Críticas: Grandma

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Grandma - Cinema ad hoc

El tiempo pasa. Eso es seguro. (Eileen Myles)

Paul Weitz es un director y guionista norteamericano, en activo desde finales de los años noventa. Casi toda su filmografía parece orientada a la comedia, en la que destacan dos grandes éxitos que son las taquilleras American Pie y Ahora los padres son ellos. O batacazos económicos y cinematográficos recientes como La vida de Flynn. Lily Tomlin es una comediante famosa, sobre todo durante los setenta y ochenta en Estados Unidos, décadas en las que consiguió su mayor popularidad, además de aparecer en varias películas de Robert Altman. Honestamente, después de ver la trayectoria extraña del realizador y las contadas apariciones en pantalla grande de la veterana actriz, menos habituales que sus trabajos en televisión, las apuestas por un film como Grandma parecían nulas. Sin embargo, las ganancias son mucho mayores.

Sabiendo que Lily Tomlin trabaja por segunda vez para Weitz, después de interpretar un papel secundario en un largo anterior, Proceso de admisión y viendo el largo actual, se comprende que la conexión entre los dos artífices del film es plena porque Paul Weitz escribe y dirige su película más redonda, mientras que la actriz sale disparada a la carrera por las candidatas que pueden acaparar algunos premios de interpretación que se entreguen durante el próximo año. Son dos profesionales sin los cuales no existiría este largometraje, aunque apoyados por Eileen Myles, una poeta y musa que inspira, ya desde la cita con la que se inicia tras el título (“Time passes. That’s for sure”).

Grandma (2) - Cinema ad hoc

Esta vertiginosa jornada acompaña a una escritora y abuela de algo más de sesenta, enamorada de las mujeres, leal, mordaz, cachonda e irresistible que la intérprete sostiene con su gestualidad, miradas y andares. Compone así un personaje antológico que respira y marca el ritmo en todas las secuencias. Sus ayudantes son Julia Garner, Marcia Gay Harden y Judy Greer en los papeles de nieta, hija y novia, respectivamente. Las seis partes que estructuran el film están enumeradas por una página en blanco con letras mecanografiadas que apoyan el desarrollo narrativo. Así vemos unos encabezamientos lógicos, igual que si leyéramos un poemario de la protagonista. El primero, irónicamente, es ”Finales”. Después se suceden otros como “El ogro”, “Chicos” o el último, “Libélulas”. Lejos de ser interrupciones, estos encabezados suponen unas transiciones que suavizan el contraste cómico o dramático -en algún instante- de los seis actos con los que evoluciona un guión que habla de la amistad y comprensión entre distintas generaciones, la diversidad sexual, el compromiso, el amor verdadero, el cariño, la muerte, la vida, la maternidad, la paternidad y la tolerancia. Temas apasionantes aplastados por un humor que los lanza a los espectadores como si fueran gominolas en lugar de dolorosas inyecciones.

El autor abandona cualquier tentación de buscar encuadres logrados, al igual que mantiene un ritmo envidiable sin alargar los ágiles y provechosos ochenta minutos que necesita solo para su película. Por el contrario, gracias a esta falta de pretensiones logra planos que perduran en la memoria, de los que destacan la despedida de la nieta y su madre desde el coche mientras se refleja el rostro de Elle, la abuela, en el cristal de una ventanilla. Grandma es casi una road movie que no arranca pero se mueve como el viejo Dodge que todavía guarda la protagonista. Un viaje durante el que no dejan de suceder acontecimientos propios de una cotidianeidad y cercanía muy conseguidas. Se trata prácticamente de una revisión de Fresas salvajes que evoluciona por los encuentros con personas importantes en la vida de Elle (Lily Tomlin). Sin grandes intenciones Paul Weitz consigue los mejores resultados, sin recurrir a la ternura, la lágrima fácil ni otras trampas o chantajes sentimentales hacia el espectador. Una actitud que sostiene todo el reparto, aliado con Lily Tomlin, una auténtica guerrera de la interpretación llena de matices.

Grandma (3) - Cinema ad hoc

Grandma es una sorpresa agradable en la cartelera, aparte de ser una buena muestra sobre cómo tratar estos temas polémicos para la sensibilidad norteamericana como son la inseguridad en las parejas con edades muy diferentes, el aborto y las relaciones personales entre parejas del mismo sexo. Una lección de cine conseguida únicamente con los elementos necesarios y sin necesidad de fuegos de artificio. Una declaración de amor a todas las mujeres en general. A las damas solitarias, graciosas y fuertes en especial. Y por supuesto a Lily Tomlin, en particular.

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