Entrevistas: Santiago Mitre

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Entrevistamos al director de Paulina.

La semana pasada se estrenaba en los cines la nueva película de Santiago Mitre, Paulina. Una película polémica moralmente que sin embargo ha causado sensación en los diferentes países y festivales donde ha sido presentada, ganando incluso varios premios en ellos.

Para hablar sobre la película y sobre su polémica, estuvimos con varios compañeros entrevistando a su director. Esto fue lo que nos contó.

– ¿Podrias comentarnos un poco el contraste que hay entre Buenos Aires y la región de Posadas donde sucede la película?

Santiago Mitre: La provincia de Misiones es una provincia de frontera, está entre Argentina, Paraguay y Brasil. Es una provincia por tanto más multiculturales que hay en Argentina, se habla una mixtura entre portugués y español y también el guaraní, que es una lengua que en Argentina está extinta pero que se sigue hablando en Paraguay, y que era interesante para nosotros que apareciera en la película esa especie de abismo social que había entre Paulina y los chicos a los que da clase. Hay una circunstancia de clases que es ineludible y ellos se la marcan así, hablándole en guaraní. El problema de la pobreza es el principal problema que hay en Argentina y en toda Latinoamérica. Se avanza en muchas cuestiones pero la pobreza avanza.

– En la película original (La patota, 1961) se muestra muy claramente el motivo que tiene Paulina para comportarse como lo hace, pero en la suya no. ¿Cuál es la intención de no mostrar las motivaciones de Paulina, de dejar el tema de su comportamiento de forma tan ambigua?

S. M.: La versión original utiliza la religión como escudo. El que escribió aquella película, Eduardo Borrás, es un catalán anarquista que se exilió primero en Cuba y luego en Argentina y trabajó como guionista para directores muy importantes del periodo clásico. No creo que fuera un tipo religioso sino que la religión le servía para amparar las acciones del personaje, el hablar sobre el perdón que es sobre lo que se trabaja en la versión original. A mí la religión como tema no me interesa, no es algo sobre lo que tenga ganas de pensar, me parecen unas formas de pensar obsoletas sobre las cuales no tengo ninguna idea ni ganas de perder demasiado tiempo en ellas. Sí me interesa la política y el ejercicio de lo político que fue un poco lo que articuló esta adaptación. Para mí el cine es esencialmente ambiguo, yo no quiero nunca sobreexplicar ni decir cosas demasiado concretas. Me parece que así es más interesante porque pone al espectador a pensar en vez de darle todo formateado y que salga de la película habiéndosele olvidado. Prefiero eso a la sentencia. También hay una mala tradición del cine político en torno a eso, que se dice todo y me parece algo reaccionario.

Paulina

Paulina

– Siguiendo por esa línea, el comportamiento de Paulina a mí personalmente me hizo reflexionar en torno a los recientes atentados que han ocurrido en París, sobre si en occidente la manera de afrontar un suceso trágico quizá debería ser más cercano a entender las causas que a simplemente buscar una justicia o devolver el golpe, que quizá es un poco lo que se muestra en la película.

S. M.: Sí, es interesante. La verdad es que yo no me pongo a hacer relaciones con estas cosas pero cuando estaba terminando de editar la película fue el atentado a la revista Charlie Hebdo, y recuerdo que me impresionó que la primera reacción fue la de “está todo perdonado”. Sí sentí que había una especie de símil que se podía relacionar con lo que yo quería hacer con la película. Yo no siento que Paulina trabaje sobre la idea del perdón, creo que no es una cosa de no combatir la violencia sino de alejarla. En la película hay una violencia social provocada por la desigualdad, por la propia sociedad machista, hay violencia contra las mujeres pero también violencia institucional. Muchas veces los órganos punitivos del Estado devuelven una violencia muchísimo más grande que la que pretenden combatir. Entonces hay como una espiral de violencia de la que Paulina, después de haber sido atacada, necesita alejarse. Yo no creo que ella quiera perdonar sino que quiere comprender, tal vez es que no quiere más violencia. Puede estar equivocada pero yo puedo aceptar y puedo entender esas decisiones que toma.

– Me parece fascinante que al principio simpatizas y empatizas con el personaje, por lo luchadora que es, porque sigue su instinto, pero cuando toma la decisión que toma, yo como mujer me niego a aceptar eso y más ahora mismo que por ejemplo en España tenemos tantísimos casos de violencia de género, ¿cuál es la razón, el porqué de ese comportamiento de Paulina?

S. M.: La verdad es que no lo sé. A mí el personaje me interesa por eso mismo, porque es un enigma y es justamente lo que se ve en la película, ese enigma tan particular en sus decisiones. Como ella se mantiene inconmovible ante esas decisiones, sacando fuerzas de la manera que pueda. De una manera en la que uno dice “no”, pero pasa con todo en la vida, uno lo que tiene que hacer es decir “no te entiendo pero lo único que puedo hacer es acompañarte y tratar de cuidarte”. Por lo menos es lo que he pensado al hacer la película, yo no le recomendaría a mi hermana que tome esas decisiones pero si las toma lo único que puedo hacer es acompañarla y respetarla. De todas formas trato de relativizar un poco el porqué del ataque que sufre. Se trata de una película de ficción, me gusta cómo se pone en marcha con cierta expectativa de suspense. Hay una expectativa en torno a la venganza y luego la propia película la va traicionando. Mientras la hacíamos decíamos que estábamos haciendo una anti película de venganza. Hay cosas en la película que están hechas desde una lógica del relato de ficción, que es lo que a mí me importa, que el espectador esté ahí con la tensión. Las decisiones que toma el personaje no las justifico ni me parece que necesiten justificación. Parte de la experiencia de ir al cine es estar atrapado sintiendo el suspense y a la vez pudiendo pensar sobre la gran variedad de temas que trabaja la película.

Paulina

Paulina

– ¿Cómo trabajaste con Dolores esa ambigüedad de su personaje?

S. M.: Fue un proceso largo, el trabajo con los actores es lo que más me importa y es a lo que más tiempo dedico. La puesta en escena está muy condicionada por el trabajo de los actores. Hubo un proceso de 6-8 meses de ensayo, y no me refiero únicamente a estar haciendo escenas sino tal vez ver una película juntos y discutirla o leer textos o libros y comentarlos, que nos servían para pensar el personaje. En ese mundo aparecieron un millón de referencias que parecía que la película iba a ser una licuadora de referencias, pero no es así. Mi método no es la improvisación, al contrario, le doy mucha importancia al proceso de escritura y después si el trabajo sobre el que escribí no funciona lo reescribo. Hombre, si un actor quiere cambiar algo lo miramos y si funciona se repite.

– A mí me ha gustado la idea de respeto a la libertad del otro, pero también ese dilema que como espectador supone no poder posicionarte de un lado o de otro en el sentido de que entiendes a su padre pero también entiendes que Paulina quiera tomar sus decisiones.

S. M.: Yo creo que lo que agradece el espectador , lo digo principalmente por las reacciones que ha tenido el público en Argentina y en los distintos festivales por los que ha pasado, es eso, que la película te hace participar de una discusión sobre temas muy trascendentes. Los personajes se ponen en una posición y la película no los juzga. El padre tiene razón, Paulina en muchas cosas tiene razón, la amiga tiene razón y todo el mundo tiene razón. El espectador por ende participa de una discusión inteligente y se le trata como a una persona inteligente, y sale del cine intentando pensar en estas cuestiones de un modo en el que no en muchas películas se hace. A mí me gusta ese modo de intervenir, de plantear discusiones, de jugar con el personaje. La voz del padre es fundamental como contrapeso a la voz de Paulina, de hecho en la primera versión este personaje casi no existía y nosotros lo hicimos crecer muchísimo. Por eso tuvimos la idea de empezarla con un prólogo de discusión muy largo y luego terminarla con otra. Ahí está el corazón de la película, en cómo esos dos personajes intentan pensar el modo en el que se debe intervenir, además de ser un padre y una hija atravesados por una tragedia. Es una película que desafía al espectador y lo trata de igual a igual, que no le da nada cerrado sino que le da la posibilidad de pensar. Eso es lo que yo quiero cuando veo una película, que me interpelen y que me lleven a zonas a las que no fui antes

– ¿Quieres entonces provocar discusiones con esta película? De hecho las hay, yo las he tenido con compañeros sobre ella.

S. M.: Me parece perfecto (risas). A mí lo que me interesa es hacer una película buena, con un buen personaje, que esté bien montada y demás. Después el debate sí está dentro de la película, no lo huye porque son cuestiones que no se pueden concluir. A mí no me interesa sentenciar ni juzgar a los personajes, me interesa mostrarlos y que sea el espectador el que se haga cargo de esos problemas. Es lógico que en una película en la que se trabajan estos temas el espectador salga discutiéndolos. Yo no pienso “voy a hacer una película provocadora”, no. Quiero hacer una película inteligente y buena. Si el espectador sale discutiendo o no, no lo puedo prever. Está bien que te guste y está bien que no te guste, todo me parece bien.

Paulina

Paulina

– La película comienza con un plano secuencia muy largo, acaba con otro también muy largo, y lo que llama mucho la atención es que utilizas este recurso sobre todo en las discusiones que Paulina mantiene con su padre, ¿por qué?

S. M.: La verdad es que suelo desilusionar cuando hablo de ello. Yo hice un proceso de ensayo bastante largo y una de las primeras escenas que comenzamos a ensayar fue la primera. En los ensayos con los actores yo necesito tener una cámara para poder ver los encuadres, porque si no estoy haciendo teatro. Ellos obviamente hacían la escena completa y yo me iba moviendo con la cámara siguiendo la escena. Después cuando revisé el material y vi la escena completa, me di cuenta de que se sostenía bien en un solo plano, así que pensé que la podía filmar también de esa manera. Se lo dije al fotógrafo y nos divirtió como desafío técnico. Esa idea de la secuencia configuró un poco el resto de la película. Era un poco como plantar una bandera y decir “esta es una película de discusiones y de actores”. Los actores plantan el cuerpo y sostienen la escena, lo bueno que tiene para mí el plano secuencia es que el tiempo de la escena lo están manejando ellos, es donde la actuación es mucho más explícita. Paulina es una película de actores y necesitaba mucho de su compromiso.

– A la hora de narrar diferentes sucesos decides mostrarlo desde diferentes puntos de vista, ¿por qué lo hiciste así en lugar de resolverlo con un montaje alternado en el que la narración fuera lineal?

S. M.: Nunca pensé hacerlo así, primero porque me gustaba como elemento de suspense. Ya se establecía un primer tiempo del relato que va haciendo ella con la perito psiquiatra con la que conversa, luego cuenta el ataque y luego se vuelve para atrás…pone al espectador en movimiento el poner la información poco a poco. Es interesante en una película que trabaja con las distintas miradas sobre un hecho, que hubiese quiebres de perspectiva en los dos sucesos más importantes que ocurren.

– ¿Crees que el cine latinoamericano y en concreto el argentino está en un punto álgido?

S. M.: Creo que hay cinematografías emergentes en Latinoamérica que, quizá por su novedad llaman mucho la atención. No Argentina, porque la cinematografía argentina tiene más de 100 años y se producen 150 películas al año que es muchísimo en comparación con el resto de Latinoamérica. Chile, Colombia, Ecuador, Brasil…a través de nuevas legislaciones e incentivos fiscales están empezando a construir una cinematografía que hace unos años era inexistente. Es interesante que los Estados asuman esa responsabilidad de facilitar las cosas como para que a través de una política cultural se puedan hacer más películas. Después a mí me cuesta encontrar paralelismos entre las cinematografías, un chileno con un guatemalteco tienen poco que ver más allá de pertenecer al mismo continente como tampoco tienen que ver un ucraniano con un portugués. Esos agrupamientos en torno a un continente me parecen un poco arbitrarios. Tampoco encuentro que hablar del cine argentino como una entidad sea adecuado, cada uno tiene sus intereses.

Paulina

Paulina

 – ¿Cuáles son tus referentes cinematográficos?

S. M.: Para esta película yo he pensado mucho en Rosellini y en Pasolini, en Europa ’51 y en Accattone. Rosellini hace un acercamiento a lo político en Europa ’51 de un modo muy particular haciendo un cruce entre religión y política que me parece interesante. Yo saqué el tema de la religión pero hay algo en el personaje que me parece muy inspirador. Accattone me gusta porque me gusta Pasolini, me parece que tiene una mirada interesante para trabajar sobre los conflictos sociales, muy controvertida y muy fuera de lo políticamente correcto.

– La película ha recibido premios en festivales tan importantes como Cannes o San Sebastián, ¿Cómo se lleva eso?

S. M.: Bueno, uno no lleva la cuenta de eso. La película se terminó en abril, en mayo se estrenó en Cannes, obtuvimos dos premios y fue fantástico. Fue una alegría enorme, San Sebastián lo mismo. Haber obtenido los 3 premios por los que la película competía fue maravilloso. Además de los premios, los festivales ocupan un rol importantísimo y fundamental para exhibir el cine de autor, son las plataformas y a veces el único lugar de encuentro con el público que tiene una película. Sirven para intentar acercarla a los circuitos de distribución de los distintos países. Para Paulina lo de Cannes ha servido para haberse comercializado en un montón de lugares.

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