Críticas: ma ma

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Amor de madre.

Al abrirse los títulos de crédito iniciales de ma ma, observamos que los productores de este filme son tanto su director, el ya veterano Julio Médem, alabado en los noventa y cuestionado en su nueva etapa dentro de este siglo, como su actriz protagonista, Penélope Cruz. Este hecho ya hace que nuestra inmersión en la película que hoy nos atañe sea vista con recelo. Y, como era de esperar, nos topamos ante un guion direccionado sin disimulo alguno hacia el lucimiento de la oscarizada actriz española, algo que daña el desarrollo de la acción, debido a la interesante entrega de la madrileña.

Y es que las carencias de ma ma no se sitúan en la asociación entre actriz y director, sino en la torpeza y la poca armonía a la hora de unir unas acciones cuyo único propósito es el de asociar el final de unos acontecimientos y el inicio de otros, algo que al menos resulta estilísticamente elegante al encajar escenas de transición donde se entremezclan diferentes planos temporales, agilizando el desarrollo de la historia. La mirada de Médem se torna del todo poética, fusionando su dirección con el estado anímico y vital de Magda (Penélope Cruz), vibrando en su felicidad, desmayándose en su enfermedad (aunque con cierta reiteración en su movimiento lateral y la mutación del color a tonos gélidos) y, sobre todo, incidiendo en la lírica y la ensoñación, cayendo en la cursilería en sus visiones de futuro idealizadas y sobrepasando las fronteras del desconcierto en su más pesadillesca secuencia en el incomprensible sueño acaecido durante su operación.

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Ma ma es una película que nos sitúa en un contexto de crisis donde el paro es una realidad algo maquillada por las victorias de la selección española, donde el fútbol se antoja como meta laboral. Todo ello vinculado a un mundo exterior que queda bastante diluido, al hallarnos ante un filme que se centra en la enfatización sentimental provocada por el contraste entre el dolor de la enfermedad y la muerte con el de la vitalidad ligada al amor. Algo que resultaría loable si, en su carácter de cuento moral, fuera lo suficientemente humilde como para no tratar de abarcar aspectos humanos que se escapan de las manos del propio Médem. Hablamos de la continua sucesión de desgracias planificadamente organizadas en el entramado del filme, que llegan a colmar la paciencia de un espectador abierto a la inverosimilitud que, ya de por sí, desprende una cinta que en sus inicios casi parece apegarse en demasía a la realidad. En ma ma todo se presenta con gran intensidad, al más puro estilo Isabel Coixet, buscando una empatía constante con el público, tratando de acariciar con una engalanada cursilería y su apelación a la emotividad. Y sin embargo fracasa debido a un sinfín de decisiones formales que restan seriedad y la llevan al esperpento.

La naturalidad de Magdalena o la calma de Arturo (Luis Tosar) pueden adecentar este drama que responde con vitalidad a lo más lúgubre de la existencia. Sin embargo, el personaje del médico, extrañamente entrometido en la vida de su paciente, otorga unas secuencias musicales, presuntamente a modo de clímax, que estancan el resultado de todo esto en los fangosos terrenos de la vergüenza ajena, restando virtudes a la construcción de las secuencias y generando un desconcierto similar al de las imágenes realizadas con animación 3D del interior del cuerpo humano, rozando el ridículo en el acto sexual auditivo más inenarrable acontecido en el cine español contemporáneo.

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Julio Médem se adentra en un canto a la vida que se esconde tras la muerte, manipulando abiertamente desde el principio, construyendo unos personajes desgraciados que se refugian en lo bello que nace sobre lo trágico, elevándose por encima del amor, los vínculos materno filiales y la amistad. Resulta una lástima pues su exceso de subrayados, tanto visuales como auditivos, que acaban por distorsionar y embrutecer a golpe de escenas dantescas y acumulación de sucesos emotivamente fuertes una historia que con un guion más comedido y un tremendismo más disimulado hubiese podido llegar a funcionar correctamente en algún momento.

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