Críticas: Mientras seamos jóvenes

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Mientras seamos.

Chico y chica conocen a chico y chica. Esta podría ser la síntesis, el esqueleto de Mientras seamos jóvenes dirigida por Noah Baumbach. Josh (Ben Stiller), documentalista atascado durante años en su último proyecto y su mujer Cornelia (Naomi Watts), productora cinematográfica e hija de un prestigioso director de documentales, gozan de una vida aparentemente cómoda y placentera en Brooklyn. Entonces irrumpen casualmente (o no) Jamie (Adam Driver), con hambre de éxito, y su mujer Darby (Amanda Seyfried), una pareja de modernos hipersociables. Josh y Cornelia caen en las redes de su juventud y vitalismo cansados quizá de la vida social a la que están acostumbrados. La mutación también es potenciada debido a la reciente paternidad de sus mejores amigos  Marina (Marina Dizzia) y Fletcher (Adam Horovitz).

Esta comedia construida a base de perspicaces diálogos, un montaje inteligente que ahonda en la idea de la brecha generacional y secuencias que ofrecen al espectador la oportunidad de reírse de alguien que está fuera de lugar (un placer universal) aporta reflexiones interesantes, algunas extremadamente comunes en la común (no sabemos si real) crisis de los 40: ¿se anula la vida de uno mismo cuando se tienen hijos?, ¿es realmente indiscutible tener descendencia para tener una vida completa?, ¿cómo han cambiado nuestras vidas con la invasión de las redes sociales, móviles y demás avances tecnológicos?, ¿cuál es el límite ético a la hora de conseguir objetivos personales o artísticos?

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Los contrastes están estupendamente condensados, con un guión nada confuso y situaciones patéticas no por ello menos divertidas. En una secuencia Cornelia huye despavorida de una clase musical, la verdad que aterradora, para madres y bebés, a la que acompaña a su mejor amiga. En otro momento, aburridos de los planes puretillas , los cuarentones transformados acuden con sus nuevos amigos a una especie de ceremonia donde se ponen hasta arriba de ayahuasca y terminan echándolo todo. Una secuencia no apta para estómagos frágiles. Entretanto, Jamie va a  por todas y Josh es un inmejorable trampolín. Bien resumido queda en una conversación que mantienen hacia el final de la película donde Cornelia le dice a Josh que el diablo anda suelto (refiriéndose a Jamie) y él, con la lección aprendida, contesta: “no es el diablo, es joven”.

El director neoyorkino ya ha retratado a lo largo de su filmografía personajes que parecen perdidos, sin encontrar el sitio que supuestamente les corresponde, por ejemplo, la joven de veintitantos que interpreta Greta Gerwig en Frances Ha (2012) o personajes que disfrutan de una vida con la que nunca soñaron como dice el mejor amigo de Ben Stiller en Greenberg (2010).

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 Si en la maravillosa Boyhood de Richard Linklater el paso del tiempo es reflejado tal cual, es decir, filmando cómo se hacen mayores sus personajes y lo que les pasa en los diferentes momentos de su vida, con la melancolía pululando en todo momento, en Mientras seamos jóvenes ese paso del tiempo es arrojado como un jarro de agua fría, que en este caso, para Cornelia y Josh se llama Jamie. Inevitablemente a los protagonistas les surgen preguntas, contradicciones, anhelos…y es que como dice la canción Izarren hautsa del cantautor vasco Mikel Laboa : “Gu sortu ginen enbor beretik sortuko dira besteak, burruka hortan iraungo duten zuhaitz-ardaska gazteak”, que traducido al castellano viene a decir algo así: “del mismo tronco del que nacimos nosotros nacerán otras ramas jóvenes que continuaran la lucha”. Pues eso. Al menos está bien que mientras pase el tiempo nos riamos con películas como esta.

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