Entrevistas: Anna Muylaert

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Entrevista con la directora de Una segunda madre.

Una película de mujeres con mujeres como protagonistas nos llega esta semana a las carteleras españolas desde Brasil. Una segunda madre es la cuarta película de Anna Muylaert, una mujer que aboga por dar a conocer una diferencia de clases abismal que todavía hoy sigue existiendo en su país. Para presentar su película, Muylaert ha pasado por Madrid estos días y hemos podido charlar con ella en una entrevista conjunta con Daniel Lobato de La noche americana.

– ¿Cómo surge el proyecto de hacer una película de una historia como esta? 

Anna Muylaert: Hace 20 años, coincidiendo con la vuelta a la primera línea del cine brasileño, nació mi primer hijo y yo dejé de trabajar para cuidarle. En aquel momento empecé a pensar en mi primer largometraje y surgió ahí todo el tema de la educación. Yo sentía la llamada de la maternidad y veía el trabajo de educar a mi hijo como algo sagrado, pero a mi alrededor todo el mundo tenía una niñera que es algo intrínseco a la cultura brasileña. Entonces surgió esa cuestión, la de la educación por un lado y todo lo relacionado con el tema de las niñeras, es decir, muchas cuestiones sociales juntas. Comencé entonces este trabajo hace 20 años pero en aquel momento no podía hacerlo porque era algo muy complejo, pero considero que es mi primer trabajo aunque haya sido el cuarto.

– Quería que me hablara de la diferencia de clases que aparece en la película, que cuando aparece el personaje de Jessica aún más patente ¿Es algo que se ve en la actualidad en Brasil?

A. M.: Sí, hay mucha diferencia de clases como en muchos otros países, pero en Brasil hay un agujero muy grande en cuanto se refiere a la educación, hay muy poca gente que tenga acceso a una educación superior. Dentro de la casa hay unas reglas no escritas pero que se siguen porque cada uno sabe cuál es su lugar, y cuando Jessica llega a la casa no conoce esas reglas. No es que quiera romper esas reglas sino que llega totalmente inocente y las rompe porque no las conoce, y ahí es cuando lo desestabiliza todo.

Una segunda madre

Una segunda madre

– Es muy interesante el tratamiento que se hace de la relación entre la familia y la niñera, ¿se ha documentado de primera mano con niñeras internas o conoce casos similares al que se muestra en la película?

A. M.: Las dos cosas. Las niñeras son algo muy común en todo Brasil, en mi casa la hubo y estuvo 30 años viviendo en casa. También hice entrevistas y contratamos a una persona para que hiciera una investigación más profunda, pero al final nos basamos en la historia de Edna, la mujer que trabajó en mi casa, porque la conozco, es mi amiga. En su caso, su madre la dejó en Bahía a los 3 años y volvió a por ella a los 16. Ella quería ser peluquera pero acabó siendo niñera y dejaba a sus propios hijos con un vecino, así que por un lado fue esa base y por otro lado al final quise salir del cliché de ese destino al que están todas las niñeras abocadas y de ahí surgió el papel de Jessica. Tardé mucho en definir el papel de Jessica porque no quería un final feliz pero tampoco uno infeliz, no sabía muy bien qué hacer. Me encerré en casa y le estuve dando vueltas al final y entonces la directora de fotografía Bárbara Álvarez me dejó un libro de Julio Cortázar, Casa tomada, que es un cuento en el que se van cerrando puertas y los habitantes tienen que ir saliendo de la casa. Fue esa estructura la que seguí, Jessica va entrando en la casa, llega hasta la piscina y luego vuelve, se le van cerrando puertas. De hecho el primer título que tenía en mente para la película era La puerta de la cocina.

– Hay un aspecto que me ha llamado la atención y es que, mientras la normalidad está en la casa, utiliza muchos planos fijos pero en el momento en el que llega Jessica la cámara se va moviendo cada vez más. Entiendo que es precisamente para reflejar esa desestabilización de la que hablaba antes.

A. M.: Hay pocos movimientos de cámara, la verdad. Val siempre está en la cocina y lo ve todo desde ahí, es todo mucho más rígido. Cuando llega Jessica ya la cámara se traslada al salón y a otros sitios de la casa, sí.

– También me parece interesante la visión que se da de las relaciones entre las madres y los hijos, entre la dueña de la casa y su hijo no es tan fuerte como entre éste y Val, mientras que la relación de ésta con Jessica tampoco es buena.

A. M.: Es como el juego de las sillas, en el que está todo el mundo sentado en un lugar que no le corresponde, o el juego de café que le regala Val a su jefa en el que las tazas negras van en los platos blancos y viceversa. Nadie cuida a quien debería y cuando llega Jessica todo parece que se vuelve a recolocar. En la película además la heroína es a la vez la “mala” porque es la que ha abandonado a su hija. Bárbara al fin y al cabo vive en su casa con su hijo aunque no se ocupe de él tanto como Val. Cuidar a los hijos no siempre es fácil.

Una segunda madre

Una segunda madre

– Es curiosa también la relación que se crea entre el dueño de la casa y Jessica, ¿cuál era la intención al introducir esta relación?

A. M.: Mi interpretación es que el marido de Bárbara es una persona deprimida, sin rumbo y de repente llega un soplo de aire fresco, de vida con Jessica que quiere leer y que le hace tener ganas de vivir, que le recuerda quién fue en algún momento. Él quiere subirse a ese barco de una forma un tanto descabellada, pero nadie le va a sacar de esa depresión. Lo que también se plasma es ese cliché desde que llegaron los portugueses a Brasil, en el que al final el patrón se relacione con la criada. Al ver el trailer todo el mundo pensaba que ese cliché iba a estar ahí y que Jessica iba a tener una relación con Fabinho, pero quise alejarme de eso. Quería que Jessica fuera una persona que no estuviera interesada en eso ni sexualmente, ni económicamente ni por una cuestión de posición social, sino que sólo estuviera interesada en su carrera.

– ¿Qué es lo que le falta al cine brasileño para ser más exportable? Aquí por ejemplo nos llegan muchas películas argentinas o mexicanas, pero brasileñas no llegan muchas.

A. M.: En Brasil, cuando Collor fue presidente acabó con los incentivos fiscales al cine y hubo un parón muy grande que se ha ido retomando en los últimos años. Estamos como quien dice empezando porque el nuevo gobierno los ha vuelto a implantar. Se hacen más de 100 películas al año y, aunque la calidad media sigue siendo baja, de vez en cuando sale alguna buena como por ejemplo Sonidos de barrio de Kleber Mendonça Filho, que no tuvo tanto éxito como Tropa de élite, pero sí demuestra que poco a poco van surgiendo más películas y que va subiendo el nivel. También es algo que está ligado al tema de la educación, la educación en Argentina o en España tiene un nivel medio mucho más alto que en Brasil, eso se ve en los debates que yo tengo después de las películas. Los periodistas en Brasil llegan a veces sin haber visto la película.

 

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