Críticas: Cuero y tinta

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Cuero y tinta - Cinema ad hoc

El periodismo deportivo español, a examen.

Que corren tiempos críticos para la credibilidad de la información periodística es un hecho que casi todo ciudadano, sea cual sea su relación con el gremio, tiene presente en su día a día como consumidor. Ya sea por la sumisión a los poderes económicos, la excesiva polarización del quiosco o el surgimiento de medios independientes y gratuitos que ejercen de competidores en la sombra, el papel de guardianes de la verdad que antaño se pretendía asignar a los diarios ha quedado definitivamente en entredicho. Si hablamos en particular de prensa deportiva, la más consumida e influyente en nuestro país, estas dudas se disparan: los principales actores se han convertido en bufones al servicio de un enorme espectáculo circense en el que la fidelidad a la noticia, muchas veces, acaba siendo lo de menos.

Este es el punto de partida de Cuero y tinta, un documental que nace con el propósito de escuchar la voz de los que podrían ser señalados como principales culpables del adocenamiento de la información, a los que se cuestiona respecto a asuntos como el servilismo a los clubes, la bipolarización en torno a los dos gigantes futbolísticos o, en general, las posibles negligencias que les han llevado a la crisis de prestigio que atraviesan actualmente y que también parece haber metido en un callejón de difícil salida a aquellos que desean apostar en los grandes medios por un periodismo contrario a la gigantesca ola sensacionalista.

Cuero y tinta (3) - Cinema ad hoc

Hace poco más de un año se estrenó La pantalla herida, un documental que reunió a voces muy dispares del cine español con el fin de abordar aquel manido pensamiento de la sempiterna crisis que atraviesa. Si bien sus resultados fueron un tanto inconcretos, cayendo a menudo en el amiguismo reduccionista, el loable punto de partida justificaba al menos el intento. A Cuero y tinta, segundo largometraje del granadino José Luis Sánchez Maldonado, ni siquiera se le puede reconocer esto, porque parte de una mira temática tan amplia y difusa que resulta imposible de abarcar con concreción en la escasa hora que dura el metraje.

La autocrítica se presenta como posible aliciente de unas declaraciones que, por lo general, sorprendentemente hacen gala de todo lo contrario. No es que la amplia muestra de entrevistados –entre los que, por cierto, no aparece una sola mujer– sea conocida por el denominador común de la mesura, pero muchas de las afirmaciones que se escuchan invitan a una constante frotación ocular a la que el director parece dar pábulo. Tomás Roncero asegura que su labor es más honesta que la de los cronistas que optan por esconder sus colores, Manolo Lama arremete contra posibles invitaciones a la violencia por parte de los comentaristas y Josep Pedrerol afirma que Punto Pelota es el espacio más periodístico que hay en España –no nos hemos equivocado con el nombre del programa: otro factor a resaltar es que todos los materiales parecen datar de hace al menos dos años–. El contrapunto crítico llega de la mano de voces como la de Filippo Ricci, corresponsal de La Gazzetta Dello Sport en España, que aporta la visión del extranjero ante el circo patrio, o un Rubén Uría que se limita a tachar de bufones y vendidos a todos los que no comulgan con su visión del buen periodismo, además de un abotargado Santiago Segurola. Son muy pocos los argumentos en este panorama para encontrar una tesis sólida que vaya más allá de lo que ya conocemos de antemano, por mucho que junto a los periodistas se decida otorgar voz al economista José María Gay de Liébana o al psicólogo Oliver Martínez.

Cuero y tinta (4) - Cinema ad hoc

También hay una nostálgica reivindicación de tiempos pasados mejores, que chocan con el casi nulo espacio que se otorga a la aparición de nuevos medios y discursos: se idealiza el pasado de Roncero como sosegado cronista baloncestístico o los exitosos comienzos de As como periódico deportivo plural, pero en ningún momento se cita la creciente aparición de espacios destinados a cubrir esas lagunas que ha dejado la mercantilización de las grandes empresas informativas. La caótica estructura tampoco ayuda mucho: en torno a un partido inusualmente mediático que enfrentó al Granada y el Barcelona en Los Cármenes en 2013 y a través de la figura del redactor del Ideal Rafael Lamelas, se intenta reivindicar la existencia de aquellos profesionales locales que cubren cada día al equipo de sus amores sin traspasar nunca la frontera del exhibicionismo, pero acaba por no entenderse muy bien qué pinta en un conjunto que apuesta por tocar de pasada muchos temas sin ahondar realmente en ninguno, que tan pronto cita a Balzac como a Piqué y nunca duda en escupir datos y hechos a través de rótulos aunque estos tengan una conexión mínima con lo mostrado.

Sin poner en duda la valía final de Cuero y tinta como pieza que pueda servir como preciado complemento a un debate mucho más amplio que el que aquí se aborda de manera tangencial, hacer lo que se vende como “un documental sobre el periodismo deportivo” y tener ocasión de reunir a los primeros espadas mediáticos del mismo no parece justificación suficiente para la puesta en marcha de un proyecto cinematográfico que va a verse en varias salas del país y posteriormente en plataformas de pago. Su inconsistencia y escasez de profundidad resultan difícilmente admisibles en un producto de estas características.

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