Atlántida Film Fest 2015: Videofilia…

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Videofilia

Desvirtuando la realidad

Hacia la mitad del metraje de la arriesgada y valiente propuesta peruana Videofilia (y otros síndromes virales) del jovencísimo Juan Daniel F. Molero, se le concede una pizca de piedad al atónito y perdido espectador al desarrollar abiertamente mediante una conversación entre dos pornófilos, cual es la esencia del largometraje en el que vamos a osar adentrarnos. Visionando un video pornográfico robado, aparecen en pantalla un seguido de pixelaciones que distorsionan por completo la imagen, escondiendo su verdadero contenido y tan solo dejando entrever qué hay de real detrás de ella. Es en ese momento en el que se reflexiona abiertamente sobre esta búsqueda de la veracidad que se esconde en una pantalla, que al ser hija de los tiempos que corren, ha acabado por fusionar en una misma imagen el mundo real con el virtual.

La aproximación audiovisual de series o películas acerca de las vías que abren la contemporaneidad de Internet, nos ha dejado obras para nada desdeñables como la pionera Serial Experiments Lain (1998), la serie de animación japonesa de Ryutaro Nakamura en la que se ahonda en la búsqueda divina a través de la conexión global que se genera a través de la red. Un acercamiento más coetáneo serían los dos trabajos del miembro más aventajado de #LittleSecretFilm Pablo Maqueda, donde tanto en la celebrada Manic Pixie Dream Girl como en #RealMovie, ambas de 2013, trata de articular un relato que se vale formalmente de las imágenes que se construyen a partir de las nuevas tecnologías de la red para ofrecer una lectura que ataca abiertamente al descontrol y al caos que el poder y la maldad puede llegar a realizar mediante estos medios. Sin embargo, Videofilia (y otros síndromes virales) es una película que trasciende a lo realizado hasta el momento, huyendo de argumentos que sigan una trama que trate de absorber la atención del espectador (como por ejemplo lo hace la sorprendentemente floja en taquilla Open windows de Nacho Vigalondo), erigiéndose como un obra caóticamente libre de arte y ensayo, en la que su autor vuelca muy meditadamente un continuo de interesantísimas reflexiones sobre la perversión y la realidad que se esconde tras un filtro virtual, detrás de la pantalla de tu ordenador.

Videofilia 2

Daniel F. Molero es un hijo de Internet y, como tal, conoce suficientemente todos los recovecos que cualquier usuario estándar (random que se diría ahora) ha visitado alguna vez para alimentar la curiosidad que levanta un ocio cada vez más especializado. Ubicando en la mayoría de ocasiones en las habitaciones, el refugio personal de los que acaban por proyectar su privacidad de manera pública, siendo atacados y contagiados por el virus global de la red, observamos como un lugar que puede llegar a otorgar una diversión sin límites entre personas con gustos muy afines y que les es difícil encontrarse por otro sitio que no sea Internet, véase de manera metafórica la fiesta en la que personas disfrazadas de Son Goku, Oliver o Pikachu se sienten a gusto disfrutando de sus amistades virtuales; acaben por regalar, sin conocimiento de causa, su propia imagen (avatar en la vida real) al practicar cibersexo o ser filmadas haciendo sexo real y llegando incluso a falsear algo perturbadamente común en las redes como son las snuff movies.

Todo ello, cuenta con una narración que se vale de un montaje y un tratamiento de la imagen que, entre otras cosas, nos ha ofrecido la manera más real hasta el momento de representar una conversación de chat en el que se intercambian links que redireccionan a diferentes sistemas de video. Este filme ya brillaría de limitarse simplemente en la mera reflexión que juega entre los límites de lo que es la realidad y lo que no, sin embargo, como pasa con Internet, el cine se vale del poder de la imagen, y es por eso que Molero se recrea precisamente en ésta, exactamente en su desmaterialización, para mostrar visualmente una mutación muy evidente en la red pero no tanto en el lenguaje cinematográfico actual.

Videofilia 3

En última instancia, y volviendo al párrafo inicial, es interesante observar el rol que juega la superchería como elemento idiosincrásico de la cultura peruana y, como a su vez, la irrupción de Internet ha logrado contagiar (quizás esta sea una de las palabras adecuadas) el estado de fusión entre lo irreal fantasioso y lo terrenal, orquestando una convivencia irremediable entre dos estados irreconciliables cuya evolución pasa de las creencias religiosas o supersticiosas a la proyección de las verdaderas motivaciones y preocupaciones de la vida, filtradas por la pantalla de un ordenador, desvirtuando la realidad y a su vez volviéndola una realidad virtual. Todo muy difuso.

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