Críticas: Sicario

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Sicario - Cinema ad hoc

Cerca del infierno.

El argumento de Sicario es tan sencillo como el de otras películas sobre la lucha contra el narcotráfico mexicano por parte de los Estados Unidos. En este caso una joven y eficaz agente del FBI, llamada Kate Macer, es reclutada por una fuerza conjunta que dirige un cínico jefazo de la CIA. Ambos son apoyados por Alejandro, un enigmático sicario colombiano con ansias de venganza. Su misión será encontrar al mayor capo de la droga en Juárez. Leídas estas líneas, todo lo expuesto puede parecer material de segunda mano en este nuevo largometraje dirigido por Denis Villeneuve. Puro reciclaje de historias ya vistas en pantalla, sobre todo si hiciéramos caso a la mayoría de las crónicas escritas por la prensa especializada durante el Festival de Cannes del 2015, el certamen en el que se presentó a concurso, quizás el lugar menos indicado para valorar bien una película tan contundente como Sicario.

Apoyada por una banda sonora compuesta por Jóhann Jóhannson, tan atmosférica como descriptiva, la percusión y sintetizadores refuerzan la sensación de temor que se establece desde la primera secuencia. En este arranque conocemos a la protagonista durante una redada en busca de un piso franco con rehenes en Phoenix (Arizona) cerca de la frontera con México, una operación en la que se introducen gradualmente, con una percepción del peligro latente en el escenario y un ambiente amenazador. Esta incursión en un desarrollo inquietante se establece tanto para los personajes dentro del film como para el público que los observa desde las butacas en la sala de cine. Es sorprendente que una producción de suspense y acción, dirigida a conseguir una explotación comercial típica, prácticamente plantee un trato con el espectador, al que da la oportunidad de continuar, si así lo elige, la misma incursión en el mal que hace la protagonista.

Sicario - Cinema ad hoc

La narración convencional se transforma en hipnótica, por el desarrollo alucinatorio, casi lisérgico, de los acontecimientos. Todo amplificado por la música, los efectos sonoros y la introducción de panorámicas cenitales del paisaje, al igual que las que se sucedían en La isla mínima como recurso estético. Aunque ahora sucedan con una efectividad justificada porque se corresponden al punto de vista de las cámaras de vigilancia de la CIA, desde helicópteros y satélites, en el caso de Sicario. Los personajes siempre actúan empujados por la misión, en un avance continuo hacia delante, que les caracteriza por sus acciones y gestos, sin la coartada sentimental ni psicológica, tan común en estos casos, que les debilitaría. Son guerreros poco locuaces y tan letales como los samurais de Akira Kurosawa. Soldados que nunca miran atrás salvo que tengan la muerte cerca de sus espaldas.

El film supone una buena sorpresa dentro de un género criminal que no vive malos momentos, pero en el que se echan de menos propuestas arriesgadas como la actual, con un tratamiento de la acción sin abuso de la adrenalina ni el efectismo típico de estos productos, sino con una tensión gradual que crece y nos aterroriza gracias a un empleo del fuera de campo que amortigua el impacto de la violencia, de la que vemos sus consecuencias gráficas,  pero no su desarrollo con todo detalle. No hay nada más fuerte en el film que lo que imaginamos. Buenas muestras de la realización son la llegada a la ciudad de Juárez, con los cadáveres de ciudadanos ajusticiados que penden colgados en las calles, los lentos zooms y travellings que muestran levemente las víctimas en la primera parte, el convoy de los agentes que llega a un atasco en la frontera y debe hacer frente a varios sicarios que los siguen, o esa incursión por los túneles con gafas de visión nocturna que acrecientan la vulnerabilidad de los protagonistas.

Sicario - Cinema ad hoc

Denis Villeneuve dirige con pulso firme este viaje al corazón de las tinieblas, este recorrido por la línea de sombra que no separa héroes de malvados. Gracias a un buen guión de Taylor Sheridan con las cantidades justas de secuencias dinámicas, alternadas por otras estáticas o explicativas, junto a unos diálogos que ayudan a la credibilidad de los personajes. Así que las referencias que maneja el director canadiense son más herederas de Joseph Conrad y sus novelas. El aliento narrativo proviene de un film de culto como puede ser Homicidio, de David Mamet, uno de los mejores ejemplos de cine negro de los años noventa; también de los más olvidados, qué lástima. Un espíritu visual reforzado por la fuerza que toma prestada de otros directores francotiradores como John Carpenter, con su economía visual y el manejo de todos los elementos audiovisuales dentro y fuera del plano, sin recurrir a fuegos de artificio.

Tal como sucedió la primera vez que descubrimos films como Seven, de David Fincher, que desde los títulos de crédito ya intuimos que eso no era solo una propuesta de thriller de suspense, o algo similar con Apocalypse Now que, tras verla la primera ocasión jamás podríamos decir que sólo se tratara de un film bélico, Sicario se plantea como un ejemplo de cine de acción que supera sus límites genéricos y nos aporta -aunque no llegue al mismo nivel- una experiencia tan sugestiva como la de las otras obras citadas.

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