Entrevistas: Amama

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Entrevistamos al director y a las actrices de Amama.

Tras llevarse el premio Irizar al Cine Vasco en la pasada edición del Festival de San Sebastián, la nueva película de Asier Altuna, Amama, se ha estrenado este fin de semana en los cines de toda España. Amama es un drama íntimo sobre los cambios generacionales en un mundo tan cerrado y tan anacrónico como es el del caserío, contado a través de un conflicto entre un padre y una hija y con la mirada silente pero siempre atenta de la amama, la abuela de la familia.

Con su director y con las dos actrices principales de la película, Iraia Elias y Amparo Badiola, tuvimos ocasión de charlar junto a Alexandra H. Gail de la web Farrucini.

– En Amama existe un conflicto generacional pero está tratado también como un homenaje a las tradiciones, no se impone ninguno de los dos criterios sobre el otro.

Asier Altuna: Yo creo que hay un homenaje a algo que se acaba, porque a mí siempre me han atraído todos esos documentales en los que se reflejan mundos que se acaban. Por ese lado, el mundo rural, tal y como se ha conocido durante muchos siglos, ha cambiado totalmente. Esa forma de funcionar en familia, que el caserío es el centro del mundo donde está la comida, la economía, la espiritualidad también por la protección que el nombre les da…todo eso cuando arranca la película ya está en crisis. Tomás es un personaje en el que ya nadie cree, nadie quiere seguir con eso que es tan importante para él, se le desmorona todo su mundo y toda su forma de ser. Aunque no está reflejado en la película, para mí queda claro que ya los tiempos han cambiado tanto que eso no tiene ningún sentido de ninguna manera, ya no podemos entender que un padre decida por ti, que te diga “tú te quedas aquí y tienes que seguir con esto”. Todavía hay culturas en el mundo en las que sucede pero aquí ya no, lo que pasa es que este señor está en otra fase. Ese era el punto de partida de la película, el plantear un personaje y un modo de vida en crisis. Tomás me parece un personaje entrañable porque en el fondo es un hombre que tiene su sentido, yo entiendo a ese señor porque conozco a personas así. Se le va desmoronando todo pero como es una persona fuerte se amarra a eso, es un personaje anacrónico ahí enganchado a lo suyo hasta que la hija, que es igual de cabezona que él y además es mujer, lo rompe todo.

– ¿De dónde viene la historia de Amama?

A. A.: Esta historia me la dio Kirmen Uribe, que es un poeta de Ondarroa, y que escribió un poema en el que una hija y su padre no se entendían, tenían muchos problemas de comunicación. La hija dice “mi padre nunca me ha dicho ‘te quiero’”, y un día, ese padre construye algo para regalárselo a esa hija y ahí se derrumban todos esos problemas de incomunicación. Ese poema me pareció muy cercano porque soy parte de esa cultura del caserío, lo he vivido muy de cerca, y me encontré con una historia muy potente en él. La historia que de los protagonistas sean una mujer joven y su padre viene de ahí. Lo que me gusta del personaje de Tomás es que, cuando da el paso para acercarse a ella, lo que parecía una persona que no tenía sentimientos se descubre que sí al mismo tiempo que el espectador lo descubre.

– Normalmente, la gente que está tan anclada a un modo de vida tan anacrónico, suele culpabilizar a los jóvenes de los cambios pero en este caso parece que se culpa a esas generaciones anteriores de haberles creado así. Me parece además muy simbólica la escena en la que mata al perro, como si se estuviera matando a  sí mismo.

A. A.: Bueno, lo de matar al perro es una cosa como para que la chica sepa quién es la autoridad ahí, pero también es algo que se queda muy abierto, sin grandes explicaciones porque me gusta ese juego de dejar cosas abiertas. Tomás es un personaje que está muerto en vida, hay una forma de vida en crisis y es muy autodestructivo. Él vive en una isla y la película está contada desde el punto de vista de la ciudad, sobre todo en la primera parte en la que hay un montón de movimientos de cámara, música y artificio. Yo no he tenido que ir mucho a la ciudad para que se entienda que está contada desde ese punto de vista. Todo lo que pasa en su isla lo he planteado de una manera natural, lo que él está viviendo es muy duro porque todo lo que tiene sentido para él se desmorona totalmente.

– Hablando de dejar cosas abiertas, el personaje de la amama no habla en toda la película pero es curioso como se la ve hablando pero no se oye lo que dice tanto en la fotografía del cartel, en la que se la ve hablándole al oído a Amaia, como en las imágenes que rueda ésta, en la que se la ve jugando y hablando con los niños.

A. A.: Sí, claro. Todas estas imágenes hablan de un mundo que pasó pero que reflejan un poco la transmisión de ese mundo. Para no perder esa sabiduría de esas ochenta abuelas que llegaron antes. Es un planteamiento de personaje misterioso, que estuviera presente pero que no se supiera nunca exactamente lo que piensa. Tiene un par de interacciones con su hijo de quitarle la mirada o mirarle fijamente, y el momento en el que se va también me gusta dejarlo abierto para que el espectador se arme su propia interpretación, que seguro que es mejor que la mía (risas)

– Me parece curioso que los vascos, que tenéis esa fama de rudos, seais quienes hacéis el cine más sensible que se puede ver. Y además cargando el protagonismo en las mujeres como sucedió también en Loreak.

A. A.: (risas) Igual no somos tan rudos, eh. Es la fama. Y las mujeres son la base de todo (risas).

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Tras Asier Altuna, tuvimos también la oportunidad de charlar con Iraia Elias, que interpreta a Amaia en Amama, y con Amparo Badiola, una actriz que a sus 84 años se convierte en el personaje principal de la película sin mencionar una sola palabra, y que nos confesaba no estar cansada de la promoción, sino muy emocionada por todas las preguntas que le hacen sobre su trabajo.

– La lectura que saco del tratamiento del tema generacional en la película es un poco la de echar la culpa a los padres por cómo resultan ser los hijos, “soy así porque tú me has hecho así”, ¿cómo lo veis vosotras?

Iraia Elias: Bueno, yo no creo que la película trate sobre culpas, yo creo que es una historia de cambio. Lo que se ve es que un modo de vida se está acabando y a Tomás (el padre de la familia) le cuesta ver todo eso, le cuesta aceptar que todo eso va a cambiar. No creo que sea tampoco un tema solo de generaciones sino también de mujeres. De repente las mujeres se plantan delante y le dicen “acepta que esto va a cambiar porque no puede seguir así, no tiene sentido. Hazlo a tu manera pero acéptalo”. Desde el punto de vista de Amaia, mi personaje, es que hay un choque muy grande con el modo de hacer las cosas de su padre y es quien pone la chispa para que todo eso cambie. Las mujeres en general creo que tienen mucho peso en la película, incluso la madre en un momento dado se planta ante él para que decida entre la familia y el caserío. Desde la culpa no porque Tomás no tiene herramientas, hace lo que puede, su amor lo transmite de otra manera.

– Amparo no habla en toda la película, tú Iraia hablas pero también tu personaje es muy parco en palabras. Pero las dos tenéis mucha fuerza en la mirada y con ella expresáis mucho más que con las palabras.

Amparo Badiola: Exacto, con una mirada se dice mucho más que con las palabras. Yo si miro a mi nieto con rabia ya sabe todo (risas). Podemos pasar sin hablar.

I. E.: Estamos ahora además viviendo una época en la que parece que las palabras lo tienen que llenar todo, “la democracia”, parece que hay que estar siempre hablando y a veces hay que expresarse más sin hablar. Asier no quería tampoco una película con exceso de diálogos y tenía muy claro que si había que hablar, había que decir lo básico.

A. B.: A mí eso me vino muy bien porque no sabía si tenía que hablar en castellano, en francés o en euskera. El castellano no lo controlo muy bien, ya tengo un acento muy marcado de pasar tanto tiempo en Francia, llevo 78 años allí. El esfuerzo que he tenido que hacer para tratar de pensar en castellano es grande y me cansa. Yo me voy a casa y hablo todo en francés.

– En cualquier caso, su trabajo en determinados momentos de la película, aun sin palabras, es similar al de una modelo. Me explico, en las películas que rueda el personaje de Iraia, la amama aparece posando muchas veces, ¿está acostumbrada a trabajar de esa forma o ha sido una experiencia nueva para usted?

A. B.: Yo escuchaba lo que quería Asier y luego lo hacía muy tranquila. Yo le decía, si luego te arrepientes de mi personaje, me lo dices y quedamos buenos amigos, porque pensaba que se había equivocado conmigo (risas). En esas imágenes no me conozco, cuando me vi me dio un shock de verme tan vieja…

I. E.: …y tan guapa, Amparo.

A. B.: Cuantas más arrugas, más guapa. En diez años seré una belleza…Ha sido duro, yo no me quería ver. La primera vez que vi la película me eché para atrás, es muy fuerte verse en la pantalla porque es así como te ven los demás, no como te ves tú. ¡Qué espanto!

– Como decía antes Iraia, Amama es una película muy de mujeres. De hecho hay un montaje en el trabajo que su personaje hace, en el que se muestran muy rápido las fotografías de todas las mujeres de la familia, hasta que parece que es una misma persona.

A. B.: Hay una presencia femenina muy potente, sí. Las mujeres se enfrentan a Tomás. Es mi hijo en la película, yo le quiero pero va a lo suyo porque no es inteligente. Parece que la abuela, al estar tan cercana a los nietos, ha evolucionado más que él, y aunque no esté con ese cambio y sufra con ellos, los admite. Admite al nieto que se va, admite y quiere a Amaia, y también admite a Xavier que es el que vive mejor. En un momento de la película, todas nos enfrentamos a Tomás porque él está buscando un amparo y me mira, pero yo (su madre) le dice “chico, cambia o no me encuentras a mí tampoco”.

– …se lo dice sin palabras.

A. B.: Con una mirada, ya está.

– Por lo general, en el ámbito rural parece como si el tiempo estuviera detenido. ¿Cómo lo percibís vosotras? ¿Creéis que de verdad se están produciendo cambios?

E. I.: Yo creo que en el caserío las cosas han cambiado un montón. Antes era todo trabajo, trabajo y trabajo, sólo se vivía para trabajar porque no había nada más. Hoy en día, vivimos en una sociedad en la que aparte de trabajar queremos tiempo libre, queremos ocio, queremos consumir y todo eso no va con el caserío. El caserío no entiende de ocio. Están cambiando por ejemplo transformándose en agroturismo o de repente ves a gente joven que quiere volver a trabajar la tierra, pero siempre desde otro punto de partida.

A. B.: Evolución siempre ha habido y no se puede parar, es algo normal. Antes era más lenta y lo que pasa ahora es que todo ha ido muy rápido, y eso para la gente de mi edad es espantoso. Mira todos los cacharros que tenéis (se refiere a los móviles), en sólo 20 años mira todo lo que se ha producido. Yo siempre he dicho “sin fe ni ley, vamos a pique”, pero siempre he sido optimista. Esa evolución de la que pueden quejarse muchos, yo creo que es para bien. Surgirá otra civilización más que otra generación. Debe ser así.

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