Entrevistas: Boris Nicot

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Entrevistamos a Boris Nicot.

El pasado jueves 21 de enero tuvo lugar en la Cineteca de Madrid la proyección del documental Filmar obstinadamente: encuentro con Patricio Guzmán, dentro del Ciclo DOCMA. El documental, que volverá a proyectarse durante varios días el próximo mes de febrero junto a la última película del director chileno, El botón de nácar, hace un repaso por la obra de Guzmán incidiendo en sus trabajos dedicados a la historia de Chile. Del documental os hablaremos en breve, pero antes os dejamos la entrevista que nos concedió su director, Boris Nicot, con quien además de un café compartimos su visión del cine y su experiencia filmando

– ¿Qué tal fue la experiencia de la proyección en Cineteca?

Boris Nicot: Muy bien. La sala estaba llena y el debate de después estuvo muy bien, aunque me sentí un poco frustrado por mi expresión. Entiendo muy bien el español y puedo hablarlo pero hace casi dos años que no lo practico.

– Pero en el documental estás siempre con Patricio Guzmán, y él está hablando en español durante todo el tiempo.

B. N.: Patricio es muy claro, no solo en sus ideas sino también en su forma de hablar, en su español. No tiene mucho acento.

– ¿Cómo llegas a la obra de Patricio Guzmán? ¿Por qué te interesa como para hacer un documental sobre él?

B. N.: Al principio yo conocía solo La batalla de Chile y formaba parte de mi educación sentimental latinoamericana. Esta película me produjo un shock; esa inmersión en un proceso histórico tan fuerte y que corresponde a la vez a una utopía de la izquierda mundial muy importante, tan singular y tan trágica, me dio ganas de profundizar más en la historia de América Latina. De primeras no en Chile, en Perú porque mi novia era peruana. Viví un año en Perú, la historia de amor se acabó y mi vuelta a Francia por aquel entonces era un poco triste, pero me encontré por casualidad con el productor de mi película anterior, Un étrange équipage, que dirigía una colección de retratos de cineastas documentales contemporáneos. Me propuso hacer una película de esta colección y me dio carta blanca para ello, que elija un cineasta al que me gustaría conocer y filmar. Mi primera idea fue la de Patricio Guzmán porque justo después de que me lo propusiera vi Nostalgia de la luz y me confirmó que lo que pensaba después de ver La batalla de Chile era cierto, que era un cineasta muy interesante. Es una persona que hace algo tan importante como La batalla de Chile, tan duro, y que 30 años después hace una película completamente diferente pero con una libertad y una ambición poética y filosófica tan interesante, pero que se queda en su eje de profundizar en la relación con la historia del pueblo chileno. Sigue la denuncia pero con una ambición formal que luego continúa en El botón de nácar. Va a hacer una trilogía de películas que abrazan parte de la realidad, del cosmos y de la orografía chilena.

– Has mencionado tu anterior película, Un étrange équipage. He tratado de buscarla, o al menos de encontrar información sobre ella, pero no he encontrado mucho, ¿me puedes hablar un poco sobre esta película?

B. N.: Sí, como te he comentado la hice con este productor del que te he hablado y es una película sobre una personalidad del cine también. En este caso sobre Stéphane Tchalgadjieff, un productor que casi ha desaparecido después de los años 70, pero que durante 10 años produjo unas 20 películas muy arriesgadas y de cineastas que son mitos en Francia como Jacques Rivette, Marguerite Duras o Robert Bresson, y también produjo durante esos años películas de artistas visuales que durante esta época estaban de moda y eran muy innovadores. Stéphane es de origen armenio y la película es también un retrato y una inmersión en una filmografía, pero no una filmografía de un cineasta sino en cierta manera de una época. La atmósfera cinematográfica de los años 70 en París, en toda Francia más bien, era de mucha libertad y a la vez con formas muy radicales. Este hombre era un tipo de productor que venía de la nouvelle vague francesa y que produjo grandes filmes con gran ambición artística pero con un presupuesto muy bajo. Por desgracia fracasó con Robert Bresson y su película El diablo probablemente. Un étrange équipage es un viaje por esta filmografía y en el cual hay varios personajes que han conocido a Stéphane. Tengo también otro proyecto con este productor del INA, Gérald Collas, sobre la historia del cine.

Filmar obstinadamente: encuentro con Patricio Guzmán

Filmar obstinadamente: encuentro con Patricio Guzmán

– ¿Quieres seguir entonces por esta línea de hacer documentales sobre cine o cineastas?

B. N.: Sí, al menos con una película más. Tengo también otros proyectos, estas dos películas las he hecho en un periodo de siete años y creo que es un ciclo que va a cumplirse. Tengo especialmente un proyecto muy personal sobre esta historia de amor con la chica peruana de la que te he hablado, sobre ese viaje a Perú y la ilusión de vivir allí con ella y hacer películas allí. Teníamos los dos un proyecto que lamentablemente no pudo cumplirse, y estoy escribiendo una historia muy personal sobre las imágenes que ya rodamos de ese proyecto.

– ¿Va a ser también de forma documental o algo más ficcionado?

B. N.: Documental pero con una dimensión algo ficcionada en la voz en off que va incluida. Necesito de esa libertad poética para tocar estas cosas tan delicadas que son los sentimientos. Son imágenes que son mías y también de ella, es decir no son imágenes que haya podido rodar otro cineasta, es más íntimo y es más difícil mostrarlo de manera objetiva. A mí me gusta bucear en las imágenes de otros, para mí fue muy interesante y emocionante viajar en las imágenes de Patricio Guzmán.

– También rodaste anteriormente unos cortos de corte experimental, ¿por qué no sigues con esa corriente y pasas del cine experimental al documental?

B. N.: Para mí es una continuación porque de cierta manera mis películas experimentales fueron ya documentales, documental experimental, con una narración más interrogativa y con una relación con la imagen más plástica. Son relatos que tienen una forma muy contemplativa. También con ellos sentí el fin de un ciclo de investigación en este género. Yo vengo de las artes visuales, mis estudios fueron en Bellas Artes y era una continuación lógica la de hacer vídeos o películas en este sentido experimental, fue mi formación. Pero poco a poco, haciendo mis películas, me di cuenta de que me acercaba al cine documental menos experimental, más narrativo.

– Precisamente estamos en una época en la que el documental está tomando más formas, ya no es solamente la exposición de unos hechos para informar o realizar varias entrevistas con imágenes de archivo. ¿Te interesa esa experimentación con el documental, buscar nuevas formas de reflejar la realidad?

B. N.: Sí, claro. Me interesan especialmente los documentales en primera persona. Hay grandes documentales de este tipo y quizá por este proyecto de mi experiencia en Perú estoy más interesado en este tipo de relatos en primera persona y muy íntimos. Tiene que ver con las circunstancias de mi propia vida y mis deseos a la hora de hacer cine. Hay películas que me interesan mucho, por ejemplo me gusta mucho el cineasta belga Boris Lehman, sobre todo una película suya que se titula Historia de mis cabellos (Histoire de mes cheveux, 2010) que es un relato en primera persona sobre un viaje hasta sus orígenes y sus fantasmas en Europa central y de los campos de concentración donde estuvo su padre. Es una película que me encanta porque tiene una dimensión poética y humorística a la vez. Eso es la escuela belga de documentalistas que tiene que ver con el surrealismo belga. En Francia no existe ese tono que conjuga el humor con la poesía y la historia a la vez. También me gusta Claudio Pazienza, un belga de origen italiano, que tiene una película llamada Tableau avec Chutes que se inspira en un cuadro de Brueghel, Paisaje con la caída de Ícaro, y en la que se pregunta por la vida que puede tener un individuo como él en Bélgica siempre con la perspectiva y el misterio de la imagen de este cuadro. Es una especie de enigma de la identidad belga.

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– En Filmar obstinadamente: encuentro con Patricio Guzmán, éste dice que lo interesante en un documental es facilitarle todos los elementos al espectador y que sea él quien saque sus propias conclusiones, ¿opinas lo mismo?

B. N.: Sí, para mí es una cosa esencial. Y no es una cosa solo del documental, es algo que tiene que buscar el cine en general. El documental forma parte del arte cinematográfico que tiene que ver no solo con el entretenimiento, pero si tiene la dignidad de un arte es para provocar en el espectador una apertura del pensamiento, de las sensaciones y de la emoción. Es importante para Patricio y para todos los cineastas documentales reafirmar siempre esto en sus trabajos porque para el público en general la idea de un documental es solo pura información, pura didáctica o puro relato al servicio de un tema. La cuestión de la forma, del proceso de creación del documental, es algo que hay que reafirmar siempre que se trata de algo artístico.

– Es un debate que todavía hay gente que sigue manteniendo, el de si el documental tiene que estar separado del cine cuando realmente es cine en sí mismo.

B. N.: Exacto, como si se siguiera pensando que está más cerca de reportajes periodísticos y menos de un relato que te introduce en una historia real. La gente por lo general considera el cine como un divertimento, que es un mundo irreal en el que actores y estrellas interpretan historias, pero no es solo eso y siempre hay que luchar para que no lo sea.

– ¿Te interesaría hacer ficción?

B. N.: Sí, ¿por qué no? Pero no ha surgido todavía, puede que algún día me surja. Pero hay una cosa clara, para mí el documental no es un género menor que me permitiría acceder a la ficción. Igual que los cortometrajes no fueron una lanzadera para hacer documentales, los cortometrajes son una forma de expresión que tiene su propia entidad, no es solo un camino para hacer largometrajes. Para mí eso no tiene sentido porque las formas vienen de las necesidades de vida que en ese momento tiene la gente que realiza películas. Es como las otras artes, no puedes dedicarte a una para poder acceder a otras. En mi caso me interesa el resto del arte pero no para practicarlo yo, la fotografía me interesa pero no para dedicarme por entero a ella sino como un cineasta que necesita tomar fotos para pensar en la imagen pero no me imagino haciendo una exposición de mis fotos. Por supuesto que se puede pero mi camino por el momento es el cine.

– También has escrito tú el documental y lo has montado, has hecho un trabajo más completo que solo el de dirección.

B. N.: Sí, para mí la edición siempre es un momento duro, un momento de tensión interna y de reflexión. Especialmente porque edito solo y no es siempre algo agradable, pero sí es un momento importante para mí porque es el momento en el que se reescribe el documental, en el que se le crea el ritmo, la musicalidad del film, la organización y el sentido de las bases del mismo. Y poco a poco, de película en película me doy cuenta de que en la escritura del guión antes de rodar ya estoy pensando en el montaje, y durante el rodaje hay como dos Boris: uno que está presente para rodar las cosas y otro que ya está pensando en cómo contar todo eso que está rodando.

Filmar obstinadamente: encuentro con Patricio Guzmán

Filmar obstinadamente: encuentro con Patricio Guzmán

– ¿Te impuso estar delante de Patricio Guzmán con toda la trayectoria que tiene como documentalista?

B. N.: Claro. Pero a la vez Patricio es un hombre muy horizontal, es decir, tiene una carrera enorme, ha hecho películas muy impresionantes pero es muy humilde. A partir de ahí yo le tengo mucho respeto pero no me sentí aplastado por ese respeto. Creo que hubo confianza mutua, sí es verdad que hubo alguna tensión porque es normal cuando estás con otro cineasta que tiene su propia idea de cómo rodar algo pero al fin y al cabo es tu película. No está mal que intente influir pero yo tengo que saber hasta qué punto me puedo dejar influenciar y cuánto debo resistir (risas).

– ¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos para rodarlo?

B. N.: Hay varias etapas. Durante casi un año hubo pequeños rodajes sobre la preparación de El botón de nácar, después le seguí durante un seminario en San Sebastián pero al final no incluí nada de eso en la película. Lo único que mantuve fue la secuencia final frente al mar. Luego sí estuvimos unos cinco o seis días juntos en París, rodando en su casa, y eso es lo más importante de la película: la entrevista, la retrospectiva de sus films anteriores, rodajes de noche para hablar sobre La memoria obstinada porque yo pensaba que era mejor hablar sobre ella de noche, y funcionó. El proceso duró como un año entre unas cosas y otras y durante ese tiempo yo estuve viendo su filmografía porque solo había visto La batalla de Chile y Nostalgia de la luz. Mi trabajo también consistía en viajar desde estos dos puntos. Si te das cuenta, mi película se concentra en unas pocas películas, en las que tienen como tema Chile porque me parecía que era la parte más importante de su búsqueda, de su vida. Lo que me atrae de Patricio es que su vida y su obra están unidas.

– ¿Qué planes inmediatos tienes? ¿Vas a empezar ya con el proyecto de que me hablabas?

B. N.: Me voy mañana mismo para Francia porque tengo que ir preparando mis películas, pero también porque imparto unos seminarios en los colegios y talleres audiovisuales con niños. Son talleres prácticos, hacemos películas en las escuelas y en diferentes contextos. Trabajo con niños autistas, con niños en dificultades, y también con niños normales sin dificultades especiales. Es muy interesante.

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