Documenta Madrid 2015: Crónica 3

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Tercera crónica de Documenta Madrid. De la fragilidad.

De dos películas que se complementan la una a la otra aún sin partir de un mismo punto y de otra que merece una mención aparte os hablamos en nuestra tercera crónica de Documenta Madrid. Si hay algún punto en común que se pueda aplicar a estas tres películas, podríamos decir que se trata de la fragilidad de unos mundos que llevan mucho tiempo en un estado de permanente empeño en mantenerse en una cuerda que cada vez se va aflojando más, pero cuya inconsistencia difiere en tanto en cuanto en las dos primeras la esperanza y el optimismo se mantienen a pesar de las dificultades mientras que los anhelos de paz en la tercera cada vez se asemejan más a una improbable utopía.

Decía Ana Serret al terminar la proyección de su película La fiesta de otros, que lo que quería al hacerla era poder oír la verbena tapándose los oídos, un deseo que tiene desde que era pequeña y tenía que sufrir todos los años las fiestas desde su habitación en la misma plaza del pueblo y que es lo primero que nos cuenta mediante los intertítulos con los que va explicando parte de lo que vemos en pantalla. Para conseguir este deseo, Serret acompaña a una de las orquestas que cada verano recaen en las fiestas populares de toda España, durante todo un año que comienza precisamente cuando se acaba la época estival y los integrantes deben ganarse la vida mientras preparan su siguiente gira. Al mismo tiempo que asistimos a la cotidianeidad de sus vidas, a través de flashbacks, Manolo, Pilar, Javi y el resto de miembros de la orquesta, van rememorando sus actuaciones a las que Serret despoja del sonido para concentrarse en lo que realmente le importa: la relación entre el trabajo que no se ve de estos músicos y el resultado que obtienen por parte de un público que cada vez se va haciendo más difícil de contentar. Los silencios y la precisión por el detalle son lo que hacen de La fiesta de otros un documento que va más allá del simple seguimiento de un oficio frágil y desconocido para quienes sólo se preocupan de disfrutar con ellos durante una noche al año.

La fiesta de otros

La fiesta de otros

Desde que el mundo es mundo dirige la mirada de nuevo a la España rural, a los pueblos que se van quedando sin habitantes y a las vidas de quienes se quedan para intentar conservar los últimos retazos de tradición familiar y rural antes de que se pierdan para siempre. Al igual que hacía Ana Serret, el director Günter Schwaiger rueda durante todo un año la vida en Vadocondes, un pequeño pueblo burgalés de la Ribera del Duero, mediante el seguimiento de la familia de Gonzalo, quien junto a su mujer y sus tres hijos tratan de sacar adelante sus cultivos de maíz y sus viñedos. Schwaiger es testigo del paso de las estaciones en la vida del campo, desde que la matanza se convierte en la máxima ocupación de la familia hasta que le dan el primer bocado al jamón que se ha estado curando durante todo el año. A través de sus propias palabras, vamos conociendo las preocupaciones e inquietudes de cada uno de los miembros de la misma, ya sea el estado de la cosecha que se ve mermado por los jabalíes o por las plantaciones ilegales de marihuana, la recuperación de la memoria histórica o el futuro que les espera a cada uno de sus hijos en medio de una crisis económica que se ceba con la que ya lleva acusando el mundo rural desde hace décadas. Pero también se acerca al resto de habitantes del pueblo y de sus costumbres sencillas, esa anciana de casi 104 años que camina con más energía que sus paisanos de 30, con una delicadeza y una naturalidad que sólo se consigue observando sin inmiscuirse más que para recoger los pensamientos en voz alta de sus protagonistas. La contradicción de un mundo asentado en unas tradiciones férreas desde que el mundo es mundo, pero a la vez tan frágil como lo es el hilo de seda de los gusanos que cría el hijo menor de la familia.

Desde que el mundo es mundo

Desde que el mundo es mundo

Mención aparte como decíamos al principio requiere la última película que hemos visto hoy, no solo porque su temática no tiene apenas ningún punto en común con los anteriores documentales de los que hemos hablando en esta crónica, sino porque además merecería por sí sola un amplio análisis a nivel histórico e incluso diplomático por las consecuencias que un documento de este tipo puede acarrear. Censored Voices recupera por un lado una parcela de la memoria de Israel por medio de imágenes de archivo de la Guerra de los Seis Días, de sus tropas, del ambiente pre-guerra y post-guerra en las calles, y de los reportajes que los corresponsales de guerra hicieron en su momento sobre el conflicto. Pero lo más importante del film de Mor Loushy es otra recuperación, la de una serie de cintas con conversaciones grabadas a un reducido grupo de soldados que luchó en el frente contra los árabes para conquistar la península del Sinaí, la franja de Gaza, Jerusalén, Cisjordania y los Altos del Golán. Se trata de unas grabaciones efectuadas por el autor Amos Oz que formaron parte de un libro cuyo 70% de material ha estado censurado por el gobierno israelí y que gracias a la insistencia de Loushy se pueden escuchar sin ningún tipo de veto en su película. Lo que se escucha en ellas es el testimonio de unos soldados que volvieron a casa sin el sentimiento de victoria que se vivía a nivel político y que se trataba de expandir a los ciudadanos, de unas personas que se cuestionaron la pertinencia de matar por unas piedras (en alusión al muro de las lamentaciones), de conquistar territorios que históricamente no les pertenecían y de acabar con vidas humanas por el mero hecho de entender la religión de forma distinta a la suya.

Censored Voices

Censored Voices

Unas sensaciones que les hacían plantearse si su país no estaba repitiendo algunos patrones que ellos mismos sufrieron a manos de los nazis y que, obviamente, los dirigentes de Israel y sus aliados norteamericanos no estaban dispuestos a plantearse. Interrogantes que casi 50 años después sus protagonistas continúan haciéndose. Si bien no estamos con Censored Voices ante un documental arriesgado a nivel cinematográfico, sí lo es en cuanto a su contenido con el que da voz a cuestiones éticas y morales que no tienen cabida en un mundo que se encuentra permanentemente en guerra y que hoy siguen teniendo la misma importancia que en 1967. De momento la mejor película que hemos visto en la sección oficial de Documenta Madrid 2015.

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