Filmadrid 2015: Crónica 1

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Cavalo dinheiro

Cine de autor en la capital

La bochornosa tarde del viernes 5 de junio, en apariencia una de tantas que aguardan en el horizonte del estío madrileño, trajo consigo el arranque de la primera edición de Filmadrid, un certamen que nace con la vocación de acercar a la capital toda una miscelánea de cine de autor que carece de otras vías de acceso por parte de la cinefilia madrileña. Encontrar el Cine Doré abarrotado de fieles y curiosos para asomarse a una obra tan importante como Cavalo Dinheiro de Pedro Costa, que permanecía inédita en la ciudad tras su ya largo periplo por festivales, supuso sin duda un buen augurio de cara a lo que serán nueve días de proyecciones repartidas en un total de cinco sedes. El director portugués, que al lado del crítico y programador Javier H. Estrada mantuvo un prolongado diálogo con el público al finalizar la sesión, presentó una película en cuya propia naturaleza críptica e insondable reside también la mayor parte de su atractivo para los poco iniciados, atrapados por el influjo de un atemporal escenario onírico de inquietante cadencia y abrumador rigor formal.

Centrándonos ya en la Competición Oficial Internacional de Filmadrid, comenzamos con dos películas que de manera muy distinta abordan la realidad a través de la mirada de quienes la perciben bajo un punto de vista absolutamente ajeno a ella; la mirada de quienes miran sin ver y de quienes directamente prefieren no mirar.

Belluscone. Una storia siciliana

Belluscone. Una storia siciliana

Entre varias capas de docurealidad, alguna falseada, se mueve Belluscone. Una storia siciliana. La externa simula la búsqueda por parte del crítico Tatti Sanguineti de las causas que han llevado a Franco Maresco a dejar su película sobre Berlusconi inacabada, y a sumirle en una depresión tan aguda que ha optado por desaparecer de la faz de la tierra. Bajo ésta, los distintos frentes por los que Maresco discurre para encontrar la explicación a los vínculos tan fuertes que existen entre Berlusconi y la sociedad siciliana, a través de las fiestas populares y de cómo el mundo de la canción melódica tiene un papel mucho más importante del que pueda parecer a primera vista en cuanto a las relaciones de la población con la mafia.

Maresco descubre en el mundillo musical a un personaje que acabará siendo el perfecto arquetipo del pueblo que teme hablar por miedo a las represalias. El blanco y negro acompaña a todas y cada una de las apariciones en pantalla del empresario Ciccio Mira, enfatizando tal vez la negativa constante de éste a exponer unas opiniones claras sobre la relación de la mafia con la política italiana. Sin embargo, las divagaciones de Mira ante las preguntas incómodas de Maresco parecen contagiar al camino que termina recorriendo la película, en la que ese amasijo de frentes paralelos entorpece su avance discursivo. Tras una primera parte brillante en la que la concepción de la cultura musical de los cantantes neomelódicos, las políticas de Berlusconi y la ideología de los habitantes de Palermo encajan como piezas de un puzzle para situarnos, mediante la puesta en evidencia de la ignorancia de los entrevistados de una manera a veces relativamente cruel, en el contexto de una comunidad cuyo poder emana y se nutre de un miedo que se acaba convirtiendo en fanatismo político, la cinta va decayendo a medida que avanza. Hacia la mitad del metraje, el montaje se vuelve caótico intercalando los distintos saltos temporales para contar la historia del ascenso de Berlusconi y de los clanes mafiosos sicilianos con más entrevistas y con una historia de rivalidad entre los cantantes, de manera que acaba por ser un conglomerado de cuestiones que no parecen llevar a ninguno de los objetivos marcados al comienzo del film. Si bien no deja de ser interesante cómo, a través de la sátira, Maresco define el paisaje cultural de la sociedad siciliana y su evidente tendencia a apoyar sin fisuras a un político de las características de Berlusconi, Belluscone. Una storia siciliana se pierde a la hora de querer indagar en los orígenes de la mafia siciliana cuando con su primer planteamiento le bastaba para acercarnos a la realidad de una región marcada por la violencia.

El complejo de dinero

El complejo de dinero

La solemnidad de la estupidez humana es lo que retrata El complejo de dinero, una historia atemporal para una película un tanto difícil de clasificar. Juan Rodrigáñez adapta libremente la novela homónima de Franziska von Reventlow, publicada en 1916, que planteaba una feroz crítica contra la burguesía de la época a través de los internos de un manicomio. Rodrigáñez traslada la acción a una finca rural extremeña en la que en lugar de pacientes conviven familiares y amigos del hacendado. Personas de distintas generaciones y procedencias que comparten la ceguera voluntaria ante la situación económica actual, a pesar de estar pendientes de recibir un dinero que un trabajador de la finca, interpretado por el director, ha ido a conseguir a Alemania. La burguesía que retrataba Von Reventlow a principios del siglo XX tiene su equivalente en unos personajes que viven inmersos en un tedio ocupacional, sin trabajo, sin una aparente preocupación más allá de ver pasar los días con una vitalidad inusitada. La libertad de adaptación del texto se extiende a la acción de sus personajes – el propio Rodrigáñez admitía que su película no dispone de un guión al uso – pero a la que se le une sin embargo una puesta en escena calculada al milímetro dentro de la cual se van sucediendo diálogos que denotan el grado de idiotez de aquellos. La belleza de los planos con los que el director dibuja un escenario casi irreal, y el exquisito uso que hace de la música diegética, chocan sin embargo con las, a veces, demasiado impostadas situaciones en las que se mueven los protagonistas, y que hacen que la película no termine de fluir como debería.

Por Sergio de Benito y Mª Carmen Fúnez Galán

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