Atlántida Film Fest 2015: Bird People

Escrito por

Twitter icon

birdpeople2

Aprendiendo a volar.

Casi como si del díptico documental rodado en la estación del Norte de París por Claire Simon se tratara, hablamos como no de Gare du Nord y de Human Geography, Bird People comienza con el amplio crisol de personas que circulan cada día por una estación de tren. Situando la cámara desde arriba, Pascale Ferran se va acercando poco a poco a esa multitud hasta adentrarse en los pensamientos y conversaciones de cada persona con las que se va encontrando en los vagones. Las voces internas se paran cuando se detiene en una joven que abandona la cuenta mental que está realizando para detenerse a observar a un gorrión que la mira desde el otro lado de la ventana. Mientras tanto, un ejecutivo norteamericano llega a París en avión. No se escuchan sus pensamientos, nada parece perturbarle ni distraerle del trabajo que ha ido a realizar.

Los caminos de Audrey y de Gary convergen en un mismo espacio al que cada uno entra por una puerta distinta.

La historia de Gary y la de Audrey son un minúsculo punto en el mapa de soledades que es Bird People. El aislamiento y la incomunicación están siempre presentes en la película desde el prólogo en el que, salvo en contadas ocasiones, la gente del vagón de tren a la que observa la cámara de Ferran está inmersa en sus propios pensamientos o sólo se comunica con los demás a través del teléfono. Un piano automático que toca solo, unas ventanas que sólo se abren unos pocos centímetros condenando a quienes se encuentran en el interior de las habitaciones a un mínimo respiro, y el paisaje inundado de aviones despegando que se ve a través de ellas, contribuyen a esa sensación de soledad y deseos de liberación que sufren los protagonistas.

birdpeopleferran-2

Ferran cuenta la historia de dos vidas infelices que deciden liberarse de sus cadenas en un mismo momento y en un mismo lugar sin necesidad de una catarsis común, a través de recursos distintos para cada uno de ellos en lo que a primera vista puede dar la impresión de ser una película en la que podría esperarse un encuentro que condicionara las vidas de los dos protagonistas. En lugar de eso, la directora opta por dedicarle a cada uno de ellos su propio tiempo, dejando que ambos tomen sus decisiones de una manera privada, reflexiva y personal, para lo cual cuenta cada una de sus historias de manera lineal evitando en la medida de lo posible que sus vidas se crucen en el mismo instante en el que las toman.

Gary no se comunica. Necesita intérpretes para relacionarse con los ejecutivos a los que visita en París y necesita de las tecnologías para anunciar a su entorno más próximo la decisión más importante de su vida. Es tal su hermetismo que incluso Ferran se vale de un narrador omnisciente en off para explicar el cambio que se está produciendo en su interior. La decisión está tomada. No hay vuelta atrás. No hay miedo a las consecuencias ni a los enfrentamientos, aun con una de las escenas de discusión marital más dolorosas y crueles que se hayan podido ver en el cine.

Con Audrey sin embargo el cambio se convierte en fábula; los deseos de libertad terrenales de Gary tienen su correspondencia en la fantasía de la joven camarera de pisos que sueña con dejar una vida sometida a un trabajo esclavo y sin futuro y ser libre como el gorrión que la miraba en el tren. Como las decisiones de sus personajes, Ferran desconcierta y plantea entonces el giro más radical de la película convirtiendo el drama en ilusión; en la imaginación, la ensoñación o quizá la entelequia de Audrey que deriva en una segunda parte contemplativa de todo lo que podría estar a su alcance si decide volar.

bird-people

Los giros que propone Pascale Ferran no sorprenden tanto en su aspecto argumental como en cuanto al lenguaje narrativo utilizado para realizarlos, y es ahí donde reside la particularidad de Bird People. La película desorienta, sin un significado peyorativo, tanto como lo están sus protagonistas al despojarse del encorsetamiento de un drama existencial y transformarlo en un cuento fantástico y poético. La directora imprime de esta manera esa libertad que sus personajes anhelan a una cinta en la que se reflexiona sobre las nuevas formas de comunicarse, sobre la necesidad de liberarse de un sistema económico y social asfixiante, y sobre cómo a veces la propia felicidad depende de la infelicidad de los demás.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *