Entrevistas: Ignacio Mateos

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Entrevistamos a Ignacio Mateos.

“Con Picasso (La banda Picasso) pensé que iba a despegar mi carrera en el cine, que incluso podría haber alguna nominación a algún premio al ser un personaje que hablaba en varios idiomas, un prota, una película internacional. Pensé ‘ya no paro’… y se quedó en nada. En aquel momento lo sentí mucho por Fernando (Colomo) porque amaba ese proyecto pero me vino bien porque me colocó a mí en una posición de decirme a mí mismo: ‘tranquilo Nacho, baja un poquito y sigue currando’”. Han pasado más de dos años y medio desde que Ignacio Mateos interpretara su primer y único papel protagonista en una película hasta la fecha. Hasta entonces sólo le habíamos visto fugazmente en el cine en un pequeño papel en Blancanieves de Pablo Berger, con quien trabajó como ayudante de casting en Torremolinos 73 y está pendiente de volver a trabajar con él en su próximo proyecto, y había formado parte del reparto de El capitán Alatriste y de La Mula, aunque en el montaje que finalmente se estrenó eliminaron muchas de sus escenas.

Ignacio Mateos, Nacho, acaba de presentar en el Festival de San Sebastián junto al resto del equipo el último largometraje en el que ha participado, la nueva película de Imanol Uribe Lejos del mar. “Ha sido mi primer festival con una película en la que tengo un papel importante, lo he disfrutado como un enano y me he emocionado al ver al público reírse con mi personaje.” Porque, pese a la división entre crítica y público, la mayoría de los espectadores sí coincide en alabar su (corto) trabajo en la película “cada vez llevo mejor el tema de las críticas, ya no tengo en cuenta ni las buenas ni las malas, a veces son las dos igual de farsantes. El criterio es muy relativo. La primera vez que vi la película me vi como si estuviera disfrazado. Estoy con 20 kilos menos, con el acento almeriense y pensé que podía estar súper pasado, pero estoy satisfecho con mi trabajo. Me han llegado críticas de otros actores y de gente de Almería sobre que mi acento está perfecto. Mi mayor preocupación era la de estar un poco exagerado, pero creo que está en su justa medida, se queda un poso de personaje que yo quería conseguir en solo 8 secuencias.”

Imágenes del rodaje de Lejos del mar Fotografías de Berta Fernández

Imágenes del rodaje de Lejos del mar
Fotografías de Berta Fernández

Nacho interpreta a un ex presidiario, enfermo terminal, a quien un etarra interpretado por Eduard Fernández va a visitar tras salir de la cárcel gracias a la doctrina Parot. Un personaje que físicamente le ha supuesto un reto enorme al que quiso enfrentarse desde que se presentó al casting para el personaje de Emilio, “Después de hacer la prueba seguí con la dieta hasta que me dijeran algo porque pensé que después no me iba a dar tiempo, y si no me lo daban pues al menos me quedaba con tipín (risas). Tras saber que el papel era mío, Imanol me dijo que no adelgazara más pero yo le dije que el personaje era un enfermo terminal. Me pagué un nutricionista y perdí 20 kilos. Pensé que aunque sólo fueran 8 secuencias, la historia y el personaje se lo merecían. También me lo merecía yo, que quería pasar por ese proceso porque si no, no me lo paso bien.”

Porque si hay algo que Ignacio Mateos tiene muy claro es que “O voy a muerte con mi trabajo o no voy. Igual que hice con Picasso, me trabajo el personaje al máximo aunque sólo se vea luego una milésima. Con Picasso me estudié desde el día que nació hasta el último día del personaje en la película, estuve en su casa natal… me meto mucha teoría y ya se queda ahí. La forma de andar ya la voy descubriendo en el rodaje.” Para la prueba para el papel de Emilio, Nacho se trasladó a Almería para, en tres días, empaparse del acento almeriense con los habitantes de Las Negras, “memoricé la separata de camino a Madrid y la prueba me salió bastante bien. Me llamó la directora de casting y me dijo que Imanol quería hablar conmigo porque él no me había visto en persona, así que me reunieron en una sala con el equipo. Nos sentamos alrededor de una mesa y de repente, en plena charla, Imanol se calla y dice ‘Yo lo tengo claro. Mira Nacho, yo vivo de impulsos y tengo claro que eres tú’. A mí se me pusieron los pelos de punta.

Lejos del mar

Lejos del mar

Es curioso el hecho de que, perteneciendo a una nueva generación de creadores que trata de sacar adelante sus proyectos artísticos sin ningún tipo de ayuda, sus dos papeles más importantes en el cine le hayan llegado de la mano de dos pesos pesados de la dirección como son Fernando Colomo e Imanol Uribe, “me falta Saura (risas). Tanto uno como otro son un poco ‘vieja escuela’. Tienen mucha confianza en los actores, no son muy tiquismiquis. Son personas que se fían mucho de los actores, si te toca un director que no confía en mí te tienes que ganar primero la confianza en ti mismo para poder ganar la de él. El problema de esta profesión además es que opina todo el mundo y tienes que estar muy centrado, pero con ellos como lo tienen todo muy medido y saben muy bien lo que quieren, todo va muy bien. Colomo ensaya más que Uribe, Uribe casi no ensaya, va a muerte, pero transmite tanta seguridad que confías. A veces le decía que si podía repetir y me dejaba a regañadientes, la repetía y me decía que se quedaba con la primera. Casi todo en Lejos del mar es toma única, a Imanol todo le parecía bien. Tienen tanto pasado, tanta tralla, que saben muy bien lo que quieren hacer.”

Además, tanto en un rodaje como en el otro, Nacho confiesa que hubo muy buen rollo con todo el equipo, especialmente con Eduard Fernández, “Yo quedé con Eduard, nos conocimos antes, me dijo que viviéramos juntos para ayudarnos entre los dos con la relación de los personajes. Con él fue todo de puta madre y el rodaje también. Incluso también andaba con dieta y nos ayudábamos un poco con ella. Un día me dio un momento chungo además en una escena de comedia y yo me quería morir porque además tenía que venir a Madrid luego a hacer una función.  Es verdad que tengo muy pocas secuencias pero se aprecia en cómo nos miramos el vínculo que hay. Eduard me decía ‘bien, Nacho. Bien’ o ‘dale un poquito más’ simplemente como te mira ya te da la mitad del trabajo, como compañero es perfecto. Con el resto del elenco muy buen rollo también, con mi “familia”, igual que con el equipo técnico. Yo ando por sensaciones, le pedía consejo a Eduard y cuando pensaba que estaba muy bajo me llevaba a verme al combo. Me daba una impresión verme a su lado (risas), pero el físico estaba tan currado y tenía el acento almeriense tan trabajado que casi no hacía falta hacer nada más. Yo además he descubierto que tengo mucha fuerza en los ojos y si hago un poquito más ya me paso, tengo que controlarlo. Con Eduard es mirarle a él nada más.

Lejos del mar

Lejos del mar

Lejos del mar le llega en un momento en el que parece que lo sembrado va dando sus pequeños frutos. “Ha sido relajarme y que me llegara todo de golpe.” Además del teatro, que nunca falta, Nacho acaba de firmar para un papel fijo en una serie de televisión de la que todavía no se puede hablar demasiado pero que tendrá 13 capítulos y se empezará a rodar en octubre. También acaba de terminar su intervención en la serie Apaches, con Alberto Amman y Verónica Echegui y va a Sitges con una película de bajo presupuesto en la que participó hace un año. “Esto me está pillando ya de vuelta y lo estoy disfrutando, no como si fuera el primer día pero sí en plan ‘lo que venga que tenga que venir. Ahorra para cuando vengan las vacas flacas, que vendrán, no tengas que volver a servir copas’ Yo cruzo los dedos todos los días y me digo lo maravilloso que soy. Tengo mucha fe porque el teatro es verdad que estoy haciendo mucho off pero poco a poco estoy subiendo el escaloncito y creo que me estoy colocando en un sitio más visible y lo estoy disfrutando mucho. Luis San Narciso – con quien trabajó como ayudante de casting – me decía el otro día ‘¿ves Nacho? Las cosas van saliendo. Tranquilo, este va a ser tu momento’ y es verdad que  cuando llega ese momento hay que calmarse, te tienes que colocar en tu lugar.’ Todo lo que vaya viniendo suma, nada resta, ni siquiera las malas críticas. No creo que nada de lo que he hecho ni vaya a hacer me reste. Mola que la gente de la profesión valore tu trabajo, necesitamos que nos den la palmadita y que nos digan que vamos bien, pero lo importante es que tú estés satisfecho con el trabajo que has hecho.”

En todo este tiempo que ha pasado desde La banda Picasso, Nacho no ha dejado de trabajar, de ilusionarse e incluso de frustrarse con una profesión a la que “la amas y odias a la vez, y no puedes dejar de amarla ni puedes dejar de odiarla. Es absurdo darle vueltas y decirte ‘qué putada esta profesión, mira éste que sale y que no es actor…’ para eso hazte una oposición o hazte fontanero. Hay veces que los actores nos obsesionamos demasiado y realmente no operamos a corazón abierto. También forma parte del juego de esta profesión. Esta profesión es así, la aceptas como es y no pasa nada. Las cosas van viniendo, la edad también te va afectando y yo que aparento menos edad de la que tengo me dicen que todavía soy muy joven, pero ya voy camino de los 40. He tenido momentos de decir ‘lo mando todo al carajo’ pero yo me pongo fechas límites. Digo ‘si el día tal no me ha salido curro como actor, me pongo a echar curriculums para lo que sea’, y normalmente un par de días antes me sale algo.”

La banda Picasso

La banda Picasso

Más de una decena de obras de teatro en estos dos años, principalmente en el off madrileño e incluso algunas cofinanciadas por los mismos actores (En familia fue una creación colectiva y Danzad malditos es una cooperativa de los actores), han dado fe de la implicación y del inmenso talento de un actor que vive por y para su profesión. Nacho ha demostrado sobre los escenarios una enorme capacidad para ir más allá de la interpretación milimétrica de un libreto; la capacidad de interpretar a personajes cómicos y sacar de ellos una melancolía y un dramatismo con los que hacer reír y llorar al mismo tiempo al público. “Tiro mucho de mí y de mi experiencia vital. Es decir, yo trabajo desde fuera y luego ya me meto en cómo Nacho sentiría o haría esto. La cuestión es cómo Ignacio Mateos ve la historia, si es una historia de amor, cómo yo veo el amor. Que seguramente el amor para mí no es igual que para ti, la experiencia que yo he tenido no es la misma que tú hayas podido tener. Casi todos mis personajes los hago muy humanos porque si yo veo una peli en la que están todos matemáticos: los malos son malos, los buenos son buenos, me falta algo, me falta duda y yo soy una persona que vive en la duda constante. En la vida estamos siempre en esa dicotomía, y es algo que a mí me gusta mucho cuando veo interpretar y que yo no sé si consigo. Es esta cosa de no querer romper, esa lucha interna que tenemos todo el rato con nosotros mismos. Me irrita ver escenas en las que un actor llora bien pero no se enjuaga las lágrimas, yo cuando lloro me quito las lágrimas, ‘¡Nene, límpiate la cara!’ Pero no, ahí siguen. Mu bonito el plano (risas). Mira, una de las críticas de La banda Picasso decía algo así como ‘brillante trabajo de Ignacio Mateos, el problema es que se parece demasiado al personaje’ ¡Como si no hubiera trabajado! cuando mi curro es precisamente que no se note que estoy actuando, que no se vea el lápiz. Cuando me preparé para La banda Picasso estudié fotos de cómo miraba, de sus posturas y yo trabajé esas cosas. Parece que no estás haciendo nada pero esa es la gracia. Y después de aquello hice tres pruebas, una la de Uribe y otras dos para hacer de Picasso. Que te llamen sólo para hacer del mismo personaje…en fin”

Desde su Málaga natal hasta París; desde estudiar comunicación audiovisual en la Universidad Complutense a formarse con Juan Carlos Corazza o Alicia Hermida; desde formar parte del elenco del Julio César de Shakespeare dirigido por Deborah Warner y protagonizado por Ralph Fiennes en el Teatro Español, a ser parte de una nueva generación de creadores salida de la ya extinta sala Garaje Lumiere,  “yo voy rescatando lo que me va sirviendo, aparte a mí me encanta la investigación teatral, investigo mucho. Pruebo cosas nuevas, técnicas nuevas, no me gusta quedarme en una metodología. No puedo hacer una obra de teatro y quedarme sólo en mi trabajo, y mira que hay veces que intento no involucrarme tanto, pero es superior a mí. Me gusta esa sensación de curro y de esta cosa que te da el teatro, el vodevil, el oficio: currar, currar, currar… eso te hace estar más alerta también.” Su trabajo como coach de actores también es fundamental a la hora de enfrentarse a un trabajo que requiere de una compenetración con todo el equipo, “yo sé que si al ayudante de dirección se le pierde un actor se le putea a él, soy muy riguroso en eso porque sé que si a él no le echan la bronca a mí me trata mejor, es un trabajo en cadena. También intento facilitar las cosas a vestuario quedando antes con ellos para probarlo, pero a veces a las 5 de la mañana ya tienes que estar vestido para rodar una secuencia a las 8 de la noche y corriendo para que no se vaya el sol. Intento respetar la parcela de cada profesional porque yo he estado en otras parcelas y yo sé que si como coach el actor no me hace caso, no está conmigo, está a 20000 cosas, a mí me ralentiza mi trabajo y por tanto se ralentiza el de los demás. Aunque haya estratos que se quieran hacer en este país, porque no hay una industria homogénea, todos formamos parte del mismo barco. Yo creo que es una actitud, en la vida hay que ser por lo general respetuoso, educado, no es que haya que estar con la sonrisa todo el día pero estamos currando y con buen rollo todo sale mucho mejor. Si el resto del equipo aporta el máximo, tú como actor también lo tienes que aportar. Siento que lo que soy en mi vida personal forma parte de mi profesión, no puedo dejar de ser el yo que soy en una como en otra. Soy muy generoso en ambas vidas, me entrego mucho tanto en un lado como en el otro, para lo bueno y para lo malo. Tengo que aceptarlo, soy así y quien me quiera que me quiera y quien no pues no. Y claro, intento mantener esta sensación. No denostes a quien tienes al lado, todo no gira a tu alrededor.”

Todo irá bien (José Manuel Carrasco)

Todo irá bien (José Manuel Carrasco)

Precisamente como parte de ese trabajo en equipo, Nacho es una pieza fundamental en una nueva forma de apostar por cosas diferentes en cuanto a la creación artística tanto en teatro, en series y en los mismos profesionales. “No hay que acomodarse, a veces hay que perder dinero y yo lo pierdo. Es esta cosa de cómo principios de siglo de La banda Picasso, un grupo de profesionales que trabaja en equipo y entre todos se intenta crear el mejor producto posible. Me gusta mucho ser coach y me gustaría dirigir y escribir, me gustaría crear algo porque además tengo gente alrededor que mola y está empezando a crecer ahí algo bueno. La generación que nos llamamos ‘Garaje Lumiere’ de Celia de Molina, de ahí está saliendo un montón de gente: María Hervás, Maggie Civantos, Celia y Natalia de Molina. Ahí se creó un rollo crisis que nos juntamos para empezar a salir de ahí creando entre nosotros, ya que no hay ningún tipo de ayuda externa. Es el caso de gente con tanto talento como Jota Linares, José Manuel Carrasco o Javi Giner. Los tres son profesionales de puta madre pero les cuesta mucho sacar sus proyectos adelante si no es autofinanciándose. Carrasco por ejemplo imparte clases para poder financiarse sus cortos, que luego sin embargo ganan premios, y en teatro hace cosas tan interesantes como Todo irá bien en la que rompe con el esquema tradicional del teatro. Yo salgo, estoy sentado en una silla viendo la obra y cuando me toca entro dentro de esa obra. Fuera no estoy en mi personaje, soy un espectador. Es un juego y si juegas te lo pasas bien. Es verdad que hay escenas en las que tienes que estar más metido, más concentrado, pero tú ya te conoces y tienes la técnica para estar preparado en ese momento. Se trata de ser profesional y si hay que ponerse intenso te pones pero te tienes que colocar en tu sitio, porque por amor al arte está bien pero hay que comer. Se están haciendo cosas muy chulas en el off, hay mucha creatividad pero hay que pagar las facturas. Mientras rodaba la peli estaba con cuatro obras de teatro a la vez, me gustaría que ese 21% me lo dieran a mí y poder llegar a fin de mes.”

Actualmente Nacho compagina su trabajo una vez a la semana en Todo irá bien con la obra Dinero negro, mientras se prepara para empezar a rodar la serie de la que hablábamos antes y para la vuelta del espectacular montaje Danzad Malditos que se presentó este verano en el Festival de artes escénicas Frinje. “Estamos buscando sponsors y gente que se involucre para Danzad Malditos, en el Frinje hemos cubierto gastos de seguridad social y gastos de mantenimiento, pero nos queda por pagar una pasta. Esperamos optar al Max como espectáculo revelación para que nos dé un empujoncito. Es lo que todo actor busca, te quita mucho ego y mucha responsabilidad porque tienes tanto que hacer que te quita ese nervio de ser visto, tú no sabes lo que estás transmitiendo porque no estás pendiente de nada. Jugábamos con el tema de lo que se lleva ahora de los realities, de llevar a la gente al límite para ver cómo sufren, tú como público te sientes identificado. Hay que pasar por muchas pruebas para llegar a donde quieres, es la vida misma. Hay cosas en Danzad Malditos improvisadas que favorecen al espectáculo y que como actor tienes que estar muy abierto a ellas, ir a favor de obra y quitarse el ego. Creo que cada personaje te viene en el momento adecuado. Desde el infantil que hice hace tres años, que lo hice después de una ruptura y es un personaje que quiere irse a la luna, hasta Emilio en Lejos del mar que también me llegó tras haber dejado una relación. Obviamente no es que deseara ser un yonqui, pero había algo que moría en mi vida y también en el personaje. Son momentos vitales los personajes. En Danzad…yo decía “joer Nacho, es que quieres ganar siempre” y es verdad que de los tres días que se hizo gané dos, pero precisamente esa obra que habla sobre el esfuerzo, sobre los que llegan, los que no llegan…si tú en la vida no vas a muerte, te quedas a medias. Si desde el inicio de la función no vas a 100, cuando te eliminan, ese monólogo que tienes que decir no va a salir de la rabia. Me da igual cuando me vais a eliminar pero cuando lo hagáis voy a estar lleno de rabia.”

Cortometraje Rubita (Jota Linares)

Cortometraje Rubita (Jota Linares)

Nacho se ve reflejado en cierta medida en los personajes de algunas películas que tienen como argumento la vida del actor. Birdman o La sombra del actor son los ejemplos más recientes, según su percepción, de “como en todas las profesiones, los actores somos un poco endogámicos y me veo reflejado en muchas cosas de esas películas: la decadencia, la locura, la obsesión…es que es una profesión muy vocacional. Es verdad que involucramos nuestros sentimientos, estamos muy expuestos a las críticas pero hay que relajarse un poco, que estamos de paso y hay que disfrutarlo un poquito. Te tienes que amoldar al director igual que ellos se tienen que amoldar a ti, es un trabajo en equipo siempre. Sí es verdad que a veces te dicen que con tal o cual director se curra muy bien o que tú ves que los resultados son la hostia. También me apetecería hacer papeles de mi edad (36 años), porque aparento menos, y en ese sentido el de Lejos del mar me viene perfecto porque es un treintañero. Me gusta mucho también la dramedia, jugar a la comedia y el drama. En España está muy denostada la comedia a la hora de los premios aunque sea muy taquillera y es muy difícil de hacer, muy difícil de encontrarle el punto y conectar con el público. Los buenos cómicos como Javier Cámara o Carmen Machi luego hacen papeles dramáticos bestiales. Aunque con mi físico tengo que amoldarme a los papeles que me van a dar, a mí de rompebragas no me van a llamar, no creo que me llamen para un Tengo ganas de ti.”

Al margen de pesos pesados como Meryl Streep, Susan Sarandon, Luis Tosar, Pedro Almodóvar o Xavier Dolan, con quien realmente le apetece trabajar a Nacho es con Jota Linares o con Javi Giner. “Los dos tienen un talentazo impresionante, una cabeza prodigiosa y una imaginación desbordante. Espero que a esta generación que está ahora por fin se les de una oportunidad, que vayan haciéndose hueco y relevando a los que ya están arriba, tanto en el ámbito interpretativo como en el de los directores. Javi Giner tiene las cosas muy claras y es un tío muy centrado. El amor me queda grande es una maravilla de corto y ahora está preparando un largo que produce Luisa Matienzo y en el que va a contar conmigo. Javi, Jota y Carrasco van a llegar lejos, les tengo que estar muy agradecido. Si me premiaran tengo tantas cosas que agradecer a tanta gente que no sé ni qué diría. Mis padres no me apoyaban en la carrera de actor pero realmente sí que han estado invirtiendo en mí y de eso con el tiempo te das cuenta. Hasta que no vieron el esfuerzo físico que he hecho para Lejos del mar no se dieron cuenta de lo importante que es esto para mí. Del rodaje en Almería tenía que venir para Madrid y pasé por Málaga porque no había enlace directo con el tren. Cuando llegué a la estación casi no me reconocieron, mi madre me subió la camiseta y se fue derecha a comprarme un bocadillo de pata negra. Le pegué dos bocados y le dije ‘mamá, no puedo’. Ahí se dieron cuenta de que esto no era un juego, de que yo era capaz de arriesgar mi salud, aunque estuviera controlado, por mi profesión porque me merece la pena. Me río mucho de mí mismo pero me tomo mi profesión muy en serio. Y la disfruto muchísimo. Desde dentro, desde fuera.”

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