Críticas: El hombre que quiso ser Segundo

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Talento compartido.

El prólogo narrativo del documental establece varios elementos formales que modulan todo el metraje. Uno es la interpretación de Ramón Langa como el padre de los hermanos Chomón durante la secuencia del nacimiento de ambos y, posteriormente, en varias secuencias a modo de interludio entre los testimonios y material de archivo que se muestran en el film. Otro es el uso de una fotografía casi monocromática, virada a sepia, que se corresponde a la textura cinematográfica de gran parte de la producción cinematográfica muda que aún se conserva en museos y cinematecas. Y el tercer elemento formal lo proporciona el ratio de la pantalla, una proyección de 35 milímetros en formato 1.33:1, un encuadre casi cuadrado. Estas decisiones visuales son una decisión propicia para conseguir el marco adecuado de un documental que transita desde el documento objetivo hasta la interpretación subjetiva. Entre la investigación histórica y la recreación de ficción. Y que por el camino se cruza con otros senderos de interés en los que también profundiza, amplía el retrato del cineasta olvidado e incluso se pierde, en ocasiones, sin salida posible.

El hombre que quiso ser Segundo es un apasionante documental que aborda el recorrido cinematográfico de Segundo de Chomón, aragonés de nacimiento y emigrado a París. Ciudad en la que trabajó con la admiración que sentía por el maestro George Méliès, aunque para crear muchas producciones de los hermanos Pathé, los adversarios empresariales de aquél. Segundo de Chomón fue un operador, técnico de efectos especiales y director de cientos de cortometrajes mudos entonces, que terminó su carrera profesional en Italia, colaborando en la fotografía y trucajes de grandes producciones como Cabiria de Giovanni Pastrone y otras de la serie del forzudo Maciste. Toda esta información se muestra en este film que investiga y difunde de manera didáctica una época en la que el cine todavía no era un arte, tampoco un medio masivo de entretenimiento, sino un espectáculo de ferias. Y que por tener, ni siquiera tenía un lenguaje consolidado. Con los testimonios de un amplio y heterogéneo grupo internacional de divulgadores y ensayistas sobre la Historia del cine, la película deja claro que, como profesional técnico, Segundo de Chomón fue uno de los pioneros cinematográficos. Destaca además el reconocimiento y valor otorgado por historiadores franceses e italianos en esta coproducción española e italiana, sumados a distintas entidades públicas de Aragón.

Rodando los hermanos

Sin embargo, a riesgo de desvelar un momento importante, llama la atención la aparición del mítico Ray Harryhausen en una entrevista breve, en la que reconoce que no conocía la existencia de Segundo de Chomón, quizás algo similar a los conocimientos de la mayoría del público que puede acudir a ver el documental. Un motivo que justifica por sí mismo la realización de este primer largometraje de Ramón Alòs Sánchez, director, coguionista y coproductor del film. Desde su trabajo como animador profesional, nos propone este juego de espejos en el que se implica como detective acerca de las vidas de los hermanos Primo y Segundo de Chomón, con sus trayectorias profesionales forzadas por las circunstancias y la Guerra de Cuba. La evolución industrial y expresiva del nuevo medio cinematográfico. La ruptura y elipsis brutal que supone la llegada del cine sonoro, irrupción que echó por tierra también las ambiciones artísticas del protagonista. Acompañadas por las mentiras y verdades acerca de los inventores y precursores del cine.

El hombre que quiso ser Segundo consigue un relato armónico con la baraja de naipes desplegada sobre la mesa, que plantea giros argumentales efectivos y que, cuando resultan forzados como en la parte final, todavía guardan un as en la manga. Es un título que parece rendir homenaje a G.K. Chesterton y su famosa novela de misterio El hombre que fue jueves, algo que no resulta muy rebuscado ni culto, teniendo en cuenta que tanto el film de Alòs como el libro de Chesterton funcionan como artefactos que juegan a través de sus mecanismos genéricos con la realidad, el enigma y la sorpresa. Los cómplices del director Ramón Alòs son el actor que lo interpreta, Enrico Vecchi, tan implicado en el proyecto que, a pesar de su acento italiano rompe la cuarta pared de la incredulidad, y el filólogo Juan Miguel Company, que pasa de ser un entrevistado y colaborador testimonial sobre la figura de Chomón a convertirse en otro personaje del documental, casi como un Sancho Panza que acompaña al director en la búsqueda de datos sobre Primo de Chomón.

Para contarnos las lagunas argumentales que no pueden cubrir las imágenes de los fragmentos de largos y cortometrajes de Segundo de Chomón, ni tampoco las secuencias recreadas con Ramón Langa y Maribel Bayona como matrimonio, el método escogido por el responsable del largo es el del docudrama, tan extendido a final de los años setenta y durante los ochenta con el programa de TVE Vivir cada día, pero matizado por un estilo más cercano al documental contemporáneo.

Con la mujer

La película resulta más apasionante en la divulgación pura sobre Segundo de Chomón, sus trabajos y su época, que cuando fabula sobre su figura. Pero consigue un final a la altura de su desarrollo, un homenaje a los oficios del cine y a la capacidad de conseguir imágenes que parecen robadas a los sueños. Un documental que supondría un tríptico muy interesante con la revisión de La invención de Hugo de Martin Scorsese y la relectura transversal del ensayo La muerte del cine, de Paolo Cherchi Usai (editorial Laertes). Aunque lo que más se puede agradecer es la reivindicación de un pionero e inventor del cine, Segundo de Chomón, del cual se pueden ver muchos de sus cortos en distintas plataformas digitales y recopilaciones en DVD de su filmografía. Y como muestra, este botón.

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