es el primero de los dos documentales que la sesión DOCMA dedica a Cuba este próximo jueves 17 de marzo. Una película de poco más de 25 minutos que se sitúa en la Plaza de la Revolución para recoger de la forma más objetiva posible, ese espíritu revolucionario que decía querer Castro para su país en aquel discurso. Sin interferir en nada de lo que allí ocurre, la cámara de Fernández Borrás se pasea primero por los preparativos de la celebración, por alrededor de todas las personas que se preparan para pasar la noche a la intemperie para poder estar cuanto antes en los aledaños de la tribuna desde donde se volverán a escuchar las alabanzas al sistema. Toda la noche en vela y todo el día siguiente mezclándose entre la gente para, al final, grabar una plaza en la que solo quedan los restos de una fiesta que hay que recoger. Sin embargo, la marea humana que pobla los alrededores de la plaza, desde dentro poco tiene que ver con el espíritu de la Revolución del que hablábamos antes. Solo algunos ancianos recuerdan que la Revolución sirvió para que, en aquel momento, Cuba dejara de ser “el burdel de Estados Unidos” y les proporcionara una vida mejor de la que llevaban con Batista. En aquel momento, el que siguen recordando y por el que siguen siendo fieles a sus “libertadores”. Para el resto de la gente que abarrota las calles, ese primero de mayo es solo un motivo de fiesta, de bailes, de abandonar sus preocupaciones por un festejo en el que las banderas y las proclamas de memoria hacen su aparición de tanto en tanto. Pan y circo para el pueblo durante un día. Satisfechos todos.

Materia Prima

Materia Prima

Por el contrario, la segunda película que compone la sesión DOCMA que comienza con el fragmento del discurso de Fidel Castro con el que también empezábamos este texto, habla precisamente de aquellos a los que no quería, a los que no necesitaba Castro en dichas palabras. Pero si en Materia prima solo intuíamos a través del objetivo de la cámara una cierta manipulación de quienes se acercaban a ella para proclamar insignias aprendidas desde la escuela, en Otra isla la manipulación se hace evidente a todos los niveles, tanto en las formas como en lo que recoge Heidi Hassan de sus protagonistas. Hay manipulación desde un acuerdo entre España y Cuba, por mediación de la Iglesia, con el que unos se comprometen a soltar a presos políticos y los otros a acogerles. Manipulación en tanto en cuanto solo una de las partes cumple con lo acordado, y en este caso es el gobierno cubano el que cumple. La familia de la ex presa política Sabina Martín llega a España en 2010 a través de ese acuerdo y se encuentra con un país en plena crisis económica en la que, además de no poder optar a un trabajo, como la mayoría de los españoles, tampoco tiene una casa para alojarse como le prometió el gobierno español. Escapando de un gobierno manipulador acaban en un sistema aún más manipulador, el capitalismo, que les obliga asímismo a manipular a la opinión pública para apoyarles en una lucha por unos derechos que, tanto su país como el país que les tendió una mano engañosa, les negaron. En esta agonía de la familia de Sabina, la cineasta sí se involucra de lleno en sus vidas, al contrario de lo que hace Fernández Borrás, y toda esta historia se muestra sin la naturalidad que rezuma la anterior.

Revolucionarios a la fuerza que forman parte de Cuba. Antirrevolucionarios que no forman parte de ningún sitio. Manipulación y decepción que se superan a base de falsas esperanzas en ambos casos. Dos formas de entender un mismo sistema del que todavía quedan muchas más historias que contar.

Otra Isla

Otra Isla

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