Entrevistas: Pablo Larraín

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Pablo Larraín

Hablamos con el director de El club

Hotel María Cristina, diez de la mañana, quizás demasiado pronto para una entrevista dados los estragos que suelen causar las noches donostiarras en periodistas e invitados. Pablo Larraín, camisa blanca, pantalones negros, gafas de sol, parece acusar en principio los excesos de las festividades bataplaneras pero pronto se pone en marcha y nos ofrece un memorable rato de charla donde tocamos todas las aristas de la que probablemente sea su mejor película hasta la fecha, además de otros muchos temas.

Cinema ad hoc: Hay una iluminación especial, propia de la zona donde está rodada El club, que envuelve toda la película ¿era algo pensado desde el principio o surgió así al adentrarte en la historia y en sus protagonistas?

Pablo Larraín: Esta pregunta a las 10 de la mañana (risas)… Me parece que las estructuras dramáticas, los personajes, los giros, el guión son elementos esenciales, pero también el tono y la atmósfera. Cómo se ve y se siente una película es como te entra esa película por los poros, es un tema más sensorial. Nosotros buscamos una estética, un lugar narrativo que estuviera en sincronía con la película. A veces pasa que una película tiene tonos diferentes en su narrativa y en su visualidad y no siempre hay esta sincronía. Hay algo en El club como vaporoso, poco definido, de penumbra que tiene que ver con el alma de la película y eso era un poco lo que buscábamos. Usamos una óptica antigua, soviética, de los años 60, con muchos filtros, una óptica que hace que el sensor de la cámara HD reaccione de una forma a la que no está acostumbrada. Piensa por ejemplo que, cuando rodábamos en celuloide, en el proceso fotoquímico del revelado, al final se lava el negativo, se lava con agua y ese agua viene de cada país. Eso hacía que, finalmente, un negativo revelado en Francia se viera distinto a uno revelado en Méjico. ¿No se acuerdan de cuando las películas de cada país tenían una apariencia propia? Esa textura casi geopolítica que existía en el negativo ya se acabó. Hoy en día los chips de las cámaras digitales están hechos en las mismas fábricas y eso hace que el cine sea muy homogéneo, que todas las películas se parezcan y yo estaba interesado en darle una entidad visual propia a la mía. Esto no solamente pasa en cine, las cámaras que se usan para televisión son las mismas que para el cine, como que todo es igual. Entonces hay esta intención por mi parte de buscar algo que se vea distinto y, por otra parte, muy asociada al epígrafe, a la cita del principio (Génesis 1:4 – “Vio Dios que la luz era buena y separó la luz de las tinieblas”). Eso tenía que tener también una consistente visual.

Cinema ad hoc: En el resto de tu filmografía hablas, principalmente, sobre la historia reciente de Chile, algo que se rompe en El club pero, también basándonos en ese uso de la luz del que hablábamos, en realidad no del todo. El lugar es como una isla fuera del tiempo.

Pablo Larraín: Sí, el único elemento moderno es el auto ¿te has dado cuenta?. Yo me percaté cuando terminamos de rodar la película.

Cinema ad hoc: Sí, por eso, hablas del presente pero ese pasado está muy presente en tu historia.

Pablo Larraín: Sí, hay una atemporalidad, diría yo. Lo que pasa que este tipo de casas y el relato de la película es tan viejo como la Iglesia. Lo que pasa que hoy en día sí lo sabemos y hay elementos que sí la hacen contemporánea como la paranoia de la prensa. Los medios tienen, hoy en día, una relevancia y una influencia que va en sincronía con la ciudadanía, cosa que no existía antes. Hoy día la Iglesia le tiene más miedo a la prensa que al infierno. Eso es lo nuevo, cuando la monja dice: “si usted cierra esta casa, voy a llamar a la televisión” ahí es cuando aparece la amenaza verdadera. Quizás eso es lo nuevo, lo que la hace verdaderamente contemporánea, el fantasma vivo de la Iglesia Católica. Hay otro conflicto que también rompe la atemporalidad que es el conflicto entre la vieja y la nueva Iglesia. Ésa nueva Iglesia que viene de la mano del Papa Francisco y que quiere ser más humilde y cercana a sus fieles, una Iglesia que comprende y busca el perdón, una Iglesia enfrentada a esa Iglesia del cónclave, que sabes que significa con llave, y que toma todas sus decisiones a cuatro muros.

El club

El club

Cinema ad hoc: Con referencia a este conflicto entre la vieja Iglesia y la nueva: ¿crees que esta nueva iglesia sigue siendo un club?

Pablo Larraín: Sí, porque los clubes tienen reglas, tienen miembros y sobre todo hay la intención de proteger a ese club. Sus miembros quieren que siga existiendo. Entonces claro, el club tiene diferencias internas pero sí, sigue siendo un gran club.

Cinema ad hoc: Precisamente sobre este tema ¿has tenido alguna respuesta por parte de la Iglesia?

Pablo Larraín: No, porque la Iglesia lo que hace es ignorarte. Si hablaran de ti te darían más visibilidad y así les iría peor. Así que no, no dicen nada.

Cinema ad hoc: ¿Y crees que eso va a ser sólo en Chile o que en otros países sí habrá una reacción?

Pablo Larraín: Te podría poner mis manos a que no van a decir nada. Ojalá dijeran algo (risas) pero no creo.

Cinema ad hoc: ¿Crees que el cine aún puede ser una herramienta para estrujar conciencias?

Pablo Larraín: Entiendo tu pregunta pero todo es más espontáneo de lo que piensas, no tengo como una organización política en mi cabeza. Ya sé que suena ridículo después de ver las películas que he hecho pero son como materiales narrativos que van surgiendo en la medida que me van pasando. He escrito una película sobre Neruda (ya está filmada, la estoy editando) y, claro, también es bien política pero es una especie de thriller policial… no sé qué va a pasar con esta película (risas)

Cinema ad hoc: ¿Con Neruda dices?

Pablo Larraín: Sí, no sé en qué va a terminar. La estamos editando, está bien bonita, qué sé yo… lo que sí creo es que, sin darnos cuenta lo que sí creo que está presente en todo mi trabajo es la impunidad. Y de eso sí soy consciente, es una de esas cosas de las que te das cuenta cuando alguien te lo dice y es verdad.

Cinema ad hoc: La impunidad de los poderosos…

Pablo Larraín: Si, todo es estructuras de poder. Hay gente que es más poderosa y que, por lo tanto, siente que tiene que estar más protegida que los demás. Y, de repente, te das cuenta que alguien es capaz de decirlo. No es que yo sea capaz de analizarlo pero sí… al final yo creo que cualquier película es un gesto político aunque sea la película más burda de todas o incluso de animación o diseñada para entretener a la gente en un avión. Una película siempre instala un reverso humano y una realidad social y eso tiene una entidad política en cualquier caso. Mejor entonces no desconocerla, mirarla de frente y si va a tener un sentido político que sea claro y fuerte.

Cinema ad hoc: El guión se lo ibas dando a los actores día a día. Ellos no lo llegaron a ver completo sino que lo iban conociendo según lo que se rodaba cada día. ¿Por qué decidiste hacer esto?

Pablo Larraín: Por diferentes razones, la primera porque el guión lo estábamos aún escribiendo. Entonces no lo teníamos. También porque es como un ejercicio en el que ellos no sabían mucho de su personaje ni tampoco de los otros. Eso es primero un gesto de confianza entre los actores y nosotros y también hace muy bonito que ellos, los actores, no preparan su personaje. Esto es un acto de presencia y de presente: al no conocer ninguno la biografía de su personaje, al no saber ni siquiera como se llamaban en la película, ni cuál es el devenir de la película, el tipo se pone ante la cámara y la primera toma es ridícula, la segunda también y, como son actores de oficio, en la tercera ya empiezan a instalarse y a darle fuerza a lo que está pasando y ya en la quinta tienes una verdad muy potente y eso es lo que estábamos buscando, que tuviese una verosimilitud que viniera desde ese acto de presente y de presencia. Creo que es una sensación que funciona, he hecho películas de distintas maneras, en algunas está todo muy estudiado y ensayado. No creo que haya un sólo método pero me gustó hacer esto para esta película.

Cinema ad hoc: Como decíamos todas tus películas son muy incisivas políticamente pero también tienen un punto de humor. Incluso en El club esto está muy presente, un humor incómodo.

Pablo Larraín: ¿Te reíste mucho?

Cinema ad hoc: Te comento, en el festival de Berlín, hubo muchas risas. Sin embargo, en el pase que hubo en Madrid, la gente reaccionaba con más seriedad.

Pablo Larraín: Sí. Ayer también se rieron mucho, más que en cualquier parte. Yo sentía que estaba viendo una comedia así como dura. Me llamó mucho la atención.

Cinema ad hoc: ¿Pero tú la pensaste y escribiste como una comedia o es algo que te ha sorprendido? ¿ver esta reacción del público?

Pablo Larraín: La comedia sucede cuando estás filmando. Es ahí cuando surge la idea de que haya algo que puede ser gracioso y cambia un poco el guión. Lo que pasa es que el humor tiene una cosa maravillosa: es lo que tú acabas de decir, que la gente se ríe de cosas que tal vez no debería reírse. Luego, en muchos casos no en todos, la gente se cuestiona casi moralmente si es correcto reírse o no de eso. El espectador se retrae, está todo el tiempo en un juego en el que se ríe de algo de lo que quizás no debería: se siente bien, se siente mal, se juzga, se autojuzga… Es como una especie de ejercicio que tiene que ver con la perspectiva ética y moral de cada uno. por eso, tal vez, la película que tú estás viendo es distinta a la que está viendo el tipo de al lado. Existe una clase de humor que es una broma con la que todos nos reímos, y después tipo hay otro que es el humor moral, ése en el que tú te ríes un poco más, el otro se ríe menos y de repente te ríes y piensas: ¿por qué me reí de esto? Tú mismo te preguntas si es correcto reírse de eso o no. Te lo preguntas desde un punto de vista moral. Te estás riendo, o no, de la miseria de alguien y esa mecánica es muy interesante porque hace que el espectador este activo. Al final, el humor permite esconder ciertas ideas que, dichas de cualquier otra forma, sonarían discursivas o superinteligentes o burdas. El humor permite esconder ciertas ideas que, seguramente, dichas de cualquier otra forma sonarían distintas. Es una buena mecánica, una buena estrategia para decir estas cosas.

El club

El club

Cinema ad hoc: Al hilo de esto, una de las cosas que más llama la atención es la forma de expresarse de el personaje de Sandokan (Roberto Farías). A la hora de hacer el guión ¿ya teníais pensada esta forma de hablar o fue algo que surgió en el trato con el actor?

Pablo Larraín: Ese personaje viene de una obra de teatro que yo hice con el propio Roberto Farías. Se llama Exceso y es una obra que escribimos juntos y en la que estuvimos trabajando durante un año. Es un monólogo de 50 minutos continuos sobre la escena en él habla de todos los abusos de los que fue víctima durante su infancia. Es la historia de un niño que habla de cómo fue abusado. Lo que hicimos en la película fue traer a ese personaje de la obra de teatro e integrarlo en el film, entonces él era el único que tenía realmente un trabajo de preparación previo con el que ya habíamos identificado un habla, un tono. Y hace algo que a ustedes les debe sonar raro, que es su manera de expresarse. En realidad es una especie de coa,  que es un lenguaje carcelario, de la calle, propiamente chileno y que es muy difícil de actuar para que suene realmente espontáneo y cercano a como en realidad hablan esas personas y Roberto es uno de los pocos capaces de hacerlo. Todo estaba todo muy escrito, excepto algunas escenas en las que él fue capaz de improvisar porque es alguien que ya tiene mucho domino del personaje. Por ejemplo cuando está hablando con el Padre García, casi al final, y le dice una cantidad de cosas tremenda (risas), bien, toda esa escena que es un plano fijo muy largo, todo está improvisado. Pero claro, no es una improvisación cualquiera, es una improvisación de un actor que tiene al personaje muy integrado. Nosotros habíamos estado ensayando durante seis meses, todos los días de la semana, cuatro o cinco horas diarias, hablamos investigamos, nos entrevistamos con muchas víctimas de abusos, y la obra estuvo tres temporadas seguidas en cartel, así que cuando llegamos a hacer El club el personaje estaba muy desarrollado y muy bien armado.

Cinema ad hoc: Y, por seguir con tus actores, ¿qué tiene Alfredo Castro?

Pablo Larraín: No sé. Eso es lo maravilloso y es muy misterioso. Es un actor que tiene mucho misterio y quizás eso sea lo más interesante del cine. Cuando no eres capaz de descifrar lo que le está pasando a esa persona entonces es el espectador quien se lo pregunta. Afredo es primero un amigo, alguien que me enseñó mucho, fue profesor mío, y además es un actor con un misterio maravilloso y una inteligencia increíble, muy sofisticada, y luego tiene una cara que… te la encargo (risas). Puede ser la persona más delicada y amable o el ser humano más temible en cuestión de segundos. Es fascinante.

Cinema ad hoc: La película habla de abusos pero en ningún momento has querido mostrarlos en pantalla. 

Pablo Larraín: Sí, porque es como lo que hablábamos antes del humor, es mucho más peligroso no mostrarlo que mostrarlo. Si tú no lo muestras es el espectador el que se crea su propia imagen y, esa imagen, es mucho más perversa, sofisticada y profunda que la que yo pueda mostrar.

Cinema ad hoc: Además de dirigir también trabajas como productor. A la hora de escoger un proyecto, ¿qué es lo que tiene que tener una película para que te decidas a producirla?

Pablo Larraín: No son proyectos, son directores. Es lo que ese director quiere hacer. Con mi hermano Juan lo que hacemos es trabajar con directores y apoyarles en la película que ellos quieran hacer. No intervenimos en nada de caracter artístico salvo que ellos así lo quieran. Son amigos en realidad: Sebastián Silva, Sebastián Lelio… Todos son amigos, son compañeros, gente de la casa. Nos ayudamos, nos mostramos los guiones, nos cuidamos y yo trato de ayudarles en lo que ellos necesiten pero jamás les he dicho lo que tienen que hacer, jamás se lo digo. La verdad es que el verdadero productor es mi hermano Juan, él es quien realmente ejecuta la película.

El club

El club

Cinema ad hoc: Hemos leído que vas a dirigir un biopic sobre Jackie Kennedy (Jackie) y, por tanto, vas a dar el salto a Hollywood. ¿Cómo te enfrentas a esta situación?

Pablo Larraín: Es que hablar de películas que no se han hecho da mala suerte (risas).

Cinema ad hoc: Más que nada, lo que nos preguntábamos es si te lo pensaste, si tenías miedo a perder los referentes chilenos que siempre han sido clásicos en tu cine o si te daba igual y lo afrontas sin miedo…

(Larraín sonríe pero no responde)

Cinema ad hoc: Da mala suerte, de acuerdo, volvamos a El club, y a los perros que aparecen en la cinta ¿estaban en la historia original o fue algo que incorporasteis posteriormente?

Pablo Larraín: Estaban, estaban. Cuando llegamos al pueblo para buscar la localización, a buscar esa casa amarilla (que siempre fue amarilla, nosotros no la pintamos). Al volver a Santiago de Chile descubrimos este canódromo, nos detuvimos y había una carrera de galgos esa misma tarde, nos quedamos y vimos la carrera. Empecé a investigar y descubrí que el país del mundo dónde más carreras hay de este tipo es España. Toda estas maneras de entrenar a los perros (la vara, la trotadora, etc.) las encontré en páginas webs españolas. Todo ese mundo freak es de ustedes (risas). Y acá todavía es peor: vi un vídeo en el que un señor, subido en en la parte de atrás de una camioneta, iba con un señuelo alentando al perro para que fuera corriendo y le hablan a los perros… no si aquí están definitivamente más locos (risas). Vi gente que le hablaba a los perros, españoles comunicándose con los perros. Hicimos una escena así pero la quitamos porque era demasiado ridícula (risas). Pero es un tema bonito porque el galgo es el único perro que se menciona en la Biblia. Es un perro que tiene un carácter místico y teológico. Hay tres razas originales de perros que dieron lugar a todas las demás y el galgo es una de ellas, es una de las razas madre. Después hay esta idea de la carrera, hay algo de pugna ahí también, hay como una especie de idea de la competencia.

Cinema ad hoc: Terminamos, ¿qué tal fue la experiencia de trabajar para la HBO con Prófugos, ¿estás de acuerdo con eso de que el mejor cine está en la televisión?

Pablo Larraín: No, lo que está pasando en la televisión es increíble pero si ha mejorado mucho es porque ha tomado herramientas del cine. Creo que cuando el cine se va a la mierda es cuando se parece a la televisión. El verdadero cine nunca va a ser un programa de televisión, no podría serlo. Ahí está George Miller (le teníamos al lado haciendo otra entrevista), ¿pregúntale a él si quieres? (risas). Yo no tengo ni idea, ¿ustedes se imaginan que alguien hiciera una serie de televisión con Boyhood? Es muy sano lo que pasa porque así el cine tiene que encontrar un espacio que no sea el televisivo. Está redifiniendo su identidad y esto es muy bueno, pero creo que el buen cine siempre va a estar en el cine. Por otro lado hay algo que lo diferencia de la televisión, el cine es una experiencia colectiva, es como una misa, te sientas con alguien que no conoces y miras hacia delante para que te cuenten algo, eso no pasa en la televisión. Además, al ser de gran formato, el cine nunca va a ser igual que la televisión porque hay algo que se produce al mirar a algo muy grande que lo hace más inquietante e hipnótico. Esos silencios y esos tiempos del cine no son posibles en televisión. Si los haces, te cambian de inmediato. ¿Habéis visto la película de Hou Hsiao-Hsien?¿o las de Miguel Gomes o Albert Serra? Intenten un programa de televisión con eso a ver como queda. Hay cosas que solo pueden estar en el cine y es maravilloso que así sea.

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