FICX 2015: Día 8

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The Ardennes

Última crónica desde el FICX 2015.

A la estela de Black, desde Bélgica llega otra película de temática social a la sección oficial del FICX, con un punto de thriller negro que entretiene pero acaba en un delirio que pretende acercarse al cine de los hermanos Coen pero que termina por ofrecer momentos verdaderamente demenciales. The Ardennes cuenta, de nuevo, una historia ya vista en infinidad de películas de temática criminal: dos hermanos delincuentes fracasan en su intento de robo a una mansión y uno de ellos es enviado a prisión durante varios años. Al salir, el otro hermano se ha rehabilitado por completo de sus adicciones y su vida delictiva, y además ha comenzado una relación estable con la novia del primero. El dilema moral entre la honestidad y el miedo a decir la verdad, junto a los problemas para la reinserción del ex convicto, ocupan la mayor parte de la trama del film dirigido por Robin Pront hasta que, como señalábamos anteriormente, un suceso aleatorio provoca que el tramo final se convierta en una locura violenta cargada de situaciones grotescas que provocan más risas que otra cosa. Hasta avestruces corriendo por el bosque, oigan.

Right now, wrong then

Right now, wrong then

Tenía que llegar Hong Sang-soo para que la sección oficial tuviera una película a la altura de un festival como el de Gijón, que este año nos está dando más disgustos que alegrías. No es de extrañar pues que Right now, wrong then se haya alzado con el premio a la mejor película en esta 53ª edición del certamen. La última película del coreano ofrece todo lo que se espera de él; de nuevo los temas y los mecanismos formales que se repiten a lo largo de su filmografía son la base de un nuevo trabajo que divide en dos. Más bien nos cuenta una historia desde dos perspectivas diferentes, un “lo que fue y lo que pudo haber sido” sin que realidad e ilusión se diferencien, si es que realmente hay una realidad y una ilusión. La primera vez la historia se narra a través de la voz en off del personaje del director de cine bebedor omnipresente en el cine del coreano. Es una parte más visceral, en la que el ego y la admiración respectivamente se confunden con amor. La segunda oportunidad de recrear el día que el protagonista pasa en el pueblo donde tiene que ofrecer una charla tras el pase de una de sus películas, la cámara se aleja más de él, se mantiene en una posición más objetiva y ya no utiliza su voz en off. Es ésta una repetición más reflexiva, más honesta y quizá más seria, como queriendo subsanar los errores cometidos en el primer encuentro entre los protagonistas. Los coqueteos inocentes dan paso a confesiones maduras y en algún caso aparentemente precipitadas. No son dos maneras de ver el mismo día, son dos maneras de vivirlo según unas mínimas variaciones en los diálogos que hacen que los comportamientos del protagonista y la chica a la que conoce al principio de la película, fluyan de distinto modo y le sirvan a Hong Sang-soo para reflexionar sobre la imposibilidad a veces de encontrar segundas oportunidades para corregir pequeñas acciones que puedan llevar al fracaso o al éxito.

One breath

One breath

El año pasado el festival se clausuraba con una película belga que venía a ocupar el espacio de las producciones telefílmicas para la hora de la siesta, en su apartado de películas de casas encantadas por fantasmas amables. La de este año tira por la misma línea pero por el apartado de niños desaparecidos – madre coraje alemana que busca a su hija sin ayuda de la policía en un país extranjero. En este caso el país es Grecia, lejos del exotismo al que nos tiene acostumbrados este tipo de film, pero extraño para un alemán al fin y al cabo. One breath se divide en tres partes, dos de ellas independientes cuyo espacio temporal transcurre en paralelo y en las que se centra en cada una de las dos protagonistas de la película, y la tercera que ya mantiene un desarrollo de la acción con ambas. Pero mientras El viaje de Elena, que es como se titula el primer fragmento, se muestra casi como un cine social que pone sobre la mesa cuestiones como la crisis griega, el sentimiento contradictorio entre la responsabilidad y la indiferencia de los alemanes de a pie al respecto de aquella, e incluso el papel de la mujer en sociedades aparentemente civilizadas pero aún sometidas a un fuerte paternalismo, El viaje de Tessa y la parte final avanzan por el camino del telefilm con las características señaladas anteriormente.

Con One breath cerramos las crónicas diarias del FICX, cuyo palmarés y Top 5, tanto nuestro como de los compañeros con los que hemos podido compartirlo, os contaremos mañana tras despedirnos un año más de Gijón, deseando casi como una utopía que no sea una despedida final de los Cines Centro y se pueda mantener el festival en el centro de la ciudad como hasta ahora. Nos veremos el año que viene, esperamos.

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