Atlántida Film Fest 2015: We come as friends

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We come as friends

Llegamos para colonizar

Una fila de hormigas camina en fila india junto a un avión juguete sobre la arena. La música marca el movimiento nervioso de los insectos, una manada que se desplaza por una franja que se expande y divide el suelo pero sin conducirles a ninguna parte. Aunque estos planos de inicio parezcan una metáfora de lo que Hubert Sauper quiere contarnos a continuación, las secuencias posteriores desmienten el uso de figuras estilísticas en un largometraje que resulta tan nítido como certero en su enfoque sobre la situación de África.

El autor -y también piloto aéreo- viaja en una pequeña avioneta, preparada por él mismo y su ayudante, para sobrevolar los territorios de Sudán, acercándonos tanto física como visualmente a un mapa surcado por ríos, bosques, desiertos, prados y campamentos. Un paisaje en el que no distinguimos más fronteras que las de los cultivos locales. Una marca territorial que podremos conocer desde que aterrizan en un pequeño poblado. Sudán es un país dividido por una guerra y un referéndum que legalizó la creación de Sudán del Sur y la separación respecto a Sudán del Norte. Una nación quebrada por los intereses extranjeros de las dos grandes potencias económicas mundiales. Por una parte, China y por la opuesta, Estados Unidos, dos países que manipulan el conflicto bélico de los sudaneses para expoliar su petróleo y riqueza mineral. Una zona de confesión cristina, otra musulmana. Toda esta explotación con el apoyo de la ONU, que tal cómo la vemos en el film no es nada más que una franquicia del estilo de vida americano. Un país en el que, por las imágenes que nos muestran al llegar Hubert Sauper y su equipo, resulta más fácil conseguir una coca cola que una botella de agua potable y comida.

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Sauper entrevista al anciano de una tribu y éste, más que responderle, comienza a narrarle un cuento demasiado verídico. “Hubo una vez una reina que trazó una línea en nuestro país y separó el norte y el sur… ¿Sabe usted que la Luna pertenece al hombre blanco?”. Esta sentencia resume a la perfección la situación de casi todo el continente africano, la cuna del mundo según los arqueólogos e historiadores.

El director escoge una narración dinámica en la que viajamos junto a él durante sus desplazamientos por distintos lugares de Sudán. Conversando con nativos, norteamericanos, chinos, misioneros, militares, empresarios, inversores y gobernantes. Ordena el caos al que se encuentra sometido aquel país para que seamos capaces de aprender algo sobre la colonización amoral que ejercemos desde el mundo más civilizado hacia el tercer mundo. Quizás en el cine no se ha visto tantas veces de una manera tan clara lo que significa ese concepto tan desgraciado del tercer mundo.

Sauper consigue que nos situemos en cada momento y cada espacio sin necesidad de usar carteles explicativos, ni voces en off que narren los antecedentes coyunturales. Él graba a sus interlocutores, selecciona sus explicaciones más enriquecedoras y no señala quiénes son los depredadores ni los condena, porque confía en la intuición y buen juicio de los espectadores.

Refleja sin maniqueísmo y con mucha certeza, el funcionamiento del sistema colonialista. Primero con una invasión amistosa. Después con la desmembración física y psicológica de una población unida. Sigue con el apoyo a la barbarie para que los expoliadores extranjeros después sean los propios salvadores del país tiranizado. En We come as friends escuchamos muchas risas, burlas y chistes desafortunados por parte de los norteamericanos, europeos y chinos que arrasan a los sudaneses, mientras que éstos observan con dignidad y sabiduría la vida que les toca. Miran a sus invasores con la misma sensación que si vieran a seres extraterrestres inmersos en su propia ignorancia al tratar de imponer una civilización que solo puede funcionar en países deshumanizados como los del primer mundo.

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En ningún caso hay una visión maravillada ni fotogénica hacia África pero sí un punto de vista respetuoso que no oculta la pobreza ni padecimientos, pero demuestra que, a pesar de sus inconvenientes intrínsecos, es un entorno en el que también convive la belleza.

Hay tantas secuencias buenas y magistrales a lo largo de este gran documental, que solo hace falta mencionarlas levemente. La del artificiero que desentierra minas anti-personales. La de la familia de misioneros. La visita a la plataforma de extracción china. Cualquier encuentro del director con los nativos del lugar. O el escalofriante congreso de inversores que hablan de ellos mismos como seres benévolos y tocados por la bondad divina.

Hubert Sauper nos deja boquiabiertos con su nueva película, una aventura de dos horas absorbentes y apasionantes que no conseguirá solucionar la situación de Sudán. Que tampoco convencerá a las mentes cerradas que tan bien retrata. Quizás el primer film en el que las marcas comerciales que aparecen, como son Coca Cola, Land Rover, Saab, otros vehículos y multinacionales, e incluso la ONU, pagarían por desaparecer de sus imágenes. Un documental en el que los cameos de personajes mundiales famosos como George Clooney, Hillary Clinton y algún millonario, son involuntarios y sospechosos.

We come as friends es una película que muchos poderosos desearían enterrar en un campo lleno de explosivos como los que aparece en algún momento de su metraje. Por fortuna es un film que sí existe, que nos informa sobre hechos que ningún medio masivo quiere tratar. Un documento que podemos revisar o bien olvidarlo y seguir manteniéndonos con los ojos cerrados acerca de lo que sucede en nuestro mismo planeta.

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