Críticas: La verdad

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Manipulación.

Unos meses antes de que George W. Bush fuera reelegido presidente de los Estados Unidos, y en medio de una campaña de desprestigio contra su oponente demócrata John Kerry, salieron a la luz unos documentos en los que se afirmaba que Bush logró librarse de ir a la guerra de Vietnam gracias a los poderosos hilos de la clase alta tejana a la que pertenecía. Una influencia que logró hacerle un hueco en la Guardia Nacional a pesar de que ni siquiera agradeciera su incursión en ella dedicándose a cumplir con sus obligaciones. Dichos documentos cayeron en manos de la productora del programa 60 minutos de la cadena de televisión CBS que, tras el escándalo – y la gran audiencia – que supuso su exclusiva, tuvo que enfrentarse a las acusaciones de manipulación informativa que acabaron con la carrera de los responsables del reportaje.

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Esta es a grandes rasgos la historia que se narra en La verdad, una película que pretende recoger el testigo de los grandes thrillers político-periodísticos de los años 70, como también lo hiciera el año pasado Matar al mensajero, pero con la particularidad de que en esta ocasión, ni siquiera el interés que pueda suscitar la relevancia de los hechos que cuenta, logre salvar del desastre a la película. James Vanderbilt, en su primera incursión en la dirección de largometrajes, parece mostrar una tremenda empatía con aquellos que manipulan la información, haciendo de La verdad una de las películas más manipuladoras que se han visto últimamente. Parece casi una broma pesada el que la misma persona que escribiera el guión de Zodiac, haya cogido un episodio tan trascendental para el periodismo norteamericano, y para el desarrollo de la reelección de Bush en 2004, y lo haya convertido en un telefilm que parece más preocupado por buscar la lágrima del espectador que por encontrar esa verdad que proclama en su título.

Un telefilm al que plaga de caras tan conocidas como las de Cate Blanchett y Robert Redford para dotar de empaque interpretativo un guion que no se sostiene por ningún lado. Vanderbilt comienza su historia con un montaje desenfrenado que resta cualquier tipo de credibilidad al descubrimiento de la información y posterior organización del equipo encargado de investigarla, para más adelante comenzar una lluvia de historias personales al margen del conflicto principal, aderezadas por supuesto con una banda sonora melódica y nostálgica que aparece en cada momento dramático, siempre dispuestas a sacar la lágrima y la compasión hacia los protagonistas de una manera tan descarada como ruin.

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Así, todo lo interesante que pueda encerrar la investigación de unos hechos que pudieron cambiar los resultados de las elecciones presidenciales de 2004, queda empañado por la insistencia del director y guionista por llevar dicha investigación a un terreno absolutamente sensacionalista. Tanto que, en las escenas en las que el periodista Dan Rather, interpretado por Robert Redford, tiene que despedirse de su audiencia para siempre, uno solo espera que a la música, a las lágrimas y a los aplausos les arrope de repente una bandera gigante de los Estados Unidos para completar esa necesidad patriótica de sufrir junto a sus mártires.

En definitiva La verdad se queda en un telefilm más que olvidable, para lo que podría haber supuesto una entrada triunfal en la dirección de thrillers de quien contribuyó a contar la historia del asesino del zodiaco de una manera tan notable como lo hiciera junto a David Fincher.

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