Muestra SyFy 2016: día 1

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Primer día de la muestra SyFy 2016.

Como todos los años por estas fechas, el cine fantástico vuelve a su cita con el público madrileño durante los cuatro intensos días que dura la Muestra SyFy de cine fantástico. Para su edición número trece, la muestra, que se presentó el pasado día 18 de febrero con el preestreno de la película La bruja, cambia de nuevo de sede pero no se va muy lejos de Callao. Solo cruzando la acera, en esta edición las colas se formarán frente a la puerta del Cine de la Prensa en cuyas instalaciones se pretende aumentar el número de asistentes proyectando varias de las películas en más de una sala al mismo tiempo.

Por el antes conocido como Palacio de la Prensa desfilarán películas tan esperadas como la sensación del pasado Festival de San Sebastián, la controvertida High rise que clausurará la muestra, o el western de terror protagonizado por Kurt Russell Bone Tomahawk. Comedias terroríficas como Nina Forever y Absolutamente todo; thrillers psicológicos como Demon o ciencia ficción pura y dura con producciones como Listening, The mind’s eye, se verán las caras con, entre otras cosas, el terror asiático de Parasyte y The piper, el patrio de Vulcania y con el penúltimo trabajo del prolífico Eli Roth, The green inferno. Cómo no, la muestra no se olvida del público infantil a quien este año agasaja con la nominada al Oscar El niño y el mundo y con La chica satélite y el chico vaca, además de con la más que dudosa Nicky, la aprendiza de bruja. Tampoco faltará tiempo para la nostalgia con el homenaje a David Bowie y la proyección de la maravillosa Dentro del laberinto, lo propio con el ilustrador Hansruedi Giger con el documental Dark Star H. R. Giger’s world, o con el episodio musical Once more: with feeling de la serie Buffy cazavampiros.

The invitation

The invitation

Este año, la película que ha inaugurado la muestra ha sido la ganadora del pasado Festival de Sitges que también tuvimos ocasión de ver en el Festival de Gijón. Se trata de The invitation, la última película hasta la fecha de la directora de esas dos “joyas” llamadas Æon Flux y Jennifer’s body. Con la colaboración además de los guionistas de la primera, responsables también del guión de Furia de titanes por si no fuera suficiente, no era muy difícil para Karyn Kusama y su equipo poder superar tamaños referentes y, por lo menos, la intención ha sido buena. Decimos la intención porque el resultado no deja de ser un quiero y no puedo hacer una película que se salga de los tópicos establecidos del cine de terror psicológico.

El argumento es sencillo y retorcido a la vez: una pareja recibe la invitación para asistir a una reunión de antiguos amigos de él, con el agravante de que la anfitriona es su ex mujer y la casa donde se va a celebrar dicha reunión es la que ambos compartieron en el pasado. Una invitación cuanto menos sorprendente que comienza a ser extremadamente inquietante para Will, el protagonista, cuando comprueba que su ex ya no es la mujer depresiva que lloraba la pérdida de su hijo en común sino que parece haberlo superado, e incluso olvidado completamente. La premisa de The invitation se basa en un primer momento en la reflexión sobre la pérdida, el enfrentamiento a la muerte de un ser querido y las distintas maneras de afrontarla, y en la idea de asumir la tarea de “aliviar” el sufrimiento de los demás. Todo ello bajo una atmósfera constante de inquietud con la que Kusama sabe jugar muy bien. Y es esa atmósfera, ese suspense y esa sensación de paranoia lo que nos tiene enganchados durante buena parte del metraje de la película, hasta que todo esto explota y se convierte por un lado en una suerte de parodia de la autoayuda, y por el otro en un slasher sin pies ni cabeza.

The invitation

The invitation

Toda la tensión acumulada durante los dos primeros tercios de The invitation, se desata de una manera demasiado burda para el camino que estaba llevando hasta entonces. El suspense y la duda que planean sobre el protagonista acaban de un plumazo con la incursión de todos los tópicos del slasher más previsible. Con todo ello, la que podía haber sido la película inaugural más potente de los últimos años de la muestra, termina por dejarnos una sensación más de indiferencia que de rechazo. Y ya sabemos que la indiferencia es la peor de las torturas.

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