Críticas: Dheepan

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Dheepan - Cinema ad hoc

La jaula de la identidad.

El cine de Jacques Audiard suele acertar de lleno en su acercamiento a perdedores poliédricos, seres que a pesar de intentar huir de la asfixiante violencia del entorno terminan abocados a sus rígidos designios, como una carga sanguínea que les conecta con un fatalismo inevitable. En los primeros compases de Dheepan, las identidades sin dueño de tres miembros de una familia fallecida en la guerra civil en Sri Lanka otorgan esta oportunidad de escape a otras tres personas que han sido despojadas de todo lo que poseían: un hombre, una mujer y una niña se ven forzados de repente a partir hacia la lejana Francia bajo la apariencia del núcleo que nunca fueron. Desde la brevedad de su presentación y la abrupta elipsis sucesiva, el director de Un profeta da una buena muestra del talento narrativo que le ha llevado a ser el autor de prestigio que es hoy. Una demostración en la que apenas el resplandor de una diadema de luces y el uso de una pieza musical le sirven para trasladarnos de una jungla despiadada a otra que se presenta revestida de un halo de esperanza, pero no resulta menos implacable con sus habitantes.

Dheepan - Cinema ad hoc

Este paralelismo entre las trampas de dos de esos ambientes adversos en los que tan bien suele manejarse Audiard, subrayado posteriormente en repetidas ocasiones, es el corazón de una obra en la que el francés termina por traicionarse a sí mismo a base de retorcer hasta la extenuación algunas de sus señas de identidad. Convertido ya en un habitual de Cannes, resulta curioso que el codiciado máximo reconocimiento del certamen le haya sido otorgado gracias a su séptima película, en la que su indudable buena caligrafía cinematográfica queda coartada y distorsionada por la toma de varias elecciones discutibles. En primer lugar, Dheepan se presenta como la incógnita de la recomposición de esos lazos afectivos aniquilados en el conflicto bélico, en este caso mediante la supuesta ofrenda de un primer mundo que garantiza la posibilidad de una educación para la niña y también de un empleo y una vivienda precarios para los protagonistas, que tratan de interiorizar unos vínculos personales que no les pertenecen. Existe asimismo el intento de proyectar un viaje sensorial, mucho más subterráneo, desde la abandonada cultura autóctona de los personajes hacia unos suburbios parisinos presentados como el neutral vertedero al que van a parar los desheredados de la sociedad –no hay que dejar de lado que se trata de la primera ocasión en la que el francés escoge la incredulidad de una mirada extranjera para abordar esta realidad–. Todas estas temáticas son incubadas en la mitad inicial con el impetuoso nervio marca de la casa, pero también difuminadas por la pretendida amplitud de unas intenciones tan grandilocuentes como escasamente reveladoras.

Dheepan - Cinema ad hoc

Hay una sugestión magistral en ver cómo Dheepan trata de asumir su condición de pieza marginal en el podrido tablero de Europa, mientras su mente sigue atrapada por el horror y el resto de personajes entre los que oscila quedan más desdibujados, así como también en la posible exploración de los afectos que se apuntaba al comienzo. Por eso mismo resulta más decepcionante que en su tercio final todo pretenda reducirse al estallido violento del trauma psicológico latente, un dudoso clímax en el que el autor cae presa de su propia aspereza formal y decide resolver las situaciones pendientes con una apología del tremendismo que reduce a escombros todo lo apuntado hasta entonces. Audiard nunca se ha caracterizado por ser un cineasta de remates, pero el chapucero broche poético en forma de epílogo que pone fin a su última película puede contarse entre los momentos menos afortunados de su filmografía. Como le sucede a su personaje, su hosquedad nunca consigue integrarse en un discurso que acaba afectado por el más doloroso de los conflictos que plantea: la imposibilidad de recobrar el sentido de lo que un día fue auténtico mediante una unión de índole artificial.

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