Críticas: El puente de los espías

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Brooklyn lawyer James Donovan (Tom Hanks) is an ordinary man placed in extraordinary circumstances in DreamWorks Pictures/Fox 2000 Pictures' dramatic thriller BRIDGE OF SPIES, directed by Steven Spielberg.

El mercado de la política.

El cine de espías acostumbra a optar por la aventura nocturna, por la infiltración silenciosa y la salvación secreta del mundo. En la nueva entrega de James Bond, una vez más este personaje salva la situación, acaba con los malos y se lleva a la chica. De reciente estreno, Spectre (Sam Mendes, 2015) se amolda al paso del tiempo y cuestiona la necesidad de los agentes secretos al exponerlos como un modelo obsoleto. El espía más famoso de la ficción, nacido en la literatura pero sobredimensionado en el fotograma, es amenazado con la retirada ante el crecimiento de las nuevas tecnologías y un ciberterrorismo omnipresente, rivales contra los que no puede combatir.

Existe otro modelo de este cine, menos pirotécnico y probablemente más acorde a la realidad, en el que los espías ni salvan al mundo, ni tienen artilugios extravagantes ni degluten Martini sin inmutarse. Historias de vuelo raso, infructuosas, en las que el espía es cazado y juzgado sin que nada realmente cambie. Steven Spielberg se sube a este carro en su nuevo proyecto, El puente de los espías (2015). El director que acarrea la fama de haber acabado, junto a George Lucas, con la que probablemente haya sido la mejor época del cine estadounidense, El Nuevo Hollywood, es también el director al que se le acusa de lacrimógeno, ñoño, simplista. La persona que prefirió desembolsar toneladas de billetes en comprarse el trineo de Rosebud que en financiarle un proyecto a Orson Welles cuando ya nadie lo hacía. Probablemente todo esto sea cierto, pero ninguna de estas características le restan su valor como realizador con un excelente gusto por el ritmo y la narración centrada en lo visual.

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El creador de las ondas en un vaso de agua o de los niños volando en bicicleta con la luna de fondo ha grabado buena parte de sus obras en la Historia del Cine a golpe de taquillazo de autor. En su nueva entrega, se centra en una trama de despachos sobre el futuro de la humanidad en la Guerra Fría. Hay un toque cínico en el enfoque que el autor da a esta historia. El idealismo que comandaba en sus orígenes, la aventura total, es aquí una desmitificación de la lucha. El héroe atlético transmuta en un abogado; la política desaparece, la diplomacia cambia por el tira y afloja manipulador. Spielberg continúa la senda de Lincoln (2012), el biopic sobre el mítico presidente de los Estados Unidos que también se establecía en clave de trama de despachos, en los que se gestaba una red de extorsión, presiones y sobornos, aunque fuera por un bien mayor.

Desaparece la inocencia en la mirada del autor. El enfoque es crítico, desde las instituciones hasta la sociedad que juzga con malos ojos que un abogado estadounidense defienda a un preso político soviético, pero no cambia los brochazos con los que lo dibuja. Su trazo sigue siendo grueso, no hay apenas matiz en lo que plantea y los personajes tienden al extremo del bien o el mal. Sin embargo, en su cinismo hay exquisitas gotas de humor. Como ya ocurriera en su anterior obra, la comedia es sutil y concreta, y funciona en su capacidad para restar tensión a las escenas a la vez que ejerce su condición de poderosa arma de crítica. Un humor que tiende a lo absurdo, y en el que quizás algo hayan tenido que ver dos de los productores de la cinta, ni más ni menos que los hermanos Coen, que también escriben el guion junto a Matt Charman.

Brooklyn lawyer James Donovan (Tom Hanks) is an ordinary man placed in extraordinary circumstances in DreamWorks Pictures/Fox 2000 Pictures' dramatic thriller BRIDGE OF SPIES, directed by Steven Spielberg.

Podría verse como valiente la propuesta la de El puente de los Espías. Colocar en el lado de los buenos a un agente secreto soviético escuece en la sociedad estadounidense. Pero la apuesta es conservadora si se atiende a la construcción del personaje. Como el uso en Hollywood de actores negros de piel lo más clara posible, aquí Spielberg maneja un libreto en el que el espía ciertamente es un enemigo del Estado, pero también es afable, tierno, casi inofensivo, lo que allana el terreno de su defensa. A esto se suma su tendencia irrefrenable por el final intenso. Tras un pulso sobrio y una narración contenida, el realizador no puede reprimir su impulso de convertir a su protagonista de tendencias antiheroicas en un nuevo Indiana Jones de maletín y gabardina. La emoción, de manera idéntica a Lincoln, inunda el desenlace de la historia y ensucia el resultado final con una puesta en escena desacertada por lo enfática que resulta. Desaparece la poca complejidad que había y la tendencia al extremo es total, lo que termina de dibujar una ideología cuestionable, filmada con el vigor habitual y un ritmo excelente.

 

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