Muestra SYFY 2016: Día 2

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Villmark Asylum

Yo tenía un manicomio en Noruega…

Comenzamos el segundo día de la muestra SyFy 2016, el primero ya metidos de lleno en las jornadas maratonianas, con la producción noruega Villmark Asylum. Se trata de la secuela de Villmark, que aquí se tradujo como Bosque tenebroso. En aquella, un grupo de personas se adentraba en un bosque junto a un lago, en el cual durante la segunda guerra mundial se decía que se había hundido un avión de la Luftwaffe, con la excusa de grabar un reality show de supervivencia. Poco a poco iban ocurriendo sucesos extraños y, cómo no, se desataba un slasher en el que uno a uno iban muriendo sin saber quién o qué era el responsable de tales desgracias. Un film bastante descafeinado y aburrido que además dejaba un final abierto gracias a un inquietante último plano de una persona que solo había tenido una escena al principio del mismo. En Villmark Asylum nos encontramos de nuevo con esta persona como parte importante de una trama que, salvo el detalle del avión hundido y la presencia de una tienda de campaña, no tiene absolutamente nada que ver con su precuela. En esta es un grupo de trabajadores que debe encargarse de inspeccionar un antiguo manicomio en ruinas, también al lado del lago en cuestión, antes de que vaya a ser demolido. Manicomio en ruinas, lago y bosque inquietantes donde ya se produjeron los hechos macabros de la primera parte, y otro grupo de personas aislado. Ya tenemos de nuevo los elementos para otro slasher, bastante más entretenido que el primero pero sin ningún tipo de coherencia argumental que, como en el anterior, nos explique quién, qué o por qué se suceden las muertes. No obstante, no desesperen, se avecina una tercera parte.

Nina Forever

Nina Forever

Si bien la jornada inaugural de la 13 Muestra SyFy se abría con un thriller que envolvía el trauma que supone la lucha desde distintas opciones de asumir la cruel pérdida de un ser amado en La invitación, podemos afirmar que no se queda atrás esta propuesta británica dirigida por Ben y Chris Blaine titulada Nina Forever a la hora de abarcar la temática. Y esta vez alejándose del mero cine de género y envolviendo el relato desde la sobriedad más seria, con una apuesta formal anclada en los tonos fríos y el poder de sus imágenes. A su vez, vivimos una metamorfosis argumental que, abrazando desde la comedia negra más sangrante hasta el absurdo de las paranoias y las preocupaciones más trascendentales, se interroga, algunas veces más acertadamente que otras, sobre cuáles son las vías para escapar de un dolor que acompañará a sus protagonistas perviviendo en su memoria hasta el fin de su existencia. El extraño trío amoroso que podría recordarnos a La novia cadáver (Tim Burton, Mike Johnson, 2003), se sumerge de lleno en el éxtasis de la pasión sexual como manifestación física del renacer sentimental regalándonos unos diálogos entre las dos mujeres que reclaman el corazón de Ben que contienen interesantes pinceladas que nos hablan sobre la vida sin dejar de seducirnos con su vena más humorística.

Nos hallamos finalmente ante una idea poderosa, una dirección funcional pero que al mismo tiempo sabe dotar de energía a lo que muestra en pantalla y unos actores que desprenden una química especial. Un resultado interesante que se antojaría más jugosa sino adoleciera de un guion algo irregular y el alargamiento innecesario de algunos de sus sucesos. Una propuesta estimulante que, sin levantar pasiones, nos deja la esperanza de pensar que en un futuro sus directores puedan perfeccionar su propio estilo dejándonos alguna obra más redonda.

Vulcania

Vulcania

Como distopía describía Leticia Dolera, un año más la mejor de las maestras de ceremonias que una muestra como la SyFy pudiera tener, la película Vulcania mientras presentaba a su director y a parte de su equipo artístico. Y sí, la sociedad en la que se desarrolla la historia dirigida por José Skaf plantea un microcosmos con tintes de ciencia ficción pero a la vez no muy alejado de cualquier civilización del supuesto mundo libre en el que vivimos. Es fácil reconocer en Vulcania los estratos que componen una sociedad, digamos como la española: un máximo representante que en realidad es un títere de los patriarcas de las dos únicas familias del pueblo, tradicionalmente enfrentadas entre sí, que no solo no son tan antagónicos como simulan sino que trabajan juntos en pos de un interés común: el dinero. Y por supuesto unos habitantes sometidos a una vida rutinaria por y para el trabajo en la fundición, eje central del pueblo, y a quienes una vez al año se les permite relajarse en una celebración “como manda la tradición”, para alejarles de la realidad que no deben ver. Aunque en ciertos momentos peque de un exceso de melodrama, la atmósfera opresiva, un tanto sobrenatural, que presenta el debutante Skaf para narrar la historia, así como la decisión de no ofrecer explicaciones sobre las causas de la existencia de esta sociedad, contribuye a que Vulcania sea una de las óperas primas más interesantes que la ciencia ficción española ha dado en los últimos años.

Por Mª Carmen Fúnez y Luis Suñer

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