Críticas: El coro

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El coro - Cinema ad hoc

Lo importante es la música.

Stet es un chico rebelde pero con una gran voz y un don natural para la música. Debido a sus circunstancias familiares es internado en un colegio elitista destinado a formar al coro nacional de chicos. Allí comienza su nueva vida. El profesor Carvelle (Dustin Hoffman) arenga a sus alumnos en un momento decisivo del largometraje indicando que ellos son lo más importante, no la música. Esta puede ser la letra pero no la melodía que acompaña la historia de Stet y los avatares que lo acompañan a lo largo de un curso decisivo para su crecimiento. El coro, buena traducción del título original, Boychoir, supone un retorno de su director François Girard a un terreno que ha demostrado manejar con buena eficacia en obras anteriores como Sinfonía en soledad: un retrato de Glen Gould y El violín rojo. En ambos films la música formaba parte tanto del argumento como de la evolución visual y fragmentaria de cada una. De una manera más deudora en el caso de la segunda, una actualización de la legendaria Winchester ’73 en la que el rifle que cambiaba de dueños y épocas, era sustituido por un violín de valor incalculable.

El coro (2) - Cinema ad hoc

Parte de un guión de Ben Ripley que resultará familiar por el planteamiento dramático, demasiado conocido, del chaval con lazos afectivos complicados. Un rebelde con causa que recibe la oportunidad de aprovechar todo su talento en un entorno dedicado al cultivo del arte. Este patrón narrativo, enfocado a un protagonista preadolescente en la etapa de crecimiento intelectual y personal que, gracias a las enseñanzas de grandes maestros, así como a su voluntad y esfuerzo, es utilizado en este caso de manera interesante en su tratamiento. Incluso podríamos ver la película como un reverso luminoso frente algún momento tenso más propio del estilo turbador y vibrante de Whiplash. En un programa doble de ambos films comprobaríamos que aquella es prácticamente un western, mientras que El coro se presenta como un melodrama de superación, tratado con los elementos revitalizados desde un cuento tradicional: el hada madrina, ogros, sabios, algún malvado, amigos fieles y por supuesto el sapo que quizás en algún momento llegue a ser príncipe, interpretado por el chico protagonista. Esta manera de tratar elementos de la literatura oral, permite una exposición de la historia con una claridad que consigue más fluidez en la sucesión de las secuencias.

Otro acierto es la inclusión de las canciones que canta el coro de niños sin pretensión de interrumpir la trama, sino todo lo contrario, porque consigue avanzar con cada ensayo y actuación del conjunto vocal. Como último punto en común que equipara en aciertos formales a la magistral Whiplash y la estupenda El coro es el uso de la música en los dos largos. En el primer caso con un estilo contundente, al corte y propiciado por el ritmo que marcan los temas de jazz que ejecuta la banda. En el título actual las piezas musicales surgen dentro de las secuencias con una función narrativa de clases, ensayos y actuaciones de la coral, pero se acoplan suavemente a la cadencia del montaje, al cambio de planos y, sobre todo, al paso de una escena a otra mediante encabalgamientos musicales, superposiciones sonoras y reverberaciones acústicas. La maestría sonora supera por momentos y enriquece en otros la experiencia visual del metraje. El director canadiense demuestra su pasión por la música y es capaz de contagiarla, tanto si somos melómanos como simples aficionados o desconocedores totales del solfeo y las tonalidades vocales. François Girard usa la banda sonora con la importancia que debería tener en cualquier película y que se olvida habitualmente.

El coro (3) - Cinema ad hoc

El coro se desarrolla con un tono visual sereno que no enfatiza las secuencias más dramáticas mediante una sucesión de planos efectistas ni movimientos vertiginosos de cámara. Recurre a la emoción con la profesionalidad interpretativa del elenco, encabezado por los veteranos Dustin Hoffman y Kathy Bates, seguidos a corta distancia por Eddie Izzard y Kevin McHale como profesores. Acompañados por el convincente Josh Lucas y la grandísima Debra Winger en un papel breve aunque intenso. Un reparto que arropa al solvente Garrett Wareing como el chico protagonista. Emociones y otras tonalidades dramáticas que se refuerzan con las canciones del repertorio ejecutado por el coro. Tal vez se puedan escribir reclamaciones acerca de momentos ridículos y más propios de la saga juvenil de Harry Potter en los enfrentamientos de Stet con su contrincante Devon, el solista titular del coro. O en algunos planos insertos que no se han revisado bien en la mesa de edición y en momentos aislados en los que la inventiva visual no llega a la misma altura de lo que escuchamos. Pero el resultado final es entretenido, emotivo e incluso apasionante por minutos. Un buen ejemplo de cómo manejar con aire fresco esta corriente tan pródiga en títulos cinematográficos como es el melodrama con de temática maestro y alumno.

Quizás solo me queda formular una pregunta estúpida. Teniendo aquí a los niños de San Ildefonso, ¿por qué no se nos ocurrió a nadie contar una historia como la de El coro antes?

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