Entrevistas: David Oelhoffen

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David Oelhoffen

Entrevistamos al director de Lejos de los hombres.

El director David Oelhoffen ha asumido en Lejos de los hombres la difícil tarea de adaptar El huésped, un relato de Albert Camus ambientado en la guerra de Argelia. Hijo de un maestro que vivió en el país africano durante la contienda, el cineasta pretende, entre otras cosas, que esta película sirva para que su padre le hable acerca de un conflicto bélico sobre el que siempre ha guardado silencio. El enfrentamiento armado funciona como trasfondo de la historia de un profesor de escuela solitario (Viggo Mortensen) que tiene que custodiar a un argelino (Reda Kateb) acusado de matar a su primo. Las iniciales diferencias entre ambos se irán limando a lo largo de su tortuoso camino. La intención del realizador galo es evidenciar el absurdo de la guerra y mostrar que la fraternidad entre individuos procedentes de culturas distintas es perfectamente posible. Lo hace asumiendo las formas del western, aunque sustituyendo el salvaje oeste por el no menos agreste paisaje del desierto argelino. En la siguiente entrevista, David Oelhoffen nos desvela algunas claves del filme, que logró el premio SIGNIS en el Festival de Venecia de 2014.

– ¿Por qué decidiste rodar un western fuera del territorio típico del género?

David Oelhoffen: Cuando leí el cuento de Albert Camus, desde el principio tuve imágenes de western porque hay elementos del género en el original literario: una escuela aislada,  un prisionero que tiene que ser escoltado y el choque entre la ley tribal y la del hombre blanco occidental.

– ¿En qué medida utilizas el paisaje desértico como un personaje más del largometraje?

D.O: El paisaje tiene un gran papel en la película. Para mí era una forma de subrayar la absurdidad de la guerra, porque los personajes hacen el recorrido en una naturaleza muy hermosa, pero hostil, que es totalmente ajena a lo que se está preparando. Ves a dos bandos que están gestando una guerra en un paisaje que es indiferente a lo que está pasando. En cierta manera, presentar paisajes tan grandes con hombres tan chicos era una manera de aumentar el sentimiento de absurdo de la guerra.

Lejos de los hombres

Lejos de los hombres

– Los dos personajes son dos individuos que no acaban de encajar en los bandos donde se les podría incluir a primera vista. ¿Por qué decidió que fuera así?

D.O: Para mí era importante que ambos personajes tuvieran el mismo tipo de problemas. Parecen muy diferentes al principio de la película, pero poco a poco nos damos cuenta que tienen la misma problemática. Ese es un cambio importante que hice respecto del cuento. En la historia de Camus, Daru es un pied noir francés, mientras que en la película es español. Es un personaje que no tiene refugio en su propia comunidad porque ésta no existe. Lo mismo ocurre con Mohamed, que no tiene posibilidad de refugiarse en su comunidad porque mató a su primo. Son dos personas que no tienen otra opción que encontrar en sí mismos la fuerza y la dignidad para sobrevivir, porque la ayuda solo va a venir del compañero. Es la idea contraria del nacionalismo; es el humanismo de Camus. Lo importante son los valores que lleves dentro de ti.

– ¿Tenía en mente el rostro de un actor tan cosmopolita como Viggo Mortensen a la hora de escribir esta película?

D.O: Me ayudó mucho imaginarme la cara de Viggo para hacerlo. Era una ayuda abstracta. Tiempo después, cuando hablamos con los responsables de casting, teníamos que buscar un actor que no fuera francés para evitar cambiar lo que estaba escrito en el guion. Yo tenía en mente a Viggo, pero creía que no hablaba francés. Ellos me dijeron que sí lo hacía y me mostraron un vídeo donde hablaba francés con un fuerte acento canadiense, pero lo hacía muy bien y rápido. Entonces fue cuando le mandé el guion. En definitiva, lo tenía en mente desde un principio, pero no sabía que sería posible tenerle. Por otra parte, Viggo Mortensen aporta un aspecto cosmopolita y una diversidad de identidades. No se sabe muy bien si es americano, español o argentino, o si prefiere el cine de Hollywood o el de autor.

– ¿En qué medida la guerra de Argelia ha sido abordada por el cine galo?

D.O: Creo que no es un tema muy utilizado en el cine francés. No es fácil financiar una película sobre el asunto. Es un tema tabú que no se estudia ni en los colegios. Los jóvenes no tienen  ni puta idea de lo que pasó con Argelia en los años cincuenta. Tampoco es una cuestión muy comercial, porque las películas que lo abordaron no tuvieron mucho éxito. No fue un conflicto muy bien digerido porque no fue una guerra contada. En mi caso, mi padre fue maestro en Argelia durante la guerra y no quería hablar de lo que había vivido allí. La película es una forma de obligarle a contarme lo que pasó allí.

Lejos de los hombres

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– El largometraje es parco en diálogos, ¿por qué optaste por prescindir de la palabra en muchos casos?

D.O: Bueno, los dos protagonistas no son dos intelectuales. Uno es un campesino que no habla mucho y el otro es casi un autista. Desde el principio, el guion contenía pocos diálogos. Después, durante la preparación de la película, hicimos un trabajo previo con los actores. Cada vez que podíamos cambiar un diálogo por una mirada o un gesto lo hacíamos. Me apetecía dejar espacio al lado físico de la actuación. Además, me parecía muy compatible con el western y quería dar una sensación de simplicidad.

– Entre tus influencias se encuentra el director Arthur Penn y otros cineastas de los sesenta que se interesaron por el western, ¿qué es lo que te gusta de su cine?

D.O: Pequeño gran hombre es una película muy importante para mí. Lo que me gusta de las cintas de esa época es su discurso político. Muestran las contradicciones del mito americano, que se construyó frente a la violencia y la injusticia hacia los indios. Lo que me gusta del western es que puede incluir reflexiones políticas dentro de un género popular. Es lo que intenté hacer con Lejos de los hombres, pero sustituyendo la conquista del oeste por el colonialismo.

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