Entrevistas: Álvaro Longoria

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The Propaganda Game - Cinema ad hoc

El director de The Propaganda Game nos cuenta las reglas del juego.

El tiempo pasa volando y quince minutos se quedan cortos para charlar con Álvaro Longoria. La entrevista resultó tan interesante como el largometraje y aunque comenzamos hablando sobre el film en sí, después derivamos más hacia el argumento, la situación norcoreana y otros detalles internacionales.

– Desde la introducción del documental ya expones que te atrae mucho Corea del Norte. ¿La película surge como un trabajo de encargo?

Álvaro Longoria: No es un encargo para nada. Esta es una idea mía, que yo tenía desde hace años. Yo hice tres documentales como productor para Oliver Stone: Comandante, Looking for Fidel y Persona Non Grata. Era una cosa que yo quería, de hecho intenté en su día conseguir acceso y era imposible. De repente, cuando oí hablar de Alejandro Cao de Benos lo volví a intentar. Le mandé un mensaje por Facebook, me respondió y al día siguiente ya estaba negociando con él. Me dijo “por supuesto que se puede ir”, así que aprovechamos. Y sí, me fascina como le fascina a todo el mundo, lo prohibido, lo distinto, lo alternativo genera fascinación y Corea del Norte es todo eso. Sucede igual que con los malos de las películas, los malos les gustan a todos.

– ¿Esta idea la tenías desde hace tiempo?

A.L.: El origen de la idea lo tuve antes de Hijos de las nubes. La última colonia, pero entonces me lo planteaba como productor. Cuando descubro a Alejandro mi primera intención es ver si existe la posibilidad de hacer algo más grande. Claro, cuando tú tienes una visión y ves claro lo que quieres hacer, es muy difícil contratar a otra persona para que haga lo que tú sabes que quieres hacer. Entonces desde el principio lo vi claro, una oportunidad con un tema muy interesante. El público que ve la película me dice que no sabía esto, no había visto nunca este punto de vista. Tampoco es un punto de vista muy complicado, sino más bien es como decir: “¡ojo! que no siempre es todo tal como te lo cuentan; piénsalo todo un poco más, entérate un poco más y genera tus propias conclusiones”.

– Pero hay más puntos de vista en el documental, porque si no, no tendrías intervenciones como las de los norcoreanos exiliados, grabadas en otro país.

A.L.: De hecho el guardia norcoreano está grabado en Madrid porque vino un día y le entrevistamos. Las otras entrevistas están grabadas por varios países: en Corea del Sur, en Australia, en Estados Unidos y más sitios. Y de hecho, cuando fui a hablar con los norcoreanos Alejandro fue mi interlocutor. Al principio me dijeron que lo que yo quería hacer no podía ser, porque hay cosas aquí, en esta película, que son inaceptables para ellos, y yo les dije que si no podía hacer eso no iba a hacer nada. Yo para hacer un publirreportaje de Pyongyang no lo hago, que lo haga otro. Pasé solo para negociar todo un año. Tenía unas líneas rojas que no se podían romper porque sino nos hubiéramos perdido todo.

The Propaganda Game

The Propaganda Game

– Pero rompes bien esa “cuarta pared” en la secuencia del militar condecorado que dice con toda naturalidad que allí los militares viven muy bien. Llegas a ese punto después de parecer que todo era solo propaganda.

A.L.: Al final cuando la gente piensa que la entrevista se ha terminado es cuando te dicen las cosas de verdad. En las entrevistas lo bueno siempre está después de acabar la entrevista. Mantener la línea oficial siempre es muy difícil. Como por ejemplo el joven al que le pregunto ¿cuál es su sueño? Claro, el tío se queda pensando “eso no estaba en lo que tenía que decir, ¿cómo que cuál es mi sueño?”.

– O el otro que está sudando en el metro.

A.L.: Y eso habla por sí mismo, creo. Mi posición como director es que no voy a darle al espectador las conclusiones masticadas, sino que le pido que haga el esfuerzo de tomar las suyas propias. Es algo a lo que cada vez estamos menos acostumbrados.

– Desde el principio das testimonio de estar allí, incluso grabando o apareciendo en pantalla. ¿Usabáis dos cámaras?

A.L.: Bueno, teníamos tres. Yo grababa con una y con dos más los otros dos operadores. Luego teníamos además la GoPro que daba unos planos geniales. Puedo hacer un “google maps” de Pyongyang. Al principio yo no tenía intención de grabarme a mí mismo, no tenía intención necesariamente de salir pero sí que me estaba grabando un diario todo el rato, porque claro, lo que nos estaba pasando y sobre todo como tú lo cuentas, evidentemente no podíamos comentarlo con nadie de allí. Así que nos dedicamos todos los días a ponerme dos o tres veces ante la cámara, me grababan para contar lo que iba ocurriendo. Luego me di cuenta de que en el fondo yo también represento al espectador, o sea yo soy un tío normal, como cualquier espectador que pueda estar allí.

– Eso se ve en momentos como el de la furgoneta.

A.L.: Sí. Y hago las preguntas que haría cualquiera, nada especial.

– ¿Rodastéis mucho material o no pudistéis por las condiciones?

A.L.: Rodamos todo. Lo único que nos dijeron es “cuando yo os diga parad, paráis”. Y es verdad que nos lo dijeron en varias ocasiones, sobe todo cuando llegábamos a puestos militares, puestos de control. En la zona desmilitarizada había cosas que no podíamos rodar, pero en general rodamos durante horas. Nosotros estuvimos allí diez días que parece que no es tanto, pero es mucho si estamos grabando desde las siete de la mañana hasta las ocho de la tarde que nos metían al hotel y ahí nos teníamos que quedar. Rodábamos todo el rato. Bueno, con la GoPro grabamos ese plano final que se ve ese arco gigantesco con los títulos de crédito y con el travelling se ve esa carretera vacía. Dice mucho porque es un monumento espectacular y luego nada, vacío durante kilómetros.

Alejandro Cao de Benós y Álvaro Longoria en San Sebastián

Alejandro Cao de Benós y Álvaro Longoria en San Sebastián

– Es de los pocos exteriores que se ven porque siempre estáis en Pyongyang o en la zona de la frontera.

A.L.: La granja que aparece también está fuera de la capital. Está bastante lejos. No sé dónde porque no me lo dijeron, porque allí todo es muy secreto. Y el itinerario original también era ridículo porque me decían “te vamos a llevar a lo que estamos fomentando ahora para que la gente se lo pase bien: un hipódromo”, pero me negué a ir al hipódromo porque ¿qué interés podía tener para el espectador ver que allí tenían eso?, ningún interés. Aunque ellos sí están orgullosos de esas grandes obras, ahora han hecho una gran estación de esquí y piensas “– De todas las cosas que podrías hacer, ¿por qué haces una estación de esquí? – Porque vamos a fomentar el turismo. – Ya, pero ¿quién se va a ir a esquiar a Corea del Norte?” Pues ellos están convencidos de que la gente se va a ir a esquiar allí.

– Por curiosidad, lo que sí parece verse en el documental es mucha contaminación en el cielo.

A.L.: Pues mira, allí no hay contaminación porque prácticamente no hay gasolina ni hay coches, no hay industria pesada, por lo menos en Pyongyang. En el norte algo hay, sí unas minas y tal. Pero el problema es que la contaminación les viene de China, les llegan nubes de contaminación y se pasan días enteros contaminados por China. No hay mucha contaminación, al revés. Hay días en los que el ambiente está superfresco y otros en los que les llega esa boina negra que llega de China, es duro ¿no?

– ¿Conocías el cómic de Guy Delisle titulado Pyongyang?

A.L.: Claro, ese cómic era de lectura obligatoria para todo el equipo. Me encanta, me parece genial pero si lo has leído verás que ha cambiado mucho el país desde que él estuvo hasta lo que se ve en la película. Me parece que han pasado diez años desde que Delisle estuvo allí. Esos diez años han cambiado el país totalmente, porque claro la hambruna fue en los años noventa. A finales de los noventa es cuando la cosa está fuera de control y han muerto millones de personas de hambre. Desde entonces hasta ahora la transformación es brutal, o sea tú ahora ves las imágenes y no hay gente muriéndose de hambre. He hablado con diversas ONGs y ya no hay el problema alimenticio que había. Es verdad que no tienen la variedad de alimentos ideal, pero no hay un problema de hambruna, que se moría la gente por la calle. Para mí, como economista, me parece fenomenal, que hayan conseguido no depender tanto de Rusia y de China, sobre todo de Rusia. Pero ¿cómo han conseguido que la economía funcione?

– Quizás por las divisas generadas por los trabajadores como mano de obra barata para otros países.

A.L.: Tienen muchos trabajadores en los países del Golfo. En el aeropuerto te llama mucho la atención que ves de repente despegar un avión enorme hacia Dubai, un avión lleno de trabajadores. Pero con esos ingresos no pagas un país entero. Ahí hay algo… Yo creo que son los chinos de alguna manera, será una combinación de todo. Pero vamos, sin China Corea del Norte no existiría. Es la única frontera abierta que tienen además. Y los chinos mismos lo reconocen pero les fastidia porque ellos no les hacen caso.

– Esto lo explicas bien en el documental, el papel de China, aunque también le puede interesar el aislamiento de Corea del Norte a Estados Unidos.

A.L.: Para los norteamericanos es obvio que es muy conveniente. Y aparte el ejemplo cubano, no tiene nada que ver pero se parece bastante. Cuba ha sido considerado un enemigo muy peligroso para Estados Unidos. Cualquiera que haya visitado Cuba sabe que aquel país no era un enemigo. Con Corea pasa algo parecido aunque con el peligro de su armamento, Corea puede soltar una bomba atómica y eso sería desastroso, es lo verdaderamente peligroso. Pero de ahí a que sea el gran enemigo…

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