Críticas: Marte (The Martian)

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En Marte sí se pueden escuchar tus gritos.

Marte, en un futuro cercano. Una espesísima y letal tormenta de polvo obliga a escapar de allí, a los tripulantes de la expedición espacial Ares III. Durante la catástrofe pierden la comunicación con Mark Watney, abatido por una roca. Cuando Mark despierta y ve que está solo en Marte, comienza una aventura por su supervivencia.

Nos encontramos ante una producción calculada desde su preparación. Está basada en The Martian, una novela superventas en internet, escrita por Andy Weir. Tiene a la Fox, a la Scott Free Productions y a la propia NASA respaldando el proyecto. Una campaña de promoción muy eficaz con noticias recientes, a saber si accidentales, sobre los restos de agua en la superficie de Marte. Dos estrellas responsables del film como son Matt Damon -protagonista- y Ridley Scott en la dirección. Es decir, con todos los elementos para fracasar por el exceso de egos y compromisos. Por fortuna estos vaticinios no se cumplen y Marte (The Martian) se convierte en un buen espectáculo comercial que no estafa a nadie.

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El director británico, su equipo y el reparto trabajan con absoluta complicidad en la misma dirección, con una energía colectiva que se aprecia en pantalla. Un ritmo que no decae desde el inicio y la sensación de que los actores disfrutan con sus personajes. No se trata de contar nada nuevo, sino de seguir la lucha por la supervivencia del astronauta, adaptando referencias provenientes de otras historias sobre Marte, el espacio y naufragios, con la base clásica de Daniel Defoe y el universal Robinson Crusoe durante todo el metraje.

Drew Goddard, adaptador del libro y guionista del film, construye una trama que huye de la tragedia, algo que sin necesidad de remarcarlo ya va implícito en cualquier historia sobre náufragos. Opta desde el comienzo por el humor, logrando un tono cómico que se refuerza con la épica de la aventura, sumada a unos diálogos del protagonista realmente graciosos como ese “Diablos, Johanssen” cuando recupera y huele los excrementos de sus compañeros de expedición. Humor amplificado por el tono sarcástico con que se introducen los rótulos informativos superpuestos en las presentaciones de los personajes, fechas y localizaciones. El guionista recurre junto a Ridley Scott al uso de los detalles que hizo grandes films como Alien y Blade Runner. Así destacan secuencias como la de la rotura del casco de Mark hasta que la arregla chapuceramente con cinta americana. El curso avanzado de reciclaje mediante basura espacial enterrada, de misiones no tripuladas a Marte, como la sonda Odissey, para poder comunicarse con la Tierra. La forma de tratar los avances del protagonista en sus cultivos y cómo consigue agua para el riego, como si fueran videos tutoriales de internet. Y el breve interludio musical en el que se caracteriza de manrea certera, en pocos planos, al resto de la tripulación del Ares III.

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Sin embargo Marte (The Martian) presenta un valor añadido respecto a films similares como Apolo 13, Contact y Atrapados en el espacio en las secuencias que conecta con la NASA, porque recurre a un equipo lleno de buenos actores secundarios que actúan de la misma forma que su astronauta. Es decir, por el método ensayo, error, éxito y con el mismo sentido del humor. Gracias al montaje ágil y adictivo de Pietro Scalia (su tercer premio de la Academia yanqui por este trabajo es una buena hipótesis) la sucesión de acciones paralelas a veces, o simultáneas en otras, aunque con la evidente diferencia horaria desde Marte a la Tierra, se resuelve sin confusión y una alternancia narrativa muy convincente. Tanto como la elipsis de varios meses en los que posiblemente el astronauta pasa sus mayores penurias. Además de conseguir que el mejor chiste de la película quede fuera de campo, en un momento en el que Mark está comunicando con la base espacial y siendo retransmitido por televisión en toda la Tierra.

El plantel de secundarios está encabezado por Jeff Daniels con ese gran jefe al que todos vacilan. Los siempre eficaces Chiwetel Eijofor como director de operaciones, Sean Bean apoyo del vuelo y Kristen Wiig, la sufrida relaciones públicas. Coordinados con una tripulación que comanda Jessica Chastain -sin opción para el drama- y el resto de tripulantes con el emergente Michael Peña. Un buen reparto al que se homenajea en la estupenda secuencia de títulos de créditos finales al compás del Love Train de The O’Jays. Destacan por supuesto todos los aspectos relativos a la dirección artística, fotografía y sonido, recreando un Marte en los desiertos de Jordania y en zonas de Nevada con una alegría visual deudora de títulos de la serie B, reforzada por la credibilidad de un gran presupuesto.

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Marte (The Martian) no alcanza cimas del cine de aventuras como la reciente Cuando todo está perdido de J.C. Chandor, pero sí captura su instinto y ganas de sobrevivir. Tampoco logra cotas de angustia como en Gravity de Alfonso Cuarón, aunque sí la iguale en entretenimiento. Olvida la metafísica de 2001: Una odisea en el espacio o Interstellar de Christopher Nolan. Es evidente que ninguna de estas eran las intenciones a la hora de afrontar este film, al que como fallos se le puede achacar un diálogo redundante a cámara de Matt Damon recalcando que es botánico, algo que ya queda claro con sus acciones. También el uso forzadamente histriónico y ridículo en una secuencia, de un personaje afroamericano vital para la operación de rescate. Sin obviar el giro spanglish que se le ha dado en España a la marcianada del título. Y en ocasiones canta esa lista previsible de hits discotequeros que harían las delicias en cualquier karaoke del Universo.

Pero la balanza es favorable, con el mejor trabajo de muchos de sus artífices en años, sobre todo de Ridley Scott y de Damon en un papel que, por el cachondeo con su personaje de Interstellar en 2014 parecía abocado a la ridiculización en redes sociales. Sin embargo Mark Witney respira y padece, haciendo olvidar a Bourne y otros famosos roles del actor, con la propina de no incluir el típico monólogo tristón de la estrella que se puede ver en la mayor parte de actuaciones de su filmografía. El film entretiene con dos horas y media de duración que pasan como si durase la mitad. No sabemos si es la película definitiva sobre Marte, pero la siguiente expedición al planeta rojo tendrá dificultades para superarla.

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